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El Demonio Rojo (11)


Relatos de Fantasía

16-08-2004 14:46
Por: Gandalf_Mithrandir


-No podemos volver atrás, Tordo –decía uno de ellos-. El ejército de la Resistencia nos espera al Norte.

-Pues acabemos con ellos –gruñó Tordo.

-¡No podemos! –gritó el tercer troll-. Elmer está con ellos, por lo que ha dicho Fede.

-Es cierto, Hedor –dijo Fede mirando al tercer Troll-, y Elmer sirvió al rey Lood. Es un poderoso enemigo. Ha adiestrado muy bien a esos cerdos.

-Entonces, ¿qué haremos? –gruñó Tordo, colérico.

-Quedarnos aquí –respondió el primer troll-, y no salir del bosque hasta que pase el peligro. Entonces volveremos al Norte y conseguiremos más tierras para el Demonio Rojo.


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Lance miró la escena con espanto y se recostó contra un árbol cercano. Eran trolls al servicio del Demonio Rojo, entonces. Tenía que avisar a sus compañeros, y todos juntos tenían que abandonar el bosque cuanto antes.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que el árbol en el que estaba apoyado se movía. El joven guerrero se volvió y vio que no era un árbol. Tenía dos robustos brazos peludos, acabados en dos grandes manos provistas de garras. El cuerpo era musculoso, también cubierto de pelo. Dos ojos rojos le miraban desde una cabeza pequeña en comparación con el torso, pero que infundía temor. Tenía en la boca una serie de dientes afilados y cortos, pero con dos enormes colmillos que salían de su mandíbula inferior, hacia arriba. La criatura mediría unos dos metros y medio. Era un troll.
Lance saltó hacia atrás y desenvainó su espada justo cuando el troll se lanzaba sobre él con una larga daga. Los metales chocaron y saltaron chispas. Lance detuvo con dificultad las primeras embestidas del monstruo, pero pronto empezó a ganar terreno. Entonces, con un movimiento rápido, le cortó la cabeza al monstruo. El cuerpo sin vida del troll cayó al suelo, desparramando sangre negra sobre la hierba. Lance huyó del lugar para avisar a los otros.

Pero el combate había llamado la atención de los cuatro trolls, y el que parecía el jefe tomó un cuerno y sopló, brotando de él una desagradable señal de alerta. Gran número de trolls la oyeron y se acercaron, dispuestos a matar.

Lance llegó con rapidez al campamento, aunque había sido obstaculizado por las plantas y árboles del bosque. Leonel le vio y le extrañó que no trajera leña para el fuego, que estaba a punto de apagarse. Entonces, el joven guerrero despertó a todos los miembros de la compañía y les contó lo que había visto y lo que había pasado.

-Dices que sólo viste a cinco trolls –murmuró Lung-, y que además has matado a uno de ellos. No es tan grave.

-Sospecho que hay muchos más –dijo Lance-. El que me pareció que era el líder sopló un cuerno de llamada.

-¿Era eso lo que oí? –exclamó Leonel-. Creía que era sólo un búho gigante o algo por el estilo.

-¡Calla, Leonel! –gruñó Lance-. No digas tonterías.

-Esto es lo que haremos –dijo el Maestro-. Nos iremos ahora mismo. Este lugar ya no es seguro.

La compañía recogió sus cosas con rapidez y se puso en marcha inmediatamente. A cuatro trolls los podrían vencer fácilmente, pero no a cuarenta. El Maestro Lung encabezaba la marcha y guiaba a sus compañeros por oscuros caminos. Atrás podían oír los gruñidos y las pisadas de los trolls, que se acercaban con rapidez. Si no se daban prisa, acabarían por alcanzarlos. La situación era desesperada.

-¡Ahí están! –oyeron la voz de Tordo, que estaba junto a los otros tres trolls.

-¡Cogedlos! –gritó el líder e hizo sonar el cuerno.

-Dejádmelos a mí –gruñó Fede-. Me apetece carne humana.

-Y a mí de demonio –rugió Hedor mirando a Leonel con perversa maldad-. Ese de ahí tiene muy buena pinta.


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Los cuatro trolls persiguieron durante largo tiempo a la compañía, que se esforzaba por huir. Lance miraba para todos los lados, pero era incapaz de ver nada, estaba demasiado oscuro. En cambio, los trolls eran famosos por su gran vista en la oscuridad. Oyeron los jadeos de Tordo, cada vez más cerca de ellos. Era el más rápido de los cuatro trolls. Entonces, el Maestro Lung alzó una mano hacia el cielo y en él surgió un gran destello de luz amarilla. Los trolls, aterrados, retrocedieron convencidos de que era el Sol. Sólo los cuatro mantuvieron la cacería, conscientes de que el destello era producido por la magia. Tordo se acercaba más y más, relamiéndose y babeándose. Ya estaba lejos de sus tres compañeros. De repente, Lot se paró en seco, cogió su arma y hendió la cabeza del troll. El cuerpo sin vida del monstruo cayó de espaldas, muerto, y sus compañeros dieron un paso atrás, sobresaltados. Pero en seguida se lanzaron de nuevo en persecución de la compañía. Pronto, los tres trolls empezaron a ganar terreno con respecto a la compañía. De repente, Kara tropezó con la parte baja de su vestido y cayó al suelo. Lance corrió hacia ella y la ayudó a levantarse. En ese momento los alcanzó Fede y agarró por el cuello al joven guerrero, levantándolo. El troll sacó de su cinto una larga daga y se dispuso a ensartar al humano y abrirle la barriga. Pero Kara saltó detrás del monstruo y, tocándole la espalda, invocó un fuego mágico que empezó a quemarle el pelo. Fede lanzó un grito de terror y sorpresa y soltó a Lance. Fede intentó por todos los medios apagar ese fuego, mas no lo consiguió. En pocos segundos, el cuerpo del troll estaba envuelto en llamas y no tardó en caer al suelo, carbonizado. Lance y Kara se lanzaron inmediatamente a la carrera, alcanzando a la compañía. Tanto el líder de los trolls como Hedor pasaron al lado del cuerpo chamuscado de Fede sin hacerle caso. La situación era desesperada. Los trolls estaban cada vez más cerca y los miembros de la compañía estaban ya muy cansados. Al final cayeron todos exhaustos al suelo y, pese a los esfuerzos de Leonel para animarlos, no pudieron levantarse. En ese momento llegaron los dos trolls y cogieron sus dagas, dispuestos a matar. Algo asomó en el horizonte, un resplandor amarillento, pero los monstruos no hicieron caso, adjudicándolo a la magia de Lung. Empezaron a acercarse lentamente, blandiendo sus largos cuchillos. Ese había sido un error fatal, porque en ese momento asomó el Sol, convirtiendo inmediatamente a los dos monstruos en sendas estatuas de piedra. Lance observó maravillado a las dos estatuas en posición de ataque y se incorporó con dificultad. Se encontraba cansado y somnoliento. No había dormido nada aquella noche y ahora pagaba por ello. Entonces, Leonel decidió dejar descansar a sus compañeros hasta la tarde. Cuando despertaron, el demonio volvió a guiarlos y pronto dejaron los lindes del bosque. Después de caminar alrededor de una hora, se encontraron con que el camino ascendía por una colina. Lung miró hacia arriba y le pareció ver movimiento en la cima. Lobo también miró, y creyó ver una figura, probablemente humana. Su instinto le decía que allí arriba había alguien, aunque no podía discernir si ese alguien era amigo o enemigo.

-¡Vamos allá! –dijo entonces Lung.

Respondiendo a las palabras del Maestro, los demás miembros de la compañía empezaron a ascender por el camino que se dirigía directamente a la cima de la extensa colina.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   No veo la desesperación por ningún lado
16-08-2004 15:26
Una nueva entrega de esta saga en la que nos acercamos hacia el final sin pena ni gloria. La redacción sigue en su línea, aunque esta vez no consigues transmitir tanto como en otras ocasiones.

La batalla con los trolls resulta un poco absurda. Dices continuamente que la situación es desesperada, pero cada vez que se traban en combate, cae un troll sin el menor esfuerzo.

Sin embargo, se lee muy bien y no se hace pesado. Sigo echando de menos, no obstante, el humor de las primeras entregas.

   RE: No veo la desesperación por ningún lado
17-08-2004 11:10
Éste es un capítulo que escribí demasiado de prisa. En cuanto al tema del humor, ya no va a haber mucho, pero voy a aumentar las dosis humorísticas en la siguiente novela de Lance, "El Señor de la Oscuridad". Gracias por opinar, un saludo.




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