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Tormenta eterna en Kios V


Relatos de Fantasía

10-07-2006 10:37
Por: Destripacuentos

Quinto capítulo de esta novela de espada y brujería que estoy tratando de corregir. Serán bienvenidas todas las críticas, especialmente las constructivas. Espero que os guste tanto como las entregas precedentes

Voltar se encontraba merodeando por los farallones situados al este de la ciudad de Kios. Aquélla era su zona favorita para cazar, pues en los impetuosos arroyos que se despeñaban en esta zona de la costa habitaban unos mamíferos parecidos a las nutrias que constituían su presa preferida. Después del mar, la caza era la principal afición del joven marino y disfrutaba enormemente persiguiendo y dando muerte a dichos animales. Éstos eran rápidos y astutos y, si se veían obligados, luchaban con gran fiereza. Su piel era lisa y suave, y a Voltar le gustaba exponer las de sus víctimas en las paredes de su casa.

tormenta eterna en kios v
Durante estos últimos días había estado pensando con alegría en que, gracias a los méritos que había obtenido combatiendo a los piratas de los Señores del Mar, iba a adquirir a las bellas hijas de Orlik como esposas. La perspectiva era halagüeña. Por ello su ira había sido inconmensurable al descubrir que aquélla que iba a entrar en su hogar no era más que una sucia traidora aliada de los piratas. ¡Con la cantidad de camaradas que había perdido en el mar por culpa de aquellos malnacidos!

La noticia le había provocado un enfado tan desmesurado que aún en aquellos momentos le seguía doliendo la cabeza. Por ello, al enterarse por la mañana del incidente, había cogido su lanza dentada y se había escapado de la ciudad para cazar, como hacía siempre que quería desentenderse del mundo civilizado. En aquellos momentos se encontraba sobre una roca, a punto de alancear a un enorme macho al que llevaba siguiendo casi dos horas. Y, entonces, apareció ella.

La sorpresa inicial que le produjo su presencia pronto se torno en ira, y el enfado que tenía ya casi controlado volvió a estallar en toda su magnificencia. Era increíble. Era una conspiración. ¿Cómo se atrevía a venir precisamente ella, la hermana de la traidora, a hablar con él? Pretendían, sin lugar a dudas, hundirle moral y socialmente; después del esfuerzo y el peligro que había corrido para llegar a destacarse entre tantos otros marineros. Y encima le venía con la historia de que tenía que ayudarla para poder ir a ver a su hermana. Voltar estaba atónito.

-¡Tú! ¿¡Cómo te atreves!? -Le gritó encolerizado.- Después de lo que me habéis hecho. ¡Traidoras!. Mereces que te ahorquen junto con tu hermana.

Kela se deshizo a llorar. No entendía lo que le pasaba. Ella esperaba que su príncipe azul le ayudara a deshacer aquel malentendido. Tenían que ayudar a su hermana. Al principio Kela no consiguió creerse que Dersea hubiera sido hecha prisionera acusada de alta traición. Era imposible. Tenían que haberla cogido cuando iba a ver a su amado y la habían apresado por error. Cuando aceptó esta explicación decidió que tenía que ir a verla a la cárcel y sacarla de allí, pero el acceso estaba vetado a las mujeres. Entonces pensó que debía ir a buscar a Voltar pues él, su futuro esposo, no les podía negar su ayuda y no tendría ningún problema en entrar y hablar con los magistrados siendo, como era, un héroe de guerra. Por eso, al verlo reaccionar así, Kela se desmoronó. No alcanzaba a comprender por qué Voltar se enfadaba con ellas ni por qué les negaba su ayuda. Se sentía desvalida; había perdido su último recurso. No tenía más familia en Kios que su madre enferma y, al ser mujer, no era ciudadana de derecho.

Voltar ni se inmutó al ver a Kela destrozada llorando sobre la hierba. Le preocupaba mucho más su reputación que la vida de aquellas dos locas. Incluso le importaba más el que se le acabara de escapar la presa. Al darse cuenta de ello emitió un gruñido gutural y arrojó su lanza contra un árbol, incrustándola fuertemente en el tronco. La sangre le hervía en las venas. Saltó de la roca y avanzó con paso decidido hacia Kela, la cual sollozaba de impotencia tumbada en el suelo. Cuando se encontró a escasos pies de la muchacha un grito le detuvo, un grito tal que incluso Kela levantó la vista. Alguien había llamado al marinero por su nombre. Éste se giró buscando a aquél que le reclamaba. Era el loco.

Allí se erigía, indolente, aquel personaje inconfundible de la vida social de Kios. Inconfundible por sus inquietantes ojos rojos y su piel curtida destensada sobre los nudosos músculos. Inconfundible por su mirada ausente y sus poses de noble destituido. Inconfundible por sus atuendos estrambóticos, que aquel día se componían de una coraza remachada de los tiempos antiguos y una corona de plata con un demonio tallado en la parte frontal. Llevaba también un enorme cuchillo con el filo cóncavo, típico de las regiones del interior. El loco, de nombre Arrenus, formaba parte del antiguo Consejo, el constituido cuando aún reinaba el anterior rey. Había sido uno de sus consejeros personales gracias a la enorme cultura que poseía. El siguiente rey, no obstante, le echó de la corte tras descubrir que se había dedicado al estudio de unos tomos arcanos que aparecieron junto con los cimientos de la ciudad sobre la que reposaba Kios.

El loco se consideraba a sí mismo un hechicero, aunque nunca nadie le hubiera visto realizar ningún sortilegio. De hecho, los demás le consideraban un bufón, un viejo chiflado y resentido. En aquellos tiempos, después del rey, era probablemente la persona más conocida de la ciudad estado, y su fama y las historias acerca de sus excentricidades habían rebasado rápidamente las fronteras de la polis.

Y ahí se encontraba, contribuyendo a acrecentar el enfado en Voltar y la desazón de Kela. Con una voz heladora, que podría juzgarse venida de los infiernos, el viejo desató la furia del iracundo marinero.

-He venido a matarte. -Le espetó con la naturalidad con la que se saluda a un conocido.

A Voltar se le atragantaba en la boca el torrente de palabras que se arremolinaba en su cabeza, impidiéndole contestar algo más elaborado que:

-¡Bufón! ¡Maldito loco chiflado! ¡No puedo creerlo! -gritó alzando un puño amenazador hacia el cielo.- ¡Juro que haré que te encierren y tiren la llave de tu mazmorra al mar, maldito patán!, pienso... -las palabras se le helaron en la boca como cortadas por el silbido del machete del viejo al salir de la funda.- Maldición -dejó escapar en un susurro.

Arrenus caminó hacia él despacio, con la naturalidad con la que solía pasear por las calles de Kios. Sólo cuando el marinero comenzó a correr hacia su lanza, se lanzó finalmente a la carrera. Se movía con toda la vitalidad de un joven de veinte años y el único estrago visible hecho por el tiempo en su cuerpo era la flacidez de su piel. Voltar agarró con ambas manos su arma y se encaró al loco. Éste rodó por el suelo para esquivar el envite del joven, el cual intentó seguir la finta de su adversario aturdido por su agilidad. Arrenus fue más rápido y se levantó del suelo antes de que el otro pudiera ponerse en guardia. Aprovechó la situación y, trazando un amplio arco con su machete, partió por la mitad la lanza. No obstante, Voltar era un guerrero veterano y, sin perder la sangre fría, no desarmó al loco golpeándole fuertemente con el mango de la lanza en la mano diestra. El machete salió despedido hacia los acantilados.

Arrenus observó contrariado al joven, sin prestar apenas atención a su ensangrentada mano. En un arrebato de ira cargó contra el sorprendido marinero, el cual medía una cabeza más que él. Al no esperarse el ataque, no le fue muy difícil hacerle perder el equilibrio y, en un abrir y cerrar de ojos, los dos hombres se encontraron rodando ladera abajo hacia los despeñaderos. Sin poder hacer nada más que intentar protegerse en el vertiginoso descenso, ambos llegaron hasta una pequeña pared vertical. Ésta descendía unos dos metros hasta otra cornisa, también inclinada, que había sido utilizada por una comunidad de gaviotas para anidar. En el último momento, Voltar consiguió asirse a una raíz que surgía en la pared del acantilado. Esto frenó su descenso pero no lo evitó, pues Arrenus se agarró a él y, al quedar suspendido en el aire, provocó la rotura de la raíz salvadora. Así, ambos cayeron con gran estrépito sobre la nidada de aves acuáticas.

Voltar se puso en pie impregnado de yemas de huevo y ramitas. Vio al viejo tumbado sobre los restos de un gran nido y una ira renovada le golpeó en el pecho. Sin pensárselo, saltó sobre él dispuesto a matarlo con sus propias manos. Arrenus no hizo siquiera un amago de esquivar la embestida del joven marinero. Cuando Voltar cayó sobre él aprovechó el impulso que éste había cogido y se lo quitó de encima lanzándolo contra una roca. La ira le consumía. ¿Cómo podía aquel viejo jugar con él de aquella manera? Agarró lo primero que alcanzó con la mano y se abalanzó sobre el loco golpeándole como un poseso. El viejo estalló en carcajadas en medio de una nube de plumas. A Voltar le costó un instante darse cuenta del por qué: estaba atacándole con una gaviota malherida. El aire se había llenado de plumas y graznidos del animal moribundo y Arrenus se reía como un loco mientras Voltar miraba desquiciado al desgraciado animal.

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La risa se elevó por los acantilados y llegó hasta Kela que, ausente del mundo que le rodeaba, seguía hecha un ovillo incapaz de hacer algo más que llorar. Estaba tan desconsolada que apenas podía pensar. Sólo le venía a la cabeza el sufrimiento de su querida hermana y la incapacidad de poder hacer algo para evitarlo. Arrenus regresó a la cumbre sin dejar de reírse, ajeno al dolor de la muchacha, a la que encontró en la misma postura en que estaba cuando llegó al claro para cumplir los designios de la historia. Tenía el rostro cubierto de plumas y sangre, pero aparentaba estar muy complacido. Se dirigió a la joven, hablando entrecortadamente, sin poder contener una risa nerviosa:

-¡Si vierais que cara puso al golpearme con el palomo! Parecía un poseso -tuvo que hacer un alto para continuar riéndose.- Lo mejor fue cuando se dio cuenta de que era un pájaro y no un garrote. -Dijo incapaz de contener la risa. Kela apenas oía al viejo loco y éste acabó por darse cuenta del disgusto de la joven. Con un tono más calmado le dijo.- Lo siento, pero vuestro amigo se resbaló y cayó por los acantilados. Pero no desesperéis: traigo una buena noticia para vos.

Kela levantó la vista, observándolo suplicante. El viejo se quedó mirándole como mira un abuelo a sus nietos. Con movimientos más propios de un cazador bárbaro que de un antiguo cortesano se sentó sobre una enorme roca cubierta de musgo y se puso a contemplar un medallón que extrajo de dentro de la coraza. Tenía un aspecto lamentable con la mirada extraviada y la corona mellada. Parecía un monarca derrocado que, al haber perdido el trono, hubiera perdido con él la razón. Con un tono enigmático se dirigió a la muchacha:

-Los espíritus han designado que venga a ofreceros el apoyo que tanto necesitáis en estos momentos tan duros. Es necesario que veáis a vuestra hermana para que ocurra lo que es obligado que suceda. -Hizo una pausa.- No tenéis porqué agradecerme nada, puesto que no hago esto por vos. Me pagaréis con creces este pequeño acto en el futuro, aunque no lo sabréis ni aun cuando lo hagáis -dijo en respuesta a la intrigada mirada de la joven.

Las lágrimas dejaron de surcar el rostro de Kela, pero las mellas que habían creado a su paso nunca más la abandonarían. No le importó que aquel viejo chiflado le dijera que no le explicaba más porque era demasiado joven para entender prácticamente nada. En realidad, nada podría haber empañado la efímera alegría que le proporcionaba la perspectiva de volver a ver a su hermana, aunque no tuviera ninguna garantía de poder hacer algo por ella. En realidad, ya comenzaba a nublársele el juicio y, aunque en el futuro se acrecentaría aún más este hecho, lo cierto es que el choque emocional que le produjo el enterarse del encierro de su hermana fue uno de los golpes más duros para su cordura.

Caminaron de vuelta a la ciudad a paso vivo, sin cruzar ni una sola palabra entre ellos. Kela andaba como en sueños y, hasta que no llegó a la puerta del Edificio de Justicia, no volvió a la realidad. Estaba demasiado exhausta e impresionada como para poder pensar con claridad. En la puerta, los guardias no hicieron mención de parar al antiguo cortesano, pues su fama le precedía y eran por todos conocidos los fuertes arrebatos de ira que solían dominarle cuando era contrariado. Así que, como no parecía peligroso, decidieron pasar el problema a los guardias del siguiente retén. El capitán al mando de la guardia de la prisión designó a dos soldados para que les condujeran a las mazmorras y se desentendió del problemático viejo.

Los guardas les condujeron al corazón mismo de la prisión, bajando varios niveles por debajo del suelo a través de angostas escaleras de caracol y sombríos pasillos. Las antorchas y lámparas en las paredes desaparecieron un nivel antes de llegar a aquél en el que se encontraba encerrada Dersea. El aire estaba viciado e impregnado por un olor malsano. El vigilante que horas antes había abierto la puerta del calabozo de Dersea les guió hasta la gruesa puerta de madera. Tras colocar en la pared una antorcha encendida les indicó que no podía abrirles, pero que podrían hablar con las prisioneras a través de la ventana corredera por donde les suministraban la comida. Después de advertirles de que estarían al lado por si intentaban algo, se marchó con los dos soldados. Arrenus se sentó indiferente en el suelo, con la cabeza hundida entre las rodillas.

Con ansiedad, Kela descorrió el panel metálico que le impedía ver a su hermana. El ventanuco era extremadamente pequeño y estaba atravesado por dos barrotes que formaban una cruz entre sí. Se esforzó por asomarse, intentando localizar aquel rostro idéntico al suyo, llamando a su hermana con desesperación. Entonces, una mano blanquecina y reblandecida por la humedad se acercó temblorosa a la abertura.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Con altibajos
30-07-2006 02:25
La aparición de Arrenus no me ha convencido, la verdad. Empieza a haber demasiados personajes involucrados en esta historia. No obstante, su combate con Voltar está bien narrado y es original.

   RE: Con altibajos
07-08-2006 13:32
Es uno de los puntos más "transgresores" de la historia, pero a la vez Arrenus es uno de los personajes clave. Espero que el exceso de personajes no vaya en detrimento de la historia. Gracias por el comentario

   MUY BIEN
14-07-2006 02:37
Me sigue atrapando la historia, ya quiero saber que va a pasar con Dersea y Hunos. Creeme ya tienes una admirado en mí, la forma que describes cada capítulo me encanta.Adelante esperamos el capítulo 6.

   RE: MUY BIEN
24-07-2006 10:56
Muchísimas gracias por los ánimos que me das. Espero no decepcionarte y que sigas disfrutando la historia como hasta ahora. Un saludo

   Buen nivel
10-07-2006 12:39
Se mantiene el buen nivel de redacción que tuviste en los otros capítulos. Lo de matar a Dersea es una putada, pero le da un toque de sentimentalismo a la historia.

   RE: Buen nivel
24-07-2006 10:55
Sí, la verdad es que es un poco crudo, pero es el Deus ex machina de la historia. Sin ese triste elemento, no habría historia... Me alegra que te esté gustando.




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