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Él


Relatos de Fantasía

24-04-2006 09:04
Por: Gandalf_Mithrandir

¿Qué pasaría si los personajes de vuestras historias cobrasen vida?


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Javier Pérez se frotó los ojos para comprobar que lo que veía era verdad. Cuando sonó el timbre de su piso de Madrid, pensó que quienquiera que estuviese al otro lado de la puerta sería un vecino pidiendo algo de sal, el cartero trayéndole una carta certificada o, incluso, uno de esos malditos mormones que él tanto detestaba. En su lugar había un par de agentes de policía, o eso le pareció que eran. Sus uniformes eran similares a los de un policía convencional, aunque tenían bastantes diferencias. Para empezar, el traje parecía más semejante a los típicos de las películas americanas que a uno “made in Spain”.
Tampoco entendía lo que quería la policía de él. Javier no era más que un novelista más bien mediocre. Después de haber escrito algunos relatos bien acogidos por el público, publicó dos novelas de éxito y una serie de libros de popularidad discreta. No tenía nada que ocultar, y nunca había tenido una multa de tráfico. Ni siquiera tenía coche. Desconocía los motivos por los que los cuerpos de seguridad podían venir a molestarlo. Y allí estaba, en bata de casa y zapatillas ante dos policías que le parecían muy raros.

-Buenos días, señor Pérez –dijo uno de los agentes, con un acento que a Javier se le asemejó al alemán, o incluso al ruso.

-Buenos días –respondió el escritor-. Por favor, ¿pueden identificarse?

-Soy el agente Frank –dijo el policía-. Mi compañero es Robert Pacino. Señor Pérez, hemos venido a avisarle de que debe abandonar la casa. Él viene a la ciudad.

El novelista miró a los agentes, extrañado. ¿Qué clase de nombres eran aquéllos? Sobre todo, le intrigó el nombre del compañero de Frank ¿Sería todo una broma de mal gusto? Cuando pensó en las palabras del agente, la hipótesis de la broma cobró más fuerza. Contempló incluso la posibilidad de ser víctima de una cámara oculta.

-Así que tengo que irme porque viene Él, ¿no? –repuso Javier-. ¿Se puede saber quién cojones es Él?

Los dos agentes se miraron el uno al otro, sorprendidos ante la pregunta de Javier, y algo escandalizados con su lenguaje. Frank volvió a dirigirse a Javier y puso las manos en su cintura.

-¿No conoce a Él? –preguntó el policía-. ¿En qué mundo vive? ¡Todo el mundo sabe del Emperador Zog!

¿Emperador Zog? ¿De qué coño hablaba aquel hombre? Aunque al principio le sonó el nombre, era algo demasiado ridículo. Seguro que alguien le estaba gastando una broma, y Javier no tenía mucho sentido del humor. Intentando controlarse, el escritor se acercó al policía y le miró intensamente.

-Por favor –dijo después de un rato-. ¿Sería posible que me enseñara su insignia?

-Por supuesto, señor Pérez –respondió Frank mientras sacaba su placa de un bolsillo de su camisa azul-. Tenga…

Javier cogió la placa del agente y se quedó mirándola durante un rato. Era la insignia policial más extraña que había visto en toda su vida. Al igual que el uniforme, le pareció una placa americana, aunque tenía una forma más triangular. Se fijó en que en vez de “Policía”, tenía grabada en su superficie la palabra “Police”. Sí, definitivamente aquello era una broma. El escritor le devolvió la insignia de malos modos y le dijo:

-No voy a irme a ninguna parte. ¡Lárguense de aquí o llamaré a la policía! ¡A la policía real!

-Pero… -balbuceó Frank-, ¿no lo comprende? Él viene hacia aquí, y le quiere a usted. ¡Tenemos que evacuar la vivienda!

-¡Me importa una mierda! –gritó Javier, furioso-. ¡Como si viene el coco! ¡No pienso moverme de mi casa! ¡Lárguense de aquí ahora mismo!

Frank miró un momento más al novelista y luego se dirigió a su compañero.

-Será mejor que nos vayamos, Robert –dijo-. El inspector llegará a la ciudad a las cuatro. Quizás él pueda convencerle.

Los dos agentes se despidieron del escritor, inclinando suavemente sus gorras, y se alejaron de la entrada caminando por el pasillo. Javier cerró la puerta del piso con un violento portazo y volvió a ocuparse de sus actividades. Se dirigió a su estudio mientras gruñía por lo bajini, todavía molesto por la bromita.

Encima de su escritorio estaba su vieja máquina de escribir Royal, con un folio metido en ella. Javier se sentó en la silla que estaba junto la mesa y se preparó para teclear. Entonces, se dio cuenta de que la inspiración se le había esfumado cuando los dos extraños le sacaron de quicio. Por una vez que tenía en mente algo bueno para escribir, y un par de bromistas lo estropeaban. Javier lo dejó pasar y decidió echarse una siesta. Quizás el sueño reparador le aclararía las ideas. Después de todo, aún eran las once de la mañana.

Javier durmió durante unas horas y se despertó de repente, al oír el timbre. Al principio, no estaba seguro de si lo había soñado, por lo que decidió no levantarse. Miró el reloj que tenía sobre la mesita de noche y vio que eran las cinco. Pues sí que había dormido. Sin embargo, aún tenía demasiado sueño para seguir con su historia. Decían que si se dormía demasiado, la sensación de sueño se multiplicaba. Ahora, el prosista podía decir que era verdad.

Entonces, el timbre volvió a sonar. El escritor se levantó y fue a abrir la puerta. Se encontró cara a cara con un hombre alto, de unos treinta años. Llevaba una larga gabardina gris y un sombrero del mismo color. Los rasgos de su cara eran duros, y una incipiente barba recorría su quijada.

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-Hola, señor Pérez –dijo el hombre-. Soy el inspector Malone, Jack Malone.

-¿Cómo dice? –exclamó Javier, todavía no despierto del todo. Otro nombre que le sonaba.

-El agente Frank y su ayudante Robert Pacino han venido a verle –dijo el inspector, ignorando las palabras del novelista-. No les ha hecho mucho caso, por lo que veo. He venido a pedirle una vez más que abandone su domicilio. A pesar de que le han avisado de que Él viene, ha optado por permanecer aquí.

Javier se quedó mirando la cara del extraño personaje. Parecía un detective clásico de las series de televisión que veía cuando era pequeño. La gabardina le recordó a la que llevaba Colombo, y el aspecto del hombre se asemejaba a Dick Tracy. El escritor apretó los dientes cuando sintió que la ira le volvía a embargar. Parecía que aún continuaban con la dichosa broma. Tratando de sonar lo más sereno posible, miró al inspector y le dijo:

-Escúcheme, sería muy considerado de su parte si dejasen esta broma y me dejasen concentrar en mi trabajo. Tengo una idea para un nuevo libro, y me están robando la tranquilidad que necesito.

-Esto no es ninguna broma, señor Pérez –repuso Jack Malone-. El Emperador Zog viene a la ciudad, y viene a por usted. Tiene que irse cuando antes.

-¡Le he dicho que no siguiese con la broma!- increpó Javier, cada vez más furioso-. ¿Está sordo? ¡Váyase de mi casa o llamaré a la policía!

-¿No lo entiende? –dijo Jack Malone-. Él sabe que usted le dio la vida, y sabe que sólo con su muerte podrá ser libre. Por eso viene aquí, viene a matarle.

¿De qué hablaba aquel hombre? ¿Estaría loco? Eso significaba que los agentes Frank y Robert Pacino también estaban locos. Se debían de haber escapado de algún manicomio. No tenía ni idea de dónde había sacado esas ropas, pero Javier no podía aguantar ni un segundo más.

-¡Eso es cosa mía! –gritó-. ¡Lárguese de mi casa! ¡Y que no vuelva ni uno de sus amigos!

-Supongo que ésa es su última palabra –suspiró Jack Malone-. Muy bien, me iré. Pero si quiere sobrevivir, le aconsejo que se esconda bien. Él no se anda con chiquitas, ¿sabe?

El inspector inclinó la cabeza en señal de despedida y dio media vuelta. Javier no cerró la puerta hasta que vio que el otro empezaba a bajar las escaleras. Entonces, maldijo al inspector y se dirigió de nuevo a su estudio. Fue en ese momento cuando detuvo su paso, sobresaltado. Creía saber dónde había escuchado todos esos nombres. Javier entró en su habitación y abrió el armario que estaba en frente de su cama. Al fondo del mueble, había una raída caja de cartón que tenía en la tapa un papel con la palabra “Recuerdos” escrita a lápiz. El novelista cogió la caja y retiró el celo que rodeaba la tapa para poder abrirla.

Dentro había un montón de papeles, unos eran recortes de periódicos y revistas, y otros eran hojas escritas por él. Había otras cosas como mecheros Zippo gastados, coches de Scalextric y figuritas, pero Javier se fijó sobre todo en los escritos. El escritor estuvo rebuscando en la caja hasta que encontró un gran fajo de folios unidos con una goma. El novelista miró detenidamente el primer papel y vio que sólo había un título: “Las aventuras de Jack Malone, inspector”.

Javier se quedó de piedra. Recordaba aquella historia. Era lo primero que había escrito en su vida, cuando contaba con doce años. Había cogido las influencias de las series americanas que veía con su familia. En aquella época, siempre ponía nombres anglosajones a sus personajes, muchas veces variaciones de personajes famosos como actores o cantantes. Empezó a hojear la historia y encontró los nombres de toda la gente que le había visitado aquel día. Estaban Frank, Robert Pacino y Jack Malone. El relato contaba las peripecias de un inspector llamado Jack Malone, en continuo enfrentamiento con un malvado Emperador Estelar llamado Zog. Era tan temido, que la gente se refería al villano como Él. El resto de la historia era un poco confuso y, sobre todo, muy disparatado.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   ¿soñaría Cervantes con Don Quijote?
19-05-2006 08:16
Siempre me he preguntado cómo es la relación entre un escritor y sus personajes. Desde luego no me extraña que lleguen a verlos como reales... Está divertido el relato.

   Simpático
02-05-2006 18:38
Un relato simpático y bien escrito. Me gusta la idea de que un escritor normal y corriente se enfrente a los delirantes personajes de su infancia. Por otra parte, creo que habría sido interesante explotar más la parte en que cree haberse vuelto loco (haz dudar al lector, ¿por qué no puede ser producto de su imaginación?) y haberle dado un poco más de protagonismo a los "buenos". Mejorable (¿y qué no lo es?) pero en conjunto entretenido y divertido, una idea bien ejecutada.

La aparición del cartero me ha parecido un poco forzada e innecesaria. Por contra, lo del grito de <<hijo de puta>> cuando mata al supervillano es un puntazo, muy al estilo hollywoodiense, como sus personajes.

En la forma, el relato es bastante correcto, aunque me fastidia un poco la repetición del sujeto al principio de las oraciones ("el novelista", "el escritor", "Javier"). Puesto que en gran parte del relato sólo hay un personaje, podrías omitirlo con facilidad sin despistar al lector.

Es mi opinión.

Un saludo.

   Opinión
29-04-2006 00:02
Es un relato entretenido, con una buena idea que tampoco necesita de más desarrollo. Está bastante bien creo yo

   Gracioso
24-04-2006 09:07
Me ha parecido un buen concepto y un relato entretenido, pero creo que podrías haber explotado más el lado cómico de ser una persona normal enfrentada en bata y zapatillas a un supervillano.

Detalles como que tenga una pistola (¿a la que le quedan sólo tres balas? ¿y para qué demonios ha usado el resto?) quitan credibilidad al personaje dentro de la situación absurdo y es difícil empatizar con él.

En cualquier caso, la ejecución es buena, así que el resultado es bueno, aunque mejorable.

ps.- ¿Qué hay de autobiográfico en la primera novela ;-) ?

   RE: Gracioso
28-04-2006 12:47
Como hacía el escritor del relato, de niño yo también plagiaba bastantes ideas y ponía a mis personajes nombres anglosajones :-)




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