Después de haber caído sobre dos cómics que retoman la historia de Frankenstein, o el moderno prometeo, y de haber leído en la sección de cine dos artículos, uno sobre el Drácula de Coppola, y otro sobre las críticas a adaptaciones cinematográficas, creo que es normal que me haya surgido esta reflexión.
Como no me veo dando consejos en algo que no controlo ni medianamente, y como tampoco tengo la esperanza de dar con las claves para conseguir el cómic perfecto, me voy a contentar con señalar cinco puntos que me tocan las narices cuando afloran en un cómic. Son las cabezas de mi particular bestia negra.
Comentario sobre la esencia diferencial de los cómics de aventuras que denominamos batalleros con los de más “calado” según la idea peregrina que me ha surgido estos días
Que nadie se asuste: no quiero decir que existan realmente, sino que se han enmarcado dentro de la ciencia ficción, no de la fantasía pura y dura, lo cual es una notable diferencia. Divaguemos un poco sobre el por qué.
Algunos guionistas se tomaron el título de la serie “Conan el bárbaro” por donde no era. Es hora del escarnio público, de poner en la picota sus malas artes para que nadie quiera emularles y seguir su oscuro camino...