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Dientes Negros


Terror y Suspense

27-07-2006 19:36
Por: Destripacuentos

Hay rincones del Caribe en los que habitan las sombras por mucho que brille el sol. El almacén de “Dientes Negros”, el viejo traficante holandés, es uno de los más oscuros.

Una enorme araña negra se descolgaba con parsimonia del desvencijado techo de la trastienda. Imbuido de una cierta aprensión, Petit Jean Pierre no la perdía de vista. El grumete de la pinaza del capitán Lucius Sang-de-fer odiaba aquel lugar.

dientes negros
El cubil de Dientes Negros, el traficante holandés, tenía la extraña cualidad de parecer una vieja ruina a pesar de que la propia colonia de Santa Marta no contaba con diez años de existencia. De los travesaños de su techumbre maltrecha colgaban, como densos cortinajes, las telas de araña de aquellos impresionantes especimenes tropicales. Mezcladas con sus sedosas superficies, cabezas de ajo, cadenas, cabos, pieles de animales, cuernos de pólvora y cualesquiera otros improbables elementos que se pudieran imaginar contribuían al desorden general. A pesar del caos, según decían, nada escapaba a Dientes Negros. Por ese don, por esa memoria infinita y esa perspicacia de zorro, decían, había cambiado sus dientes verdaderos al Diablo.

-Son quince toneles de cacao –decía, con una sonrisa pícara Lucius.

-¿Y qué más…? –suspiraba sibilino el traficante.

-Nada más, sólo quince toneles de cacao.

-Nadie viene hasta aquí por quince toneles de cacao –cuando Dientes Negros hablaba, una especie de hedionda brisa cálida llenaba la estancia. Parecía que susurrase, pero, al mismo tiempo, su voz era inmensa. No dejaba un resquicio libre. Era como si no se pudiera evitar oírla.- Dime qué más.

-Son quince toneles de cacao –repitió con obstinación el pirata.

A Petit Jean Pierre no le gustaban aquellos intercambios. Siempre que iban a ver a Dientes Negros ocurrían cosas extrañas. Hubiera querido decírselo al capitán, pero sabía que éste no hubiera apreciado la interrupción. En el fondo, a él tampoco le gustaba el holandés, pero no era fácil encontrar comerciantes dispuestos a introducir la mercancía robada en las rutas españolas. Al menos, eso era lo que había oído decir en las tabernas de Tortuga y Saint Kitts.

-El niño me lo dirá –continuó Dientes Negros y, al ritmo de su voz, las telarañas se mecieron.

-Los negocios los haces conmigo –intervino Lucius intentando mostrarse autoritario; sin embargo, había una nota en su voz que desmentía el aplomo de su pose.- Son quince toneles de cacao.

Dientes Negros sacó una cajita polvorienta de debajo del mostrador y, con una llave que pendía de su cuello, abrió con cuidado la cerradura, inclinándose hacia ella. De su interior sacó un medallón de oro que depositó en la mano de su cliente.

-Quince toneles de cacao y el chico –susurró con su fantasmagórica voz.

Petit Jean Pierre se estremeció, envarado, y se volvió hacia su capitán. Con ojos desorbitados vio cómo éste abría el medallón y cómo sus ojos se cuajaban de lágrimas. Sin pronunciar una palabra, para su desolación, el pirata apretó con fuerza el objeto en su puño y se dio media vuelta, dándole la espalda. Con paso abatido abandonó el negocio, sin mirar atrás.

El grumete pensó seguirle, pero la súbita presencia de decenas de enormes arañas, que asomaban por todos los rincones de la trastienda, le paralizó en el sitio. Como cuando en una pesadilla las piernas se vuelven de plomo, el chico hubiera seguido allí, parado, el resto de su existencia. Sólo la voz del traficante, acariciante y densa, repugnante como un mar cubierto de sargazos en descomposición, pudo sacarle de su ensimismamiento.

-Ven a mi lado, chico.

dientes negros
Petit Jean Pierre se volvió hacia el holandés. Éste le observaba con sus malignos ojillos, mostrando aquella sonrisa negra como el alma de un asesino. Sus dientes eran como carbones extraídos del infierno. Su naturaleza no era sucia, sino obscena.

-Acércate a mi lado…

El chico comenzó a avanzar hacia Dientes Negros, irremediablemente subyugado por la voz. La repulsión que siempre le había causado aquel personaje se había incrementado hasta el infinito, pero a pesar de ello era incapaz de dar media vuelta y salir corriendo.

-Justo hasta aquí, hasta mi lado…

Las enormes arañas negras descendían de sus palacios en la techumbre. Conjurada la presencia extraña, el peligro implícito que suponía el pirata, salían de sus escondites. Ahora sólo estaba su amo; él y el chiquillo que seguía su voluntad. Un ejemplar especialmente grande se encaramó al hombro del traficante. Sus patas delanteras se movían ondulantes, como anhelando tocar el rostro del chico, quien se encontraba cada vez más cerca.

-¿Vas a matarme? –preguntó Petit Jean Pierre casi al borde de las lágrimas.

El vello de las negras arañas pareció erizarse al escuchar aquella voz infantil tomada por el miedo. La respuesta de Dientes Negros, por el contrario, no mostró emoción alguna. Únicamente esa peculiar modulación sibilante, suave como un susurro exhalado por un ahorcado.

-¿Cómo podría matar a una araña tan hermosa?

Con el cabello erizado por un horror más allá de lo imaginable, Petit Jean Pierre lanzó su brazo izquierdo, armado con su navaja, directamente hacia el cuello de Dientes Negros. Un agudo chillido llenó la trastienda.


A la mañana siguiente, Lucius Sang-de-fer entró, con una pistola cargada en cada mano, en esa misma trastienda. De su cuello pendía el medallón de oro que el holandés le había dado la noche precedente. En sus ojos se podía leer una determinación: recuperar parte de la mercancía de aquel impío trato.

Al poco rato, la decepción fue el único sentimiento que pudo leerse en sus ojos acerados. Dientes Negros estaba tumbado en el suelo, cadáver, cubierto por una tela de araña tan densa que cualquiera hubiera pensado que era una sábana. En el cuello tenía una enorme picadura supurante, hecha por una de sus arañas.

Al ver al muerto, Lucius Sang-de-fer pensó, acertadamente, que localizar a su grumete iba a resultar muy complicado.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   ¿Y ya está?
27-07-2006 20:29
Oh, un relato que me llama muchísimo la atención (ambientes piratiles y arañas :-) ) y cuando estoy totalmente embuido en la historia. Plof, se acabó.

Espero que haya continuación, yo al menos, pienso seguirla pues creo que quedan demasiados cabos sueltos.
Si hay continuación esperaré a leerla, porque el corte, ahora mismo y suponiendo que la historia tiene más, no me parece adecuado. Es ganas de hacernos sufrir.

Un saludo arácnido.

   RE: ¿Y ya está?
07-08-2006 13:45
¡Demonios!, pues la idea era que terminaba así. ¿No te ha dado miedo? Bueno, la buena noticia será, imagino, que la ambientación sí que pienso seguir utilizándola. Un saludo y muchas gracias por el comentario

   RE: ¿Y ya está?
07-08-2006 14:11
Destripacuentos dijo:
¡Demonios!, pues la idea era que terminaba así. ¿No te ha dado miedo? Bueno, la buena noticia será, imagino, que la ambientación sí que pienso seguir utilizándola. Un saludo y muchas gracias por el comentario


La ambientación y los personajes están muy logrados y sabes que el ataque de las arañas será inminente y ello te pone tenso, pero cuando parece que comienza la búsqueda del grumete y por ello las aventuras en un mundo diabólico y túneles rodeados de arañas malditas, pues se acaba.
Eso sí, buen ejercicio de ambientación y esperaré ese nuevo uso.

Un saludo.




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