El tabaco puede esperar


Relatos de Ciencia Ficción

14-07-2008 14:34
Por: Solharis

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/992875/

A veces no hay que ir muy lejos para encontrar la aventura. ¿Quién sabe hasta cuándo te podría llevar el próximo cigarrillo? Relato de ciencia ficción.


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Salí a por tabaco.

Sí, ya sé que ésa no es forma de comenzar un relato tan extraordinario y singular como el mío. Pero es que yo no abandoné mi hogar pensando en transgredir las leyes del espacio-tiempo y vivir las más prodigiosas aventuras. Yo lo único que sé es que no encontraba la forma de conciliar la declaración de la renta con lo que nos iba a costar la dichosa comunión del niño y me estaba poniendo nervioso de veras. Necesitaba fumarme un pitillo cuanto antes. Hubiera querido decirle a mi esposa "te quiero" o "nos veremos en la eternidad" o cualquier otra frase memorable pero mis últimas palabras para ella fueron "Paca, que voy a por tabaco y vuelvo". Qué triste. Recuerdo que tenía una verruga pero no su cara. Han pasado veinticinco siglos desde entonces y una verruga de color café en la barbilla es lo único que me queda de ella.

Lo último que recuerdo del siglo veintiuno es el ascensor de mi casa. En algún momento entre el cuarto piso y el portal tuve la sensación de que el ascensor caía al vacío, pero no fue más que eso mismo, una sensación que no duró siquiera un segundo.



Después ya no me encontraba en un ascensor sino en una habitación que no había visto jamás. Demasiado limpia y extraña para ser el portal de mi casa, el techo entero emitía una luz bastante agradable. No había muebles, sólo puertas en las paredes desnudas. Pasando de una habitación a otra, llegué a una sala realmente gigantesca. Pero lo que me impresionó de veras fueron sus inquilinos. ¡Qué sorpresa la mía al encontrarme ante centenares de hóplitas griegos con cascos y armaduras de bronce! La mayoría descansaban tumbados o sentados sobre sus capas rojas. Algunos formaban corros y charlaban muy animadamente. Los pocos que se inmutaron por mi presencia se limitaron a echarme un vistazo rápido. Sin entender absolutamente nada, me acordé de aquella película de espartanos que había visto no hacía mucho, pero las sorpresas solamente habían comenzado porque no dejé de encontrar a los personajes más extraordinarios a medida que pasaba de una habitación a otra. Había más griegos antiguos pero también romanos, aristócratas de blancos peluquines, distinguidos burgueses con decimónicos bombines negros y cuantos anacrónicos personajes puedan concebirse. Recorrí la Historia desde la Antigüedad hasta al siglo XX y por un momento pensé que me encontraba en un manicomio pero, ¡caramba!, había allí vestuario para ganar un Óscar. ¿O acaso estaba muerto en el mismo cielo?

Entonces se plantó ante mí el más extraño de aquellos personajes. Digo que era el más extraño precisamente por su sencillez. Con un discreto mono azul y una pantalla portátil gris en la mano, parecía tan fuera de lugar como yo. Me miró con cara de aburrimiento.

-¿Eres tú el nuevo? -me inquirió.

Tardé en responder. Era el primero en hablarme. Su voz sonaba extraña y con cierto retardo. Luego supe que el micro que llevaba a la altura de la boca y sujeto al cuello por un collar traducía sus palabras.

-Supongo que sí. ¿Pero dónde estoy?

-De eso hablaremos luego. ¿Así que tú eres Francisco de Goya?

-¿Quién? ¿El pintor? No, yo sólo soy Manuel López.

Dejó de prestar más atención al texto de su pantalla para mirarme muy atentamente con sus ojos claros.

-¿Cómo? ¿No vienes de Madrid, año 1808?

-Pues no. Sí vengo de Madrid pero del año 2007.

Reconocí en su pantalla la imagen de un autorretrato del genial pintor aragonés. No tuvo que compararlo mucho con mi cara para darse cuenta de que no había el menor parecido.

-¡Maldita sea! Sígueme. ¡Cagüen todo..!

Apretó un botón del collar para que dejara de traducir sus palabras pero podía imaginarme muy bien lo que decía por el tono de voz...

Atravesamos distintas habitaciones y por fin llegamos a una diferente a las demás, pues en ésta había ordenadores. ¡Menuda discusión se organizó entonces entre él y los que eran sus compañeros! Yo no podía entender sus palabras pero mi jefe me había echado demasiadas broncas en la oficina para que no supiera lo que era comerse un buen marrón.

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Por fin se dignó a dirigirse a mí.

-Tú no deberías estar aquí. ¿Qué hacemos ahora contigo?

-Pero, ¿toda esta gente ha sido traída hasta aquí a través del tiempo? -pregunté yo, empezando a adivinar la increíble verdad.

-¡Oh, qué inteligente! ¡Por fin se ha dado cuenta!

Me sentó mal su sarcasmo. Caray, era la primera vez que viajaba en el tiempo. No estaba acostumbrado.

-No lo entiendo. ¿Para qué?

Se encogió de hombros.

-Así ha sido siempre. A la gente le gusta coleccionar cosas. Coleccionan monedas, sellos, cuadros, lo que sea. Y, piensa, ¿quién quiere coleccionar antigüedades o gnomos de jardín cuando puede comprarse un Napoleón o un Ramsés? Sí, yo también creo que hay que ser un friki para comprar a Leónidas con sus trescientos espartanos pero ya sabes cómo es la gente que tiene pasta.

Yo asentí como si comprendiera, pero estaba pasmado.

-Pero... no es posible traer personajes del pasado. Eso significaría alterar el curso de la Historia. Yo, bueno, he visto películas...

-Ya me imagino qué tipo de telefilmes has visto. No, no es posible cambiar la Historia de ese modo. Dime, ¿cuántos Napoleones han existido?

-Claro está que uno.

-No, en eso te equivocas. Napoleón existió en cada uno de los instantes transcurridos entre su nacimiento y su muerte y esos instantes son infinitos como lo son los puntos de una recta. ¿Acaso se quiebra una recta por eliminar un solo punto? Traer no uno sino miles de Napoleones no significa sino una perturbación infinitesimal.

-Entonces... -razoné, intentando asimilar una teoría tan increíble-. ¿Por qué no me enviáis de vuelta a mi tiempo?

Me miró como si hubiera dicho una estupidez.

-No entiendes nada. Traerte aquí no perturbó la Historia porque en realidad seguiste viviendo tu vida como si nada hubiera ocurrido. Tú sólo eres el resultado de desviar tu yo existente desde un instante preciso pero es casi imposible devolverte a ese mismo instante. De conseguirlo introduciríamos un yo perturbado y alteraría la línea de tu existencia. De hacerlo mal, entonces te encontrarías a tu propio yo y, en fin, supongo que habrás visto esa antigua película de "Regreso al futuro". No está permitido alterar la Historia de ese modo.

Asentí. Me sentía angustiado de veras. ¿Qué iba a ser de mí entre aquellas gentes tan extrañas que coleccionaban seres humanos? Debió notar mi angustia porque me habló más amablemente.

-Tranquilo. Tú no tienes la culpa de la torpeza de otros que mucho estudiar física cuántica para esto. Te encontraremos algún trabajo para que te ocupes ya que no podemos venderte. De momento puedes empezar a fregar el suelo.

-Creía que dispondríais de robots para eso...

-No estamos tan avanzados. Fregando que es gerundio.

La fregona que me dio no era muy distinta de las que usábamos en el siglo veintiuno pero no me desanimé por ello. Supe mientras empezaba a abrillantar el suelo que la aventura acababa de empezar.

 

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Precio: 13,50 €
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