A veces uno se encuentra con un cómic que te hace entender por qué los años treinta – cuarenta se consideran una época dorada para las tiras dominicales.
El diablo... un personaje tan sugerente tenía que dejar una honda impronta en el mundo del cómic. Y ésa es la que rescato ahora de mi memoria, la que sus caprichos han hecho quedar como la más vívida en mi imaginario.