El Demonio Rojo(2)


Relatos de Fantasía

24-05-2003 18:57
Por: Gandalf_Mithrandir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/296801/

La madre de Lance pide desde su lecho de muerte que su hije vengue a su pueblo y a Lux. Para conseguirlo deberá entrenar en el Templo de Seth


techLa madre de Lance pide desde su lecho muerte que hije vengue a pueblo y Lux. Para conseguirlo d
terror, corrían de una lado para el otro. No tenían arqueros ni catapultas para vencer a un ser volador. La situación era desesperada. Sólo un milagro podría salvarles, milagro que no se produciría.
Cuando Lance y Kara llegaron al pueblo, todo había quedado arrasado. Pocas casa quedaban todavía en pie y, las que quedaban, estaban seriamente dañadas. La casa de Lance fue una de las más afortunadas y, en la puerta, vio a su madre. A sus pies estaba el cuerpo sin vida de Lux. Enisha llamó tristemente a su hijo, pero el muchacho no podía apartar la vista del cadáver.

-¡Padre! -aulló de dolor-, ¡no!

El padre de Kara, Elric, llegó a la casa de Lance y dijo, gruñendo:

-¡Si no fuéramos a esa maldita batalla, esto nunca habría sucedido!
-¡Había que ir! -gritó Enisha- ¡Había que luchar por la libertad de Goelia y de Nortia!
-Tú dirás lo que quieras -dijo el padre de Kara-, pero yo me voy de este pueblo, como todos están haciendo.
-¡No! -aulló la madre de Lance-. ¡Hay que defender lo que es nuestro!
-Tú haz lo que quieras -dijo Elric-, pero yo me voy. Cogeré a mi hija y me iré de aquí.
-Papá -dijo Kara agarrando la mano derecha de su padre-, yo no me quiero ir. Yo quiero estar con Lance.
-Pero, ¿qué dices? -exclamó Elric con un gruñido-, ¡vámonos ahora mismo de aquí!

El hombre se llevó a rastras a su hija, quien alargó una mano hacia Lance, que intentó agarrarla. Al ver cómo se alejaban, el muchacho se echó a llorar y maldijo mil veces el nombre de Zork.

-No temas -le dijo su madre apoyando una mano sobre el hombro de su hijo-, tal vez la vuelvas a ver algún día.

Lance se lanzó a los brazos de Enisha y siguió sollozando desconsoladamente. Las últimas llamas que todavía se veían en el pueblo se fueron extinguiendo paulatinamente hasta que la oscuridad de la noche los envolvió a ambos.


Capítulo 2: El Templo de Seth
Habían pasado diez años desde el horrible incidente de Goelia, y sólo Lance y su madre se quedaron en el pueblo. Con el transcurso del tiempo, Enisha había contraído una extraña enfermedad que aceleraba su ciclo vital. Una mañana, cuando la mujer ya estaba muy mal, llamó a su hijo para decirle algo de gran importancia. Lance entró en la habitación de su madre y le preguntó qué ocurría.

-Lance -dijo Enisha débilmente-, hijo mío, me muero. Noto que ya no voy a durar mucho más.
-No digas eso -dijo Lance, asustado-, verás cómo te repones.
-Eso no va a ocurrir, y tú lo sabes. Quiero que tengas esto.

Enisha se incorporó con dificultad y agarró con la escasa fuerza que le quedaba el colgante que llevaba al cuello. Era una preciosa moneda de oro enganchada por una larga cadena de plata. Haciendo un esfuerzo, la mujer le tendió el colgante a su hijo, que lo recogió, atónito.

-Pero, ¡es tu talismán de la suerte! -exclamó Lance.
-Yo ya no lo necesitaré más -dijo su madre-. Ahora quiero que cojas la espada de tu padre, que busque al Demonio Rojo y que lo mates. Ésa será nuestra venganza y la liberación de Nortia.
-Pero, ¡no crea que pueda con él! -protestó el joven.
-Dirígete al norte -replicó Enisha-. Allí hay un templo dedicado al dios del Orden Seth, donde te podrán entrenar e instruir en sus enseñanzas.
-De acuerdo -respondió Lance, tras unos momentos de silencio y reflexión-, lo haré, lo haré por ti, mamá.
-Cuento contigo -dijo su madre, y murió.

Lance cerró los ojos con tristeza, pero no lloró. Su madre no querría verle llorando, así que, sin más, el joven fue a buscar la espada de su padre. Cuando la hubo encontrado, se preparó para el inminente viaje. Entonces se puso al cuello el colgante y sostuvo el cuerpo inerte de Enisha. La enterró junto a la tumba de su padre. Se quedó arrodillado unos instantes y rezó, rezó a Seth. Cuando acabó, el joven se colgó una gran mochila a la espalda y partió hacia el norte.
Lance caminó durante varios días sin descanso sólo se paraba para comer y para dormir. En cuanto a comer, no siempre conseguía hacerlo. Hacía dos días que se le había agotado la última reserva de comida y por esos parajes la caza escaseaba. Durante todo ese tiempo, tenía la sensación de ser seguido. En el desierto de Kalagui, días más tarde, también notó una presencia que lo iba siguiendo. Lo cierto era que Eric, habitante de Goelia y cuyo padre había muerto en la batalla contra Zork, estaba persiguiendo al joven con la firme intención de vengarse. Si no lo había atacado aún, era porque tenía curiosidad por saber a dónde se dirigía el muchacho.
Y al fin llegó el día en que Lance, exhausto y hambriento, divisó en el horizonte el Templo de Seth. Esbozó una débil sonrisa, aunque esperanzada. Seguramente llegaría ese mismo día. Y así fue que, poco antes del anochecer, Lance se encontró con los dos grandes portones del santuario. El joven tiró de una cadena que había junto a los portones y, en algún lugar detrás de los gruesos muros, le llegó el sonido de una gran campana. Lance no había esperado mucho tiempo cuando los portones se abrieron hacia fuera con un sonido chirriante.

-¿Quién va? -preguntó un hombre de aspecto malhumorado. Llevaba un uniforme azulado y una cinta en la frente, además de un peinado de lo más estrafalario. El pelo se erguía hacia arriba en una posición fija.
-¡Qué corte de pelo más ridículo! -exclamó Lance, entre risas.
-Menos burlas y dime qué quieres -gruñó el vigilante.
-Me gustaría ingresar en el templo -respondió Lance, intentando reír.
-Vaya -exclamó el guardián, más animado. La gracia que sentía suavizaba los duros rasgos de su rostro-, ahora me toca reír a mí.
-¿Eh? ¿Por qué?
-Porque tú también tendrás que llevar este peinado -contestó el vigilante, sonriendo-, es obligatorio para sus miembros, menos para el gran Maestro, por supuesto.

Lance miró malhumorado al guardián, que se había echado a reír, y entró en el templo. Poco tiempo después, llegó Eric. Al ver lo sucedido, el hombre decidió inscribirse también, sin importarle lo más mínimo el ridículo peinado que tendría que llevar el resto de su vida. Lo único que le interesaba era matar a lance y vengar a su padre. Aunque Lux había muerto, aún quedaba su semilla, con lo que Eric se tendría que encargar de acabar con ella.
El interior del templo era impresionante. Lance fue llevado por un largísimo pasillo lleno de cuadros y estatuas de Seth. El hombre admiró la belleza y calidad con que estaban hechos cada uno de ellos. Después, el guía abrió una portezuela y llegaron a un bello jardín con flores de todo tipo y enormes árboles. En el medio había una fuente con una espectacular estatua de Seth en la cima de su montaña en el medio. En las aguas de la fuente se veían múltiples clases de peces de colores. Entraron en un nuevo edificio y subieron unas escaleras de caracol. Allí, el guía le enseñó su cuarto. Lance se quedó un tanto defraudado. Tan sólo contaba con una cama, una mesa y un ventanuco. El guía le dijo que era todo lo que necesitaba, ya que pasaría todo el día estudiando y entrenando. Entonces salieron del edificio y entraron en otro, donde se encontraba el peluquero. Allí, un hombre alto y con un delantal blanco saludó al guía.

-¿Traes a un chico nuevo, Thirin? -preguntó el hombre.
-Sí, viene a hacerse un arreglo con esto -respondió el guía, agarrando el largo cabello de Lance-, ¿podrás hacer algo con estas guedejas?
-Por supuesto -exclamó el peluquero-, ¿acaso he fallado alguna vez?
-De acuerdo -dijo Thirin-, lo dejo en tus manos. Déjamelo bien guapo, ¿eh?

El peluquero se puso manos a la obra con una velocidad asombrosa y, en cinco minutos, había terminado. Le dieron una cinta que se enroscó a la frente y ya estaba listo.

-Está muy guapo, ¿no? -gruñó el peluquero.
-¡Oh, sí! -exclamó Thirin-. ¡Oh, por favor, cásese conmigo!

Los dos estallaron en carcajadas, mientras Lance maldecía entre dientes, avergonzado. Se sentía ridículo con ese peinado, pero lo peor era que tendría que llevarlo por el resto de sus días. Y esos dos tipos se reían de él, porque no hesitaban ir con esos pelos. Ellos sólo trabajaban allí.
Al día siguiente, todos los miembros del templo fueron congregados en la sala principal. Era una enorme habitación con preciosas paredes de oro con representaciones de guerreros luchando. En el fondo de la sala había un altísimo púlpito, donde se instalaba el Maestro Fujishoto, el líder del templo. Era un anciano de edad incalculable, pero se rumoreaba que tenía diez mil años. Tenía unas interminables barbas y una larga coleta encanecida. Estaba mirando a todos con sus cansados ojos grises cuando, de repente, habló.

-Bienvenidos a los nuevos -dijo con voz ronca-. Para quienes no lo sepáis, a esta hora me gusta comprobar el nivel de los recién llegados, organizando combates entre ellos. Después mediré las fuerzas de uno de vosotros con alguno de los veteranos del templo.



techLa madre de Lance pide desde su lecho muerte que hije vengue a pueblo y Lux. Para conseguirlo d
Lance estaba al lado de un tipo alto y robusto, sin saber que Eric estaba justo detrás de él, lanzándole miradas de odio. Lance miró al tipo alto y, cuando el otro le devolvió la mirada, apartó rápidamente los ojos. Era un hombre rubio y de ojos azules, con un uniforme rojo que carecía de mangas, dejando ver sus musculosos brazos. A pesar de llevar el mismo peinado que Lance, su cara no era en absoluto ridícula. Tenía una mirada seria y severa, y no parecía tener miedo en nada.

-Veamos -prosiguió Fujishoto-, que empiecen a combatir Gars y, er…, ¡Lance!

Lance dio un respingo y se adelantó un poco. Al ver a su adversario avanzar, caminó con más confianza. Ambos subieron a una especie de tatami circular de arena y se hicieron una reverencia. Lance desenvainó su espada y observó a Gars, que portaba una larga cadena terminada en una bola con pinchos. En cuanto sonó el ¡Gong!, Gars se lanzó al ataque, desplegando su arma contra Lance. Éste, con un ágil movimiento, hizo que la cadena se enroscara en su espada y tiró de ella. Gars salió disparado en dirección a Lance, y el joven lo remató con un puñetazo. Hubo murmullos de admiración en la sala y le Maestro le dio su enhorabuena, porque había demostrado su destreza, aunque no era suficiente para derrotar a los guerreros más veteranos del templo. Eric lo miró impresionado, pero para sus adentros se decía que no era para tanto, que lo haría cualquiera.
Cuando llegó a su sitio, Lance observó que el tipo alto y robusto le observaba. Lance le devolvió la mirada y el hombre sonrió, diciéndole:

-Veo que eres muy hábil con la espada, creo que serás un gran guerrero.
-Gracias -respondió Lance-, aprendí mucho en mi casa, con mi padre.
-¿De dónde eres? -preguntó el tipo alto.
-De Goelia , ¿y tú?

Al oír el nombre del pueblo, el tipo se quedó pensativo, y luego dijo:

-Ya sé lo que pasó en Goelia , lo siento mucho. ¿A dónde te mudaste después del ataque?
-No me mudé -respondió Lance-. Yo y mi madre fuimos los únicos que se quedaron en el pueblo tras la masacre.
-¿No me digas? -exclamó el hombre-. Si te interesa saberlo, yo soy de Itory, al oeste de aquí.

Lance y el tipo siguieron hablando mientras el Maestro organizaba combates y, llegado un momento, dijo:

-Ahora me gustaría probar las habilidades de un novato contra un veterano. ¡Que suban al tatami el principiante Eric y el veterano Lot!

Eric se adelantó, pasando por delante de Lance, quien al fin cayó en la cuenta de quién era. Lo recordaba como un niño de su pueblo que, después de la batalla contra Zork, empezó a mirarlo mal. En ese instante, también le lanzó una mirada asesina. Entonces, el tipo alto sonrió y le dijo a Lance.

-Creo que es mi turno.
-¿Tú eres Lot, el veterano? -exclamó Lance.

El hombre asintió y sonrió.
Eric, sonriendo maliciosamente, subió al tatami y esperó a Lot, que portaba la misma arma que Gars, esa cadena larga terminada en una esfera de hierro con pinchos. El hombre se arrodilló, cerró los ojos y alargó la cadena de su arma con las dos manos. En cuanto sonó el “Gong”, Eric desenfundó su espada y se lanzó hacia su oponente. Alzó la tizona y descargó un potente golpe pero, en el precioso momento que la hoja golpeaba la cadena del arma de Lot, se produjo un fuerte destello y una gran energía recorrió el cuerpo de Eric, lanzándolo hacia atrás, sin sentido. Lance miraba boquiabierto la escena. Nunca había visto nada igual. Lot bajó del tatami y se acercó a Lance.

-¡Eso ha sido increíble! -exclamó el joven-, ¿cómo lo has hecho?
-No es nada del otro mundo -dijo Lot-, ya aprenderás a hacerlo. Sólo tienes que acumular la energía de tu cuerpo en tu arma.

Después de las pruebas, el Maestro Fujishoto mandó a todos los presentes ir a la sala de entrenamiento. Las prácticas iban a comenzar.
Lance llegó junto a sus compañeros a un enorme gimnasio, repleto de magníficos aparatos para entrenar. Hasta el lugar también fueron Lot y Eric. Lot fue directamente hacia una de las máquinas y empezó a ejercitarse. El Maestro dio a cada principiante una hoja de ejercicios provisional, para los primeros días. Según el papel, esos días tendrían que ejercitar el cuerpo y el alma, haciendo actividades de pesas y agilidad, para luego ser instruidos en las enseñanzas del dios Seth. Estos días pasaron con rapidez, para luego pasar a cosas más serias. Empezaron a instruirles en las técnicas de combate del templo, mientras seguían estudiando la disciplina que les impartían los profesores.
Lance pasó dos años de duro entrenamiento en el Templo de Seth, y consideraba que ya estaba listo para abandonar el lugar y buscar el lugar donde se encontraba el Demonio Rojo. Así lo expuso ante Fujishoto, quien escuchó al joven respetuosamente, y luego le dijo con voz ronca:

-Si crees que estás preparado, tendremos que hacerte una prueba, un combate.
-¿Tendré que luchar con algún novato? -preguntó Lance, recordando el primer día de su estancia en el templo.
-No -respondió el Maestro-, creo que tendrás que luchar contra otro veterano. Lot, por ejemplo.
-¿Por qué no yo? -gruñó Eric desde la puerta de la sala. Ese día, el guerrero había seguido a Lance, preguntándose a dónde iba en lugar de estar en la sala de entrenamientos, puntual como todo el mundi.
-He dicho Lot -dijo Fujishoto con voz de reproche-, y si desafías mi autoridad, serás expulsado de inmediato del templo.
-Eso no me importa -dijo Eric-, yo sólo quiero luchar contra Lance.
-De acuerdo -repuso el Maestro-. Si vences a Lance, te permitiré continuar en el templo. Si fracasas, serás expulsado.

Eric aceptó las condiciones y sonrió con malicia. Lentamente se acercó al tatami e hizo una señal a Lance para que también se acercara. El joven hizo caso de la señal y ambos subieron al círculo de arena. Lance hizo una profunda reverencia, propia del templo, pero su oponente no le devolvió el saludo. Se limitó a desenvainar su espada y a sonreír. Cuando sonó el “Gong”, Eric saltó como una fiera sobre el joven, quien detuvo el ataque con la hoja de su espada. Su oponente lanzó otra serie de fieras embestidas que Lance detuvo con dificultad. Entonces se fijó en la creciente ira que se adueñaba de Eric y se alejó de él de un salto.

-Pero, ¿qué te pasa? -le preguntó Lance-, ¿qué te he hecho?
-Quiero vengarme por lo que le hizo tu padre al mío -gruñó Eric, furioso-. Por su culpa mi padre murió en la batalla contra Zork.
-Pero Eric, había que ir. No podemos permitir que el Demonio Rojo se haga con el control de Nortia.
-¡Eso no me importa! -aulló su adversario-. ¡Mi padre sigue muerto, maldito bastardo!

Eric volvió a atacar a Lance, quien se vio obligado a detener con rapidez las embestidas. El joven comprendió que su oponente no se detendría hasta darle muerte, así que fue esta vez el que atacó. Eric se sorprendió ante la destreza de Lance y saltó hacia atrás. Cuando tocó el suelo, se lanzó de nuevo hacia su adversario, y las espadas volvieron a entrechocar. Las chispas brotaban de las armas cuando se cruzaban. En cierto momento, Eric volvió a brincar hacia atrás y concentró su energía corporal en la espada. Un rayo luminoso brotó de la hoja de su arma y se disparó hacia su enemigo, pero Lance absorbió la energía con la suya. Todos los asistentes se quedaron boquiabiertos, incluidos Eric, Lot y el propio Maestro Fujishoto. La técnica de la absorción de energía sólo la dominaban los alumnos más veteranos del templo, como Lot. Lance aprendía rápido y bien. Eric apretó los dientes con furia y corrió hacia su oponente. Éste dio un salto por encima de Eric y, cuando cayó al suelo, acumuló su energía en la espada y lanzó un rayo. Antes de que Eric pudiera volverse, el rayo impactó en él y lo lanzó fuera del tatami. Había perdido. Ahora debería abandonar el templo para siempre. El hombre se incorporó, furioso, y lanzó una mirada asesina a Lance.

-¡Esto no acabó aquí! -aulló-. ¡Nos volveremos a encontrar, y entonces de mataré!

Miró furioso a la gente, que le abucheaba con gritos de “¡Fuera, fuera!”. Entonces salió corriendo y abandonó el templo. El Maestro miró al vencedor, sonriente, y dijo:

-Has demostrado tu calidad como guerrero. Aquí ya no te podemos enseñar más. Creo que estás preparado para partir.
-Me gustaría decir algo, si se me permite -dijo Lot, adelantándose de repente.
-Creo que es un viaje muy peligroso para una sola persona -afirmó Lot-. Después de todo, el Demonio Rojo es el brazo derecho del Señor de la Oscuridad. Yo me ofrezco a acompañar al joven Lance.
-Me parece bien -dijo el Maestro-, quiero decir, si Lance está de acuerdo.
-Por supuesto -dijo el joven-. Eres bienvenido, Lot.

Así fue que Lance y Lot abandonaron el Templo de Seth esa misma noche y se encaminaron rumbo al Templo de Zorbom, según consejo de Lot.

 

La rubia de hormigón
La rubia de hormigón
Precio: 10,00 €
 Imágenes
techLa madre de Lance pide desde su lecho muerte que hije vengue a pueblo y Lux. Para conseguirlo d