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El Demonio Rojo (12)


Relatos de Fantasía

01-09-2004 11:53
Por: Gandalf_Mithrandir

En lo alto de una colina, Lance y sus compañeros se encuentran con un viejo conocido, Elmer, ahora líder de la resistencia.

Capítulo 12: La cuadrilla de Elmer

La compañía tardó cerca de tres horas en llegar a la cima de la colina. Asombrado, el grupo comprobó que tenía una superficie enorme, desde donde estaban hasta donde alcanzaba la vista. Había otro bosque en la cumbre, aunque era mucho más agradable que el anterior. Los seis compañeros recorrieron cuidadosamente el bosque y, al no percibir signos de ningún tipo de presencia, caminaron con despreocupación. Una suave brisa les refrescaba la cara, algo quemada por la imponente fuerza cálida del Sol que irradiaba en lo alto del firmamento. Les embargaba una sensación de soledad y tranquilidad agradables.


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Después de una hora, los miembros del grupo empezaron a sentir que no estaban solos. Notaban como si cientos de ojos les estudiasen con atención. No podían evitar mirar para todos los lados. La sensación de tranquilidad que habían sufrido una hora antes se había esfumado por completo. Incluso el Maestro Lung se sentía incómodo entre la floresta, y la misma intranquilidad que sentían sus compañeros le había inundado a él también. De repente, escucharon un poderoso grito de guerra y cientos de poderosos guerreros humanos surgieron de los árboles y de los arbustos. La mayoría estaban cubiertos con mantos y harapos verdes, a la manera élfica, pero había algunos que llevaban imponentes armaduras de importantes reinos desaparecidos. Uno de aquellos hombres alzó una mano y, al momento, el resto de guerreros apuntaron a la compañía con arcos cargados con letales flechas. El líder desenvainó la enorme espada que portaba y se acercó desde la sombra de los árboles, dejando ver su rostro y la insignia del reino al que pertenecía su armadura, una llama blanca sobre un fondo negro. Era la insignia de Turán. El rostro del guerrero presentaba numerosas cicatrices, fruto de numerosas batallas, y una espesa barba marrón, del mismo color que sus largos cabellos, poblaba su mentón.

-¿Quiénes sois? -dijo el hombre con rudeza-, ¿hacia dónde os dirigís?

-Vamos al Norte -respondió Lung, impasible.

-¿Ah, sí? -dijo el hombre, estudiando con la mirada al Maestro-. ¿A qué vais? Allá al Norte sólo está el Bosque Gris, un lugar maldito, por cierto, y muy frío. Por Erioss, ni siquiera lleváis ropa de abrigo.

-Nuestros motivos son asunto nuestro -dijo Lung-. ¿Desde cuándo un Maestro debe dar explicaciones sobre sus acciones?

-¡Ah, pero eres un Maestro! -dijo el hombre, sin dejarse impresionar-. Me temo que no me lo voy a creer. Además, estáis viajando con un demonio, y eso no está nada bien. ¡Por última vez! ¿A qué vais al Bosque Gris?

-Está bien -accedió al fin Lung-, daré mis razones, pero sólo a vuestro líder.

-Eso me basta. Seréis llevados a presencia de Sir Elmer inmediatamente.

-¿Elmer? -murmuró el Maestro-, de acuerdo, está bien.

Lung se echó la capucha de su túnica sobre la cara y, junto con los otros, siguió al hombre, rodeado de guerreros. Llegaron a una zona del bosque muy densa y que parecía impenetrable, pero el guerrero de Turán encontró rápidamente una improvisada puerta y cruzaron con comodidad esa parte del bosque. Y así llegaron al otro lado de la colina, que estaba repleta de cuevas y cavernas. Estos hombres habían aprovechado las cuevas y las utilizaban como moradas, poniéndoles a la entrada una cortina a modo de puerta. Una de las cavernas estaba vigilada por dos robustos guerreros, y allí se dirigió el hombre que guiaba a la compañía. El hombre habló a los vigilantes y, antes de entrar, les dijo a Lance y compañía:

-Esperad aquí un momento. He de hablarle de vosotros a Sir Elmer. Sólo él puede autorizaros a entrar.

Dicho esto, desapareció en el interior. La compañía esperó más de media hora a que el hombre volviera a salir. El guerrero les indicó que Sir Elmer les había concedido su permiso para ir a verle. Pero, cuando los dos vigilantes vieron al demonio, se volvieron hacia su superior y le dijeron que no sabían si Sir Elmer permitiría que la criatura entrase. Entonces, el hombre se acordó del demonio y, dándose un golpe en la frente por su falta de memoria, les dijo a los miembros de la compañía que debían esperar otra vez. Entonces, volvió a internarse en la caverna. Otra media hora después, el hombre regresó y les indicó a todos, incluido Leonel, que podían pasar.

Fueron conducidos por pasillos iluminados por antorchas y con numerosas cámaras. Una de ellas era un túnel que descendía profundamente y del que brotaba una atmósfera inquietante. Lance miró en esa dirección y no pudo evitar sentir un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral. Por suerte, ese no era el camino que tenían que recorrer, puesto que siguieron otro túnel que ascendía ligeramente. Pronto llegaron ante una puerta de madera bellamente tallada. El hombre la abrió y mandó esperar un momento a la compañía. En seguida regresó y les dijo a los seis compañeros y amigos que entraran.


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En ese momento se encontraban en una cámara en la que no había nada de interés excepto una bella silla de mando ocupada por un hombre de unos cuarenta y cinco años. Tenía una espesa barba negra con briznas de pelo blanco. Parecía robusto y su cara se había curtido con las batallas que había librado. Tenía una expresión severa, pero justa. Apoyada junto a la silla había una enorme lanza de doble filo. Era Elmer. Elmer miró al hombre que había conducido a la compañía a la cámara y le dijo:

-¿Son estos los individuos que estaban en nuestro bosque, Parsh?

-Así es, Señor -respondió el susodicho.

Elmer se levantó de la silla y todos pudieron ver cuán alto era. De repente, a Lance le empezó a sonar mucho la cara de aquel hombre. El guerrero estudió uno por uno a todos los miembros del grupo, parándose especialmente en Lobo y Leonel. Después miró a Lance y se fijó en el colgante que llevaba al cuello.

-Me suena mucho ese colgante -dijo-. ¿Quiénes sois? ¡Habla!

-Soy Lance, hijo de Lux de Goelia. Éste de aquí es Lot y…

-Espera un momento -dijo Elmer, alzando una mano e interrumpiendo a Lance-. ¿Has dicho hijo de Lux de Goelia?

-Así es.

Elmer apretó los dientes con furia y miró a Lance despectivamente e incluso con repugnancia.

-¿Te crees que soy estúpido? -gruñó-. Nadie se ha salvado en Goelia y tú, canalla, te haces pasar por el hijo del que fue mi mejor amigo. Esta osadía merece la muerte, debería matarte aquí mismo.

-Pero es cierto -insistió Lance-. No todos los habitantes de Goelia perecieron. Todavía quedamos tres.

-¿De veras? -inquirió Elmer-. Y, ¿quiénes son esos privilegiados, si puede saberse?

-Pues yo -dijo el joven guerrero y, señalando a Kara, continuó-, esta chica llamada Kara y otro guerrero llamado Eric.

Elmer miró a Lance y se acarició la barba, pensativo. Un brillo de astucia iluminó sus ojos.

-De acuerdo. Y, ¿cómo os salvasteis? Cuéntame -preguntó Elmer, sin creerse una palabra de lo que le decía el joven guerrero.

-Yo fui el único que se quedó en Goelia tras el ataque, con mi madre -respondió Lance-. Zork no creía que nadie se fuera a quedar allí y por eso no volvió.

-Y ahora una pregunta crucial. ¿Cómo se salvaron los otros dos?

Lance se quedó callado, sin saber qué contestar. Por un lado, le había prometido a Kara que no contaría nada de lo que le había hablado en Herzeth y, por otro, no tenía ni idea de cómo se había salvado Eric. Elmer le miró severamente, y apunto estuvo de ordenar la ejecución de los miembros del grupo. Pero Lung, todavía escondiendo la cara tras la capucha, dio un paso adelante y se pudo delante del líder.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Un poco tarde pero yevo un tiempo perdido en mis m
16-09-2004 16:39
Es un buen capitulo en el que aportas mas historia a la saga y dificultades a nuestros heroes como a dicho akul tiene buena pinta pero pienso que podrias haber incluido algo mas de dificultad, es igual tal vez salga algo de improviso en las profundidades de la tierra.

Un saludop.

   Buena entrega aunque algo clásica
01-09-2004 12:09
Como siempre, muy bien redactada y estructurada, pero creo que podrías haber dotado de más dramatismo al reencuentro con el líder de Turán. La escena de la capucha tenía muy buena pinta.

La presentación del mal bajo la población también tiene muy buena pinta. Veamos si en la próxima entraga consigues sorprendernos. Un saludo

   RE: Buena entrega aunque algo clásica
01-09-2004 12:17
Gracias por opinar. Mañana enviaré el siguiente capítulo, así se sabrá lo que oculta el túner oscuro que temía Lance ;-)




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