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Tormenta eterna en Kios VII


Relatos de Fantasía

24-07-2006 12:46
Por: Destripacuentos

Séptimo capítulo de esta novela de espada y brujería que estoy tratando de corregir. Serán bienvenidas todas las críticas, especialmente las constructivas. Espero que os guste tanto como las entregas precedentes

El sol bañaba de dorado los negros edificios de Kios, ofreciendo un bello espectáculo al solitario jinete que observaba la ciudad desde el Camino del Continente, a escasos metros de las murallas defensivas.

tormenta eterna en kios vii
Era inusual que llegaran extranjeros desde tierra adentro, pues la polis se encontraba aislada de las otras ciudades estado por una escarpada cordillera montañosa. De hecho, la ruta marítima era la única que permitía que la ciudad se mantuviera comunicada, aun siendo arriesgada por la presencia de los piratas y las frecuentes tormentas. No obstante, aquel jinete no era un extranjero, aunque llevase tantos años alejado de la ciudad que ya no recordara su aspecto.

Con paso tranquilo se dirigió hacia el portón, donde vigilaban, desganados, dos soldados. Las cotas de malla negras y los yelmos con colmillos formando una corona les delataban como Guardias de Reos. El jinete no había vivido lo suficiente en la ciudad como para haber desarrollado afinidades políticas, lo que no evitó que le resultara extraño ver a dos hermanos de la espada montando guardia. Al llegar a su altura se quitó la capucha, revelando un rostro surcado por arrugas. Una larga melena negra le caía sobre los hombros recogida en una coleta, mostrando su verdadera edad; por sus cansados ojos y su curtido rostro pocos hubieran sospechado su juventud. Levantó, a modo de saludo, su mano diestra, embutida en un guantelete metálico, y entonó con voz cansada:

-Saludos guardias, el camino ha sido largo y tengo la garganta seca. ¿Os importaría que compartiera vuestra agua?

Uno de los soldados señaló con un palo el barril, asintiendo con la cabeza. El otro, que se encontraba sentado en el muro de un huerto, le preguntó:

-¿Cómo es que vienes por el interior? Espero que no haya corrido la voz de que estas aguas no son seguras.

El jinete conocía la afición de las gentes de Kios por el mar y no quiso revelarles su escasa afinidad con él, por lo que respondió con evasivas:

-No, no se trata de ningún rumor. Al menos cuando salí de Aren no se conocía ninguna mala nueva. Pero, ¿qué es lo que ocurre? Hacía mucho que no venía por la ciudad y no me vendrán mal noticias frescas.

-En realidad no ocurre nada grave -terció el otro guardia.- Una pequeña conspiración llevada a cabo por los Demonios de la Noche. Esos perros... - hizo una pausa y escupió en el suelo.- Pero ya no habrá más problemas; no después de la lección que les dimos tras la puesta del sol. Ya no se atreverán a salir de sus escondrijos.

-¿Qué hechos son estos que me referís? Tenía entendido que el actual monarca se había asentado sin problemas en el gobierno. Sus logros en política bélica han trascendido a otras ciudades estado.

-No es de extrañar, pues su gobierno ha sido hábil y beneficioso. Quizá por ello esos traidores, envidiosos del bien ajeno, decidieron abrir paso a asesinos corsarios con la esperanza de que nos trajeran algún mal. -Volvió a escupir en el suelo.- Demonios, pues sí que consiguieron traernos males. La ciudad se ha llenado de cadáveres está noche, y no sólo han caído de esos bastardos, sino que han muerto también ciudadanos honrados.

-Vuestras noticias me llenan de inquietud, soldado; me apresuraré a ver a mi familia.

Dicho esto el jinete se montó nuevamente en su caballo y comenzó a alejarse al galope, directamente hacia su casa, seguido por las miradas de indiferencia de los sectarios. Cabalgando por las calles los edificios se le tornaron sombríos. El brillante aspecto exterior de la polis era una efectiva máscara que había ocultado al jinete el lamentable estado de la ciudad que le había visto nacer.

Nutridas partidas de guerreros pesadamente pertrechados recorrían las calles con el semblante ensombrecido, y por doquier se advertían las consecuencias de los combates acaecidos durante la noche. Un carro transportando dos bultos cubiertos por sabanas, los cimientos ennegrecidos de una casa arrasada o un charco de sangre cabe el cuál reposaba algún arma mellada constituían los mudos testimonios de los sangrientos encontronazos nocturnos entre revolucionarios y monárquicos. Cada vez más inquieto, hizo acelerar el paso a su montura, como intentando escapar de los siniestros pensamientos que atenazaban su espíritu. Cruzó la plaza del Edificio de Justicia sin prestar atención a las picas que, como intentando alcanzar el cielo, se elevaban con sus siniestros trofeos atravesados en la punta. Las cabezas de los traidores muertos en los días anteriores todavía las coronaban como macabra advertencia a todo aquel que osara cuestionar el poder del monarca.

El jinete descendió hacia la línea de la costa y se introdujo en los retorcidos callejones del barrio portuario en busca del que fuera su hogar en unos tiempos que se le antojaban muy distantes. Cuando terminó por localizarlo, lo que hubo sido un vago presentimiento acabó por tener una forma definida.

El enorme caserón de piedra negra estaba notablemente deteriorado. La robusta puerta de roble de la entrada se encontraba sucia y descuidada, con la madera ajada por los embates de las tormentas de los días precedentes. Desde la calle se podía ver como un par de ventanas estaban rotas, y nada indicaba que alguien fuera a repararlas. A todas luces la casa se encontraba abandonada.

El jinete descendió de su montura y se dirigió a la puerta. En ésta, sujeto con un clavo, había un mensaje desteñido, el cual se había tornado completamente ilegible. El joven recorrió las ventanas enrejadas del piso bajo, en busca de algún movimiento en el interior de la casa, pero ninguna señal revelaba si alguien vivía todavía en aquel lugar. Se encaró de nuevo con la puerta de roble y comenzó a golpearla con el puño, más nadie respondía en su interior. Desesperado, apoyando la espalda contra la pared, recorrió con la mirada toda la calle, buscando entre los casas alguna persona que pudiera darle información sobre los habitantes del que fuera su hogar.

El débil sonido de una campanilla captó su atención y su mirada. Por una inclinada y retorcida calleja bajaba con paso inseguro un ciego, apoyándose pesadamente sobre un largo cayado. A paso vivo, el joven jinete se acercó al anciano, llamándole a voces. Cuando le alcanzó, le sujetó firmemente por el brazo y le dijo, ansioso:

-Anciano, ¿qué ha sido de la gente que vivía en este lugar?

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El anciano intentó tocarle, torpemente, con la mano que tenía libre. Tenía la cabeza girada hacia el cielo, pues pretendía encararse con el extraño. Con voz cascada le respondió:

-Si, como creo, estamos en la calle de Otalos, noticias tristes tendré que referirte, pues la gente que habitaba este caserón ha sufrido grandes desgracias. La oscura mano de la tragedia se ha cernido sobre el que fuera el hogar del gran marino Orlik. Ya ninguno de ellos está entre nosotros.

-Explícate hombre, ¿qué noticias has de darme? -le espetó el joven violentamente, con el rostro demudado.

-Todos han muerto. Nadie se salva de las crueles manos de la muerte. Orlik fue devorado por los mares de un lejano reino al tiempo que sus hijas perdían la vida por culpa de las intrigas de esta desgraciada ciudad. Tanta sangre atraerá la cólera de nuestros antepasados, tal y cómo la muerte se ha traído para sí a la madre de las dos gemelas. La pena acabó por matar a su espíritu, ya debilitado por la triste historia de su familia.

El joven miraba con los ojos desorbitados al ciego. Una violenta sensación de vértigo le dominó y, sin poder evitarlo, quedó postrado de rodillas sobre el húmedo suelo empedrado. Un único pensamiento llenaba su mente: “Demasiado tarde”. Un reproche que le robaba las fuerzas para continuar viajando. Sin apenas darse cuenta, se levantó en medio de la ya solitaria calle y comenzó a ascender por una empinada cuesta hacia el corazón de la ciudad. Su caballo, por la fuerza que otorga la costumbre, le seguía en su vagabundeo.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   CO-JO-NU-DO
24-07-2006 20:04
Con esa palabra se resume el capítulo, cada vez más intriga y nuevos personajes. Has dejado preparada la historia para una guerra civil de forma perfecta. Una cosa más, ¿Soy yo o el Akhul de la historia es un cameo del verdadero de esta web?

   RE: CO-JO-NU-DO
07-08-2006 13:28
El Akhul de esta web nació en las páginas de esta novela

Me alegra que te haya gustado la entrega. Gracias por tu apoyo

   MUY BUENO
25-07-2006 22:43
Me sigue gustando la historia, aunque hubiera preferido que dejaras viva a una de las gemelas, este misterioso personaje me intriga, y huele a guerra.

   RE: MUY BUENO
07-08-2006 13:27
Vaya, muchas gracias por el comentario. Lo que no sé si ha quedado muy claro es que Kela está viva, aunque esté muy afectada por la muerte de su hermana




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