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-Yo podría responder a esa pregunta -dijo-. Los padres de Kara fueron asesinados por Zork, pero afortunadamente para ella yo la encontré y la adopté como hija.
Parsh, que estaba escuchando pacientemente, montó en cólera y, entre gruñidos y refunfuños, le dijo a su señor:
-¿Va a seguir escuchando esto? ¡Todavía no sabemos quién es este individuo!
-Paz, Parsh -dijo Elmer, mirando al hombre-. Todavía no podemos condenarles. No antes de saber quiénes son, como tú bien has dicho.
-Por mi parte ?dijo Lung-, me encantaría mostrarte mi identidad.
El Maestro se destapó el rostro y se lo enseñó a Elmer, sonriente. El hombre quedó mudo por la sorpresa y la vergüenza, y tardó unos momentos en reaccionar.
-¡Maestro Lung! -balbuceó-. Yo…, lo lamento. No sabía que…
-Tranquilízate, Elmer -dijo Lung-. Sólo hiciste lo que debías.
-¿Le conoces? -dijeron a la vez Lance y Parsh, uno dirigido al Maestro y el otro a su superior.
-Sí -dijo Lung sin mirar a Lance-. Es un guerrero que luchó valientemente contra Zork y, según tengo entendido, tú también le deberías conocer.
El joven guerrero observó al Maestro fijamente, sin comprender.
-¿Yo? -logró balbucear.
-Así es -dijo Elmer-. Si eres quien dices ser, deberías reconocerme.
Lance miró durante un rato al guerrero, tratando de poder recordar algo. Lo cierto era que el hombre le sonaba mucho. Entonces encontró algo en su memoria. No se acordaba muy bien, pero recordaba algo que había pasado en Goelia cuando tenía doce años. Era el día en que su padre había partido a la batalla contra Zork. Al lado de su padre estaba…
-¡Eres tú! -exclamó de repente-. ¡Tú eras el emisario de Turán que vino a avisar a mi padre del ataque del Demonio Rojo!
-Estás en lo cierto -dijo Elmer, sonriente-. Has de saber que tu padre era un gran guerrero y, si mi vista no me engaña, tú también lo eres. Creo que estaría muy orgulloso de ti.
-Gracias -respondió Lance, ruborizado-. Pero, ¿qué hacéis por estos parajes?
Elmer clavó los ojos en los de Lance y suspiró con melancolía.
-¡Ah! ¡Es la guerra! -contestó-. Queremos impedir que los ejércitos del Demonio Rojo se sigan extendiendo. De momento, estamos persiguiendo a un ejército de trolls que quería dominar esta zona. Desgraciadamente, los perdimos.
-¡Podrían ser unos que vimos anoche en el bosque anterior a esta colina! -exclamó Lance.
-¡Vaya! -murmuró Elmer-. ¡No sabía que los trolls podían ser tan inteligentes! Nosotros pensábamos que huirían aterrados, pero ¡no! Se quedaron donde estaban.
Parsh se acercó a Elmer y le miró intensamente.
-Señor -dijo-, he de suponer que esta gente es amiga.
-Sí -dijo Elmer-. Si alguien acompaña al Maestro Lung, debe ser amigo, por muy hombre-lobo o demonio que uno sea. Pero aún tengo una pregunta para vosotros. ¿A dónde vais y por qué?
-Ese tal Parsh ya lo dedujo -murmuró Lung, mirando al guerrero-. Nos dijo que como no hay nada al Norte, nos dirigimos al Bosque Gris.
El guerrero se encogió de hombros.
-¿Y? -replicó Parsh-, ¿acaso he dicho alguna mentira? Me temo que no.
-No es verdad que no haya nada más -dijo Lung-, ¿te olvidas del pueblo de Tauton?
-Lo que he dicho -respondió Parsh-, nada. Ese lugar es menos que un pueblo. Nadie va a ese lugar. Sólo aquellos que quieran visitar el Bosque Gris, porque allí venden ropa de abrigo.
Elmer miraba interesado la conversación mantenida entre el Maestro y uno de sus mejores guerreros.
-Y, ¿a qué vais al Bosque Gris? -preguntó Elmer-. Parece evidente que vais allá.
-En realidad, vamos a un punto concreto del Bosque Gris -dijo el Maestro-. Nos dirigimos al Templo de La Gran Bestia.
-¡¡Estáis locos!! -exclamó Parsh-. Ese lugar está maldito. Hace tiempo que los demonios se apoderaron de ese sitio. Ni orcos ni trolls, ¡demonios!
-Todo tiene una explicación -dijo Lung-. Según el oráculo del Templo de Zorbom, Lance es el elegido para invocar el poder de La Gran Bestia.
Elmer parecía interesado en la revelación del Maestro y miró con renovado interés a Lance.
-¡Vaya! -murmuró-. ¡Eso sí que es interesante! ¡Nunca pensé que el hijo de Lux fuera a ser tan importante!
-Así es -dijo Lung-. Por eso debemos partir cuanto antes.
-No es tan sencillo -dijo Elmer-. Hay una extraña barrera de hielo mágico antes de llegar a Tauton. Sólo hay una manera de destruirla.
-Habla -ordenó el Maestro.
El guerrero se rascó la barbilla y paseó alrededor del grupo antes de empezar a hablar.
-Bueno -dijo-, supongo que os habéis fijado en un túnel de esta cueva que descendía.
Lance notó que se le helaba la sangre en las venas cuando oyó lo del túnel. Ese lugar le daba un miedo atroz. Sabía que en ese lugar había algo oscuro, algo maligno. El joven guerrero se fijó que Elmer le estaba mirando fijamente, como si le leyera el pensamiento. Al cabo de unos instantes, el líder de los hombres de la colina asintió.
-Ese túnel -prosiguió- lleva hasta una antigua mina construida por los enanos quién sabe cuándo. En esa mina trabajaban con el más preciado y raro metal conocido, el Mithril. Grandes obras crearon con este gran regalo de los Dioses. Pero pronto, los enanos se vieron amenazados. Satán se enteró de la creación de esta mina y montó en cólera, porque odia a los enanos. Entonces ordenó al Señor de la Oscuridad que dominase la mina y destruyese a los enanos. Éste invocó con sus poderes oscuros ese hielo mágico del que os hablé. Pero los enanos no se quedaron quietos y construyeron una gran hacha de Mithril y acudieron a la ayuda de los elfos para que aportase al hacha algo de su magia. Sin embargo, nunca pudieron usar el hacha contra el hielo, porque de improviso llegaron los demonios. Pero los enanos maldijeron el hacha de manera que los demonios no podrían tocarla ni destruirla. Por eso, la única manera de que atraveséis la barrera es que descendáis por ese túnel, os enfrentéis a los demonios y que encontréis el hacha.
Hubo un prolongado silencio tras las palabras de Elmer. Lance miró al líder de los hombres de la colina y después se volvió hacia Lung.
-¿Por qué no fuisteis vosotros a por el hacha? -preguntó mirando de nuevo a Elmer-. Quiero decir que podríais haber intentado enfrentaros a los demonios. Tienes muchos guerreros a tus órdenes, y todos poderosos.
-No hubiera servido de nada -dijo Elmer-. Según la leyenda, el único que podrá manejar esa hacha es un elegido por antiguas profecías, y tú eres uno de ellos.
-Si lo consigo -dijo Lance-, ¿qué he de hacer con ella?
-Algo bien sencillo -respondió Elmer-. Solamente debes golpear el hielo con el hacha. El hacha fue creada para romper el hielo, pero según dicen, el arma también resultará destruida. Úsala bien.
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