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Al cabo de dos horas y media, una voz familiar le despertó. Nah abrió los ojos y vio a Raúl, que le hacía señas.
- Espero que haya descansado – dijo el general -. La reunión está a punto de empezar.
Klawks bostezó, se estiró con un poco de dificultad, se levantó y miró en derredor.
- ¿A dónde tenemos que ir? – preguntó.
- A la sala de reuniones – respondió Sánchez -. No se preocupe, yo le guiaré.
Nah se irguió y siguió a Raúl. Volvieron al ascensor que habían cogido para ir a esa planta y subieron otra más. Klawks observó que ese piso estaba lleno de oficinas, pero su guía no se dirigió a ninguna de ellas y caminó a lo largo del amplio corredor en que se encontraban. El cazarrecompensas miró durante un momento al general, suspiró y lo siguió. El pasillo terminaba en dos puertas de madera noble, bellamente talladas. Nah comprobó que no eran puertas automáticas, porque Raúl tuvo que abrirlas hacia fuera con sus propias manos, tirando de las manillas.
Klawks y Sánchez entraron en una espaciosa sala donde había una larga mesa presidida en el canto más alejado por Jhon Krane. A un lado de la mesa, junto al profesor, estaba PX-32. Sentados a la mesa había invitados de las más variadas razas, aunque los más numerosos eran humanos. Dos sillas vacías descansaban entre un hombre grueso y un koltie. El profesor Krane se levantó de la silla que ocupaba e invitó a Nah y al general a que se sentaran.
- Bien, os he reunido aquí para decidir lo que vamos a hacer – dijo cuando Klawks y Raúl hubieron ocupado sus respectivos asientos. Después señaló al androide -. Este humanoide, Flick, es la prueba de que no todas las máquinas están del lado del Emperador. Esta misma unidad se enfrentó él solo al Emperador, y por poco no lo cuenta. Según nos ha informado, tiene conocimientos precisos del paradero exacto de la base central del Imperio Galáctico. Bien, amigos y aliados, una ocasión como ésta no se repetirá en Dios sabe cuánto tiempo. Creo que es el momento de la batalla decisiva.
Hubo murmullos de asombro que recorrieron toda la mesa. De repente, el koltie sentado al lado de Nah Klawks se irguió, indignado, y gruñó:
- Esto necesita parlamentación. ¿Quién nos dice que este robot no está mintiendo? Podría tratarse de una trampa del Imperio, y me parece la opción más acertada.
Jhon Krane desvió la mirada hacia Rod Smith, un hombre delgado y enjuto, de gruesas gafas. Era el técnico que había estudiado el caso de PX-32.
- No veo eso posible – dijo Rod ante la mirada del profesor -. Esta unidad tiene implantado el Circuito de Desvío, lo que le impide mentir.
- Ya veo – contestó el koltie -. Y, ¿se aseguraron de que el circuito estaba operativo? Nunca se sabe cuándo puede estar desconectado…
- Completamente operativo – respondió Smith -. Yo mismo me encargué de extraer la pieza de la cabeza del androide y revisarlo. Y además, funciona correctamente.
Un ligero zumbido llamó a todos la atención. Los asistentes a la reunión se volvieron inmediatamente hacia PX-32.
- Si no les molesta – dijo el androide -, me gustaría que cuando hablen de mí usen mi nombre, y no términos como “el androide” o “la unidad”.
Nah miró con interés el comentario de Flick. No era normal que una máquina se ofendiera. El cazarrecompensas miró a los demás miembros de la reunión y se encontró con los ojos verdes de Marie, que le observaba. En lugar de apartar tímidamente la vista, la joven sonrió con simpatía, obligando a Klawks a devolverle la sonrisa.

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- Como quieras – contestó Jhon Krane al robot -. Siento que te hayas sentido ofendido. La culpa es nuestra. Después de todo, te mereces un trato especial.
- No se preocupe – dijo PX-32 -. Sólo quería pedirles que la próxima vez que se hable de mí, se utilice mi nombre.
- Te pido disculpas, Flick – dijo Rod Smith -. Pues lo dicho, el Circuito de Desvío de la cabeza del andr…, de Flick, funciona correctamente.
El koltie refunfuñó un poco y volvió a sentarse.
- Bueno – dijo el profesor Krane -, es evidente entonces que Flick dice la verdad. Sólo nos queda el detalle de ese tal Chip de Flujo. Parece que Rod encontró algo al respecto.
- Así es, profesor – respondió Smith -. En el cuerpo de Flick encontré un chip muy raro. Estaba colocado a la altura del pecho, y tenía conexiones que se dirigían a todos los puntos de su mecanismo. Entonces no sabía qué era, pero ahora supongo que es el Chip de Flujo.
- No se equivoca – admitió Flick -. Es cierto que conozco la situación física del chip, pero no conozco la aplicación para emplearlo. Está demasiado encriptado para eso.
- Entiendo – murmuró Jhon -. ¿Alguna cosa más, Rod?
- Sí – respondió el técnico -. A pesar de las grandes semejanzas de Flick con los androides imperiales, tiene diferencias sustanciales con respecto a ellos, aunque comparten una tecnología similar. Lo primero es el cerebro. El núcleo de Flick tiene muchísimas más buses de control, gestión y dirección que cualquier robot imperial. Además, usa complejas aplicaciones software, muy distintas a los comandos primitivos de los cyborgs imperiales, lo que le proporciona una gran inteligencia. Su sistema lógico es muy similar al humano, aunque piensa un millón de veces más rápido que nosotros. Lo segundo y último es el armamento y la equipación. Flick tiene un cañón de plasma en le brazo derecho, un propulsor oculto en la espalda, capacidad de disparar rayos por ambos ojos y otro cañón oculto en la boca. Más que cualquier androide imperial.
El koltie se movió inquieto en su asiento.
- ¡Yo tenía razón! – exclamó -. ¡Esa máquina nos ha mentido! ¡Seguro que ha venido a matarnos!
- Si Flick nos quisiera matar – dijo Rod -, ya lo habría hecho, tanto por su armamento como por su resistencia. Ni siquiera el cazarrecompensas, Nah Klawks, hubiera podido hacer nada contra él.
El koltie se tranquilizó un poco y por fin comprendió que Flick no era su enemigo. Es más, comprendió que él y el androide combatían a un enemigo en común, y empezó a mirar con buenos ojos a la máquina. Mientras tanto, Nah miraba con ironía a Rod. Le sorprendía que el técnico le metiera en la conversación con tanta confianza.
- Bien – dijo Jhon Krane -. Queda claro que Flick está de nuestro lado. ¿Tenéis alguna idea de lo que debemos hacer?
- Yo voto por atacar al Imperio Galáctico – dijo un hombre-pez del planeta Aqua- . No quiero decir inmediatamente, pues eso sería un fracaso absoluto. Pero, ya que sabemos la ubicación del Imperio, no podemos desaprovechar la ocasión.
Hubo murmullos de aprobación en la sala, e incluso el profesor Krane estaba de acuerdo con la idea del hombre-pez.
- Tienes razón – dijo Jhon -. Va siendo hora de la acción. También es tiempo para que nuestro amigo Nah Klawks se gane su pan.
- ¿Cuál es mi misión? – preguntó el cazarrecompensas.
- Irás en tu nave y reclutarás un ejército digno de un ataque – respondió Jhon -. No obligues a nadie a venir, pero procura traer a algunos. Necesitamos ayuda para la batalla definitiva.
- Eso haré, tengo muchos amigos. Antes de… - dijo Nah.
- Un momento, por favor – lo interrumpió el profesor Krane -, aún no he terminado. Creo que sería conveniente que Flick vaya contigo. Quizás conozca a alguien que nos pueda ayudar. También te va a acompañar la doctora Marie Nette.
Nah Klawks abrió los ojos desmesuradamente y miró sorprendido a la chica. La joven sonrió y giró la cabeza para mirar al profesor. Al cazarrecompensas nunca se le hubiera ocurrido pensar que aquella chica fuera una doctora.
- Bueno – continuó Jhon -, creo que eso es todo. Partiréis mañana, así que tomaos el resto del día libre. Recordad que este ataque puede que sea nuestra última esperanza.
- Un momento – dijo Nah -, quería decirle algo que no pude antes. Le recuerdo que una parte de la recompensa me debe ser abonada ahora, antes de empezar la misión.
- Tranquilo – dijo Jhon -, ya he sido informado de eso. Le aseguro que se le pagará esa parte. ¡Sesión cerrada! Flick, tú también te puedes retirar.
- Gracias – respondió el androide.
Poco a poco, los asistentes a la reunión fueron abandonando la sala donde se habían congregado, sin darse cuenta de que uno de ellos había cambiado de dirección, dirigiéndose a un videófono cercano. Con la mano temblorosa, Jack Norton, ayudante de Rod Smith, tecleó una clave. Un código imperial.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Hmm |
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12-01-2005 19:48 |
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Son tantas las cosas que se me ocurren, brother, y tan poco el tiempo, pero a ver si consigo plasmar en parte lo que me ha producido tu relato. Veamos, me parece que su principal problema es que no es original ni de lejos, o sea, tenemos a un imperio del mal y a una alianza rebelde, que bueno, puede ser tomada como motivo central, pero en lo que falla es precisamente en el tratamiento. Luego, lo del cazarrecompensas, que tampoco aporta nada al género, lo del robot es insufrible, si mal no recuerdo PX32 era, o el modelo de esa especie de cadillac volante que usaba Skywalker en Tatooine o TX32 era el modelo de esos cazas con forma de Y que se vieron en Star Wars. O sea, por donde se vea, hasta aquí no he visto nada que se salga de lo ya conocido, y eso, como verás mi buen amigo, a la hora de escribir CF es un poquitín grave.
Ahora, lo de Nah Klawks y su afición por los comics del siglo XX hace pensar como si la única temporada que valió la pena en toda la historia de la Humanidad fuera la que acaba de pasar (aquí habría estado mejor inventarse una película multisensorial que pudiera experimentarse con el uso de unos lentes especiales, no sé, algo por el estilo).
Uff, se me acaba el tiempo, amigo, y bueno, me di el trabajo de leer y comentar precisamente para apoyar tu arte, pero debieras pensar, como escritor, en que tu labor también implica un deber, que es entretener a tus lectores. De momento me están entrando ganas de aparecerme con un bate en tu casa, je, je, je. Un abrazo, brother.
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RE: Hmm |
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12-01-2005 19:50 |
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RE: Hmm |
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12-01-2005 19:49 |
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ta bien |
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27-12-2004 19:25 |
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en la line de los otros me gusta como va
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Está bien |
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23-12-2004 10:21 |
Pues yo también lo he leído. Está bien, en la línea de los anteriores. Un saludo
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Lo he leido |
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21-12-2004 18:53 |
Pues eso, para el autor. Que lo sepa
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