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Tierras Baldías (1er capítulo)


Relatos de Fantasía

12-08-2006 11:05
Por: Maundevar

Shyn, un ladrón de la Hermandad de Reshkinar es encarcelado por la guardia de una ciudad tras robar en la casa de un noble. El azar le deparará durante su huida un desafortunado encuentro con las legendarias Tierras Baldías.

Una de mis primeras inserciones en el mundo de la escritura. Busco aquí todos vuestros comentarios y críticas para con ellos conseguir aprender y mejorar.


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“No hay ningún acto que pueda ser denigrante o vergonzoso si nadie te observa mientras lo llevas a cabo, y aún menos si tu vida depende de ello”

Shyn se recordaba internamente aquella frase de su instructor, mientras esperaba de cuclillas a que sus tripas decidieran expulsar aquel objeto. Era la primera vez que recurría al “apéndice salvador”, como lo llamaban sarcásticamente en su profesión, pero fue su falta de serenidad lo que le llevó a esa situación, y ahora no tenía otra salida.
Una punzada de dolor le devolvió a la realidad, y apretando con fuerza los dientes se maldijo por su falta de pericia envolviendo la ganzúa.

Un último esfuerzo y expulsó el paquete. Se subió los pantalones y recogió el objeto cubierto por una envoltura de vejiga de cerdo de la que sobresalía una punta metálica manchada en sangre. Abrió el paquete y extrajo la ganzúa, tanteándola con las dos manos para comprobar que seguía entera. Shyn sonrió. Su cabeza duraría unos cuantos días más pegada a su cuerpo.

El sonido de unos pasos le puso en alerta, y desplazándose al otro extremo de la celda resguardó la ganzúa, mezclándola con la paja que le servía de camastro. Los goznes de una puerta chirriaron y vio iluminarse el suelo de piedra del pasillo que había tras los barrotes de su celda.

-¡Atrás! –gritó alguien oyéndose un golpe metálico–. No me des un motivo para entrar, bastardo. –El hombre siguió avanzando y se paró en la siguiente celda. Por el sonido de sus pasos, Shyn percibió en aquel individuo un caminar descompasado, debido probablemente a una cojera. Tras pararse en cada una de las celdas, el hombre llegó a la suya adelantando la antorcha que portaba.

»Así que tú eres la rata que se atrevió a robar en casa de la condesa –dijo el hombre mientras posaba una gran olla humeante a su lado. Debido a la corriente de aire que salía por una pequeña abertura en el muro de la celda, pronto captó el olor a verdura cocida que provenía de la olla. Tenía hambre, y hacía ya dos días que no probaba bocado alguno.

-Rohn, nuestro verdugo, está un poco viejo, ¿sabes? –dijo mientras rellenaba un cuenco de arcilla con la pasta verdosa de la olla–. Y hace tiempo que no ve muy bien. Él lo intenta disimular, por supuesto. Su empleo depende de ello. –El carcelero llenó el cucharón de nuevo y Shyn no pudo reprimir el impulso de inclinarse hacia aquel olor que, aunque en otras circunstancias habría encontrado repulsivo, en aquellos instantes nublaba su mente por completo.

-¡Vuelve hacia atrás gusano! –gritó lanzándole sobre la cara el contenido del cucharón. Shyn cayó de espaldas al suelo por la sorpresa, y al sentir el fuerte quemazón de la pasta se frotó entre gritos la cara con el camisón de algodón que llevaba puesto. Tras quitarse la crema el dolor fue remitiendo, pero aún le escocían los ojos.

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El carcelero reía a carcajadas mientras Shyn apartaba el sucio y arrugado camisón de su cara enrojecida por las quemaduras. “Maldito tullido” pensó Shyn cegado por la ira, y se avalanzó súbitamente sobre los barrotes de la celda intentando agarrar al carcelero. El hombre reaccionó lo suficientemente rápido como para evitar ser prendido, pero volcó sobre si mismo el cuenco de verdura que tenía en la mano.

-¡Maldito tullido! ¡Abre esta celda bastardo y te llenaré esa bocaza con tus propias tripas –gritó Shyn con los ojos inyectados en sangre.

Los conocimientos de tortura y las sigilosas formas de matar que poseían los ladrones y asesinos de la hermandad de Reshkinar eran bien conocidas en todo el litoral del río Tolarna, y el carcelero sabía que aquella amenaza no era ninguna broma. Se esfumó de su cara cualquier signo de mofa, pero se serenó al recordar que al día siguiente iban ha ejecutar a aquel prisionero.

-Te veo con muchas fuerzas bastardo –dijo mientras se limpiaba los pantalones–. Puede que un día sin comer te serene un poco.

Cogió el cuenco del suelo y junto con el cucharón los tiró dentro de la olla salpicando el suelo del pasillo.

-Como te decía, al viejo Rohn le encanta afilar sus hachas. No solo eso, sino que no deja que nadie las toque, y con lo ciego que está puedes hacerte una idea del estado en el que las tiene.

El carcelero recogió la olla del suelo.

-Al último desgraciado que sentenció tuvo que darle tres hachazos para cortarle la cabeza –dijo mientras sonreía con una mueca sarcástica–. Con el primer hachazo se levantó con medio cuello cortado y gritando como un demonio.

El hombre agitaba los brazos interpretando los movimientos del prisionero.

-Pero puedes estar tranquilo, que después de aquello se decidió atar a los prisioneros a la piedra donde se les ajusticia. –El carcelero acercó la cara a los barrotes–. Es que sino salpicáis demasiado –sonrió, y recogiendo la antorcha se fue por el pasillo por el que había entrado.

“Que los dioses se te coman las entrañas, hijo de mil padres” pensó Shyn mientras se volvía para recoger la ganzúa que tenía escondida en su camastro.

Acercó la cara a los barrotes observando el fondo del pasillo. No había luz alguna y el carcelero se había marchado. Era hora de escapar de aquel lugar.

Tanteó los barrotes hasta encontrar la cerradura. Introdujo la ganzúa y tras alguna prueba fallida, oyó el chasquido metálico del éxito. Aseguró la ganzúa con la cuerda que sujetaba sus pantalones y, tras comprobar el mal estado de los goznes, sujetó con fuerza el peso de la puerta para así evitar chirridos que pudieran delatarle mientras la abría.

Observó de nuevo el pasillo. La oscuridad, como una espesa niebla, ocultaba todo lo que se encontraba a unos pocos pasos de distancia. Aquello le beneficiaba para no ser detectado, pero a la vez le limitaba en sus movimientos.


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Cruzó sigilosamente el pasillo pegado siempre a la pared opuesta de las celdas, evitando que el resto de prisioneros pudieran verle. Al llegar al final del corredor tropezó con otra puerta cerrada, y tanteando su superficie percibió una fría zona metálica atornillada a una base de madera. Aquella puerta estaba reforzada, y su cerradura sería con seguridad mucho más compleja que la de su celda. Se encorvó sobre el ojo de la cerradura para asegurarse de que no hubiera ninguna persona al otro lado. Todo era oscuridad salvo por una luz muy tenue que parpadeaba al final de lo que parecía otro pasillo, y se proyectaba en una de sus paredes iluminando algún peldaño de una escalera que elevaba y giraba el pasillo, formando una esquina hacia otra estancia. Ni un alma vigilando aquella puerta, y sin antorchas que revelaran e iluminaran los pasillos. Aquella prisión era obra de un necio pensó Shyn, pero mejor para él. Si la vida le premiaba con la vejez se dedicaría a diseñar prisiones para algún conde.

Shyn no sabía que ocurrencia le producía más gracia, si la idea de trabajar para un noble, o la de alcanzar la longevidad en su profesión.

Desató la ganzúa de sus pantalones y se dispuso a abrir aquella nueva puerta. Aunque tardó mucho más tiempo que con su celda y a punto estuvo de romper la ganzúa en un par de ocasiones, aquella barrera no logró frenar la experiencia del ladrón. Entreabrió la puerta ligeramente para asegurarse de que ni el más tenue rayo de luz alcanzaba la intensidad suficiente como para iluminar el pasillo de las celdas, ya que de otra forma alertaría al resto de prisioneros.

Todo seguía a oscuras, así que abrió la puerta, cruzándola y cerrándola tras de si, cuidando en todo momento que los goznes no rozaran con sus apoyos. Avanzó con cautela hasta la esquina del pasillo donde descubrió un descansillo que entraba en la pared exterior de la escalera. Allí encontró la olla que llevaba el carcelero y, apoyada en el borde de la cacerola, una enorme rata estaba dando buena cuenta de su contenido.

Con el mayor sigilo posible, fue asomando la cara por la esquina del pasillo percatándose de que la escalera subía lo suficiente como para no ser visto desde la estancia de más arriba. Se agazapó sobre los escalones y con brazos y piernas fue subiendo hasta alcanzar a ver la nueva habitación. Era una pequeña sala iluminada por un par de antorchas que colgaban de una de las paredes, proyectando con fuerte contraste las sombras de una mesa contra las facciones de su cara. Unas sombras que oscilaban luchando contra la fuerza reveladora de la luz.

Tras la mesa y de espaldas a él se encontraba el carcelero sentado en una silla. Estaba encorvado rascándose con vehemencia lo que parecía el muñón enrojecido en el que terminaba una de sus piernas. Un objeto apoyado al lado del carcelero llamó la atención de Shyn. Era una pierna hecha en madera a la que aquel hombre había calzado a imagen de su otro pie. De su parte superior colgaban unas cintas de cuero, con las que se debía asegurar la prótesis al muñón. Con ello disimulaba su deformidad y aparentaba ser un simple tullido.

Debía acercarse hasta él y matarlo rápida y silenciosamente. No era rencor o venganza. Si no fuera absolutamente necesario evitaría correr riesgos, pero anclados en aquella situación Shyn disfrutaría quitándole la vida a ese gusano.

El carcelero cogió la pierna de madera y apoyándola en el muñón fue envolviéndola con las cintas de cuero con una rapidez que mostraba las numerosas veces que había repetido aquel ritual.

Era el momento de actuar. Shyn desató la ganzúa de su cinto y la empuñó con fuerza. En Reshkinar había aprendido a matar hasta con los objetos más cotidianos y pintorescos, y en aquellos instantes la ganzúa era el arma más efectiva de las que disponía. Era necesario un golpe certero en el cuello para ahogar sus gritos en su propia sangre.

Inspiró con fuerza y aguantando la respiración se desplazó rápida y sigilosamente hasta situarse detrás del carcelero. Examinó su nuca y se concentró en el punto exacto donde debía clavarle la ganzúa.

Se avalanzó sobre el hombre tapándole la boca con la mano izquierda y dando una rápida y limpia cuchillada con la ganzúa en el lado derecho del cuello.

El carcelero dio un respingo y aunque Shyn intentó mantenerlo sentado éste consiguió levantarse de la silla. La sangre comenzó a brotar con fuerza de la herida del cuello y Shyn notó en la mano izquierda cómo el líquido carmesí fluía también por la boca del carcelero.

Intentándose quitar al ladrón de encima el carcelero se abalanzó contra un muro de la habitación. El golpe dejó sin aliento a Shyn que, viéndose en dificultades hecho mano de la ganzúa apuñalándolo una y otra vez en el mismo punto del cuello.

El hombre aterrorizado se inclinó hacia delante intentando con las pocas fuerzas que le quedaban huir hacia la puerta que daba al exterior. Pero había perdido demasiada sangre y comenzó a tambalearse perdiendo finalmente el conocimiento y cayendo de bruces al suelo. Shyn se mantuvo sobre él agarrándolo con fuerza hasta que dejó de escuchar los latidos de su corazón.

Había muerto.

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Tenía los dos brazos cubiertos de sangre y la ganzúa se había roto durante la pelea. Shyn se maldijo. Aquello había sido una carnicería impropia de un miembro de la hermandad. No controló la situación, subestimó la fuerza de su contrincante y se dejó llevar por el miedo. Errores imperdonables hasta para un aprendiz.

Cogió la ganzúa y se hizo una herida en el brazo como castigo. Las cicatrices le recordarían su falta de pericia. Tiró la ganzúa al suelo y se puso a examinar el cuerpo del carcelero en busca de las llaves del calabozo.

Hurgando en uno de los bolsillos encontró un pequeño reloj de metal y las anheladas llaves. A simple vista el reloj parecía ser de buena calidad pero no era el mejor momento para ponerse a tasarlo, así que se lo guardó en el bolsillo y hurgando en el enorme manojo de llaves fue hacia la única puerta que había en la habitación. Era una puerta metálica con un pequeño ventanuco enrejado.

Mirando con sumo cuidado a través de la puerta notó el aire fresco de la noche. Era el exterior y la luz de la luna iluminaba una plaza empedrada haciendo que el suelo brillara como si estuviera hecho de fina porcelana. En el centro se alzaba una imponente estatua de Seonas II el grande, antiguo rey de Elesia y conquistador de Batoria, con la espada desenvainada y señalando hacia un punto indeterminado del horizonte.

Al otro lado de la plaza bajo unos soportales había un grupo de tres soldados sentados en una mesa e iluminados por un pequeño quinqué que colgada de una columna. Shyn se quedó parado pensando su siguiente movimiento.

Tenía una idea. Se giró para observar el cuerpo sin vida del carcelero y sonrió un instante. Se acercó a él y comenzó a quitarle la ropa.

Si se hacía pasar por el carcelero ganaría el tiempo suficiente como para poder huir sin que se dieran cuenta. Shyn no era tan alto y corpulento, pero la oscuridad de la noche y la distancia desde donde le verían los soldados disimularía las diferencias.

Tuvo que arremangar las perneras de los pantalones al irle demasiado grandes y se le torció el gesto al notar el hedor que emanaba de la camisa. Una vez vestido observó ceñudo su disfraz no muy convencido de su eficacia, para después dirigir una última mirada al hombre que yacía en el suelo.

Allí estaba ante el cuerpo desnudo y sin vida del carcelero. Había adoptado una posición grotesca, con los brazos por encima de la cabeza, como en un baile demoníaco. Un baile de muerte. Tenía las facciones de la cara en tensión y su piel lechosa daba fe del desangramiento que había sufrido. Sus ojos todavía abiertos, miraban en dirección a Shyn, pero parecían enfocar un punto más lejano, más allá de cualquier horizonte, cielo o estrella del infinito. “¿Qué fue lo último que captó esa mirada?” se preguntó Shyn. La muerte era algo que le intrigaba mucho. No en un sentido de miedo o respeto, sino de simple y mundana curiosidad.

Agitó la cabeza despejando la mente de aquellos pensamientos y echó mano del manojo de llaves. Seleccionó tres que parecían por su aspecto poder ajustarse a la cerradura que tenía delante.

Fue probando hasta que al segundo intento se oyó un chasquido, y la puerta se abrió ligeramente por su propio peso al ceder su sujeción al muro. Shyn bajó la mirada al suelo para cubrir su rostro de sombras y abrió la puerta saliendo al exterior.

Giró en redondo cerrando con llave tras de si. Cuanto más tiempo tardaran los guardias en descubrir el cadáver, más posibilidades tendría de sobrevivir.

Se dirigió caminando hacia un gran arco que daba a la única salida que tenía la plaza.

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Bueno
15-09-2006 13:59
Parece más una presentación que un capítulo en sí mismo. Imagino que va para largo. Si es así, espero que mantenga el nivel de este inicio, francamente bueno.

Un saludo.

   Buena presentación
24-08-2006 10:04
Nos has introducido muy bien al personaje principal. Todavía no sabemos nada de la trama ni del mundo en el que se desarrolla (al principio creía que era un tema medieval, cosa que desmiente el reloj de bolsillo del carcelero, y lo de que un conde tenga mazmorras me intriga), pero ya por la buena redacción y el ritmo de la historia se puede augurar algo bueno. Espero la siguiente entrega

   RE: Buena presentación
26-08-2006 10:07
Gracias Akhul por el comentario.

Esperaré a ver vuestros comentarios en el siguiente capítulo por el tema del mundo en el que se desarrolla. Si sigue sin quedar claro tendré que pulir este comienzo.

Ciertamente no es medieval. Es un mundo que podríamos aproximarlo al S. XVI. La "tecnología", o mejor dicho, la ciencia comienza a influir en la sociedad. Las primeras pistolas y arcabuces, los relojes de bolsillo, los pomposos bullones acuchillados, los primitivos cañones...

La cárcel no pertenece a la condesa, es la cárcel de la ciudad. La ciudad la gobierna ella, pero la prisión alberga delincuentes no sólo que le hayan afectado a la condesa, sino a toda la urbe y su territorio anexo.

En realidad estas aclaraciones no debería darlas, el cuento en si tendría que suministrar esa información, y demostrado está que esta primera entrega no lo consigue (me centré completamente en el personaje). Creo que el 2º capítulo aclarará ese apartado.

Pero bueno, esta era la idea que tenía: aclarar los fallos, arreglarlos y aprender de ellos. Gracias de nuevo Akhul.

Un saludo.

   AHHH... porque le di a Visualizar!
19-08-2006 00:36
Bueeeno... ...se me ha borrado lo que había escrito.

Me ha venido que ni pintada la web esa, gracias canijo.

También os agradezco, Dunedain 13 y freaktale, vuestros comentarios y ánimos. Me ayudará a seguir dándole a las teclas.

Y sobre la cantidad de veces que lo tuve que repasar, pues la verdad es que no se si fue mucho o poco, ya que tampoco tengo muchas referencias en las que basarme. Si lo comparo con el otro relato que hice, pues puede que un poco menos, debido a que le vas pillando el traquillo, y sobretodo, se te quita el miedo a escribir mal.

"El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura" :-D Me gusta mucho esa frase.

Y bueno, ahora que ya ha llegado el fin de semana, a ver si tengo tiempo de comentar los relatos que hay por aquí. Que esto tiene que ser un toma y daca o sino no funciona bien :-)

   RE: AHHH... porque le di a Visualizar!
28-08-2006 13:02
Pues ya estás tardando, socio...

   Gracias por los comentarios!
19-08-2006 00:25
{message_hidden_body}

   ok, elaborado...
18-08-2006 17:53
Coincido con freaktale, parece un relato muy minucioso y cuidado en su forma y expresión, "arte, chaval" jeje. Realmente bastante bien a ver lo que viene ahora. (realemnte te tengo envidia, estas muy por encima mía) Dicen que el que no vale para director se hace crítico...tu desde luego vas a dirigir. Me interesa sobre tdo el tratamiento de las miradas del personaje y la correlación de pensamientos-acciones en tiempo real. Parece de novela!mirare la url esa, me intereasa mux aprender!jeje.muy bien macho.

   Agradecida dosis de motivación!
15-08-2006 13:07
Muchas gracias por el comentario. Ciertamente éste es el segundo relato que hago en mi vida. El primero pasó sileciosamente (como no podía ser de otra forma :-D ) por un concurso de relatos breves.

Eso sí, tengo que comprarme algún libro de gramática para el tema de los diálogos, porque quien fuera el que lo colgara en la web, corrigió los espacios de los guiones (agradecido estoy ;-) ). Yo puse espacios donde no había que ponerlos y los quitaba donde debían estar :-O

Sobre el cómo continuará, tengo la siguiente entrega preparada, y espero que os guste tanto como este inicio.

   RE: Agradecida dosis de motivación!
31-08-2006 00:09
Me ha gustado bastante, espero que la siguiente entrega mantenga la calidad literaria pero que también nos dé a conocer más cosas, no sólo del protagonista.

   RE: Agradecida dosis de motivación!
15-08-2006 19:50
Aquí tienes unas pautas que coinciden con lo que te encuentras en gran cantidad de literatura impresa:
http://axxon.com.ar/t-guionado.htm
Son las mismas que me tomé la libertad de usar para tu texto.

   Buen material
12-08-2006 11:59
¿Una de tus primeras inserciones en el mundo de la escritura? No lo parece, ciertamente. El desarrollo de todo este inicio está muy bien, y parece que el autor lleve ya cierto tiempo dándole a las teclas.
A partir de ahora todo puede pasar: desde que nos sorprendas con una historia original e interesante, hasta que caigas en los típicos tópicos tan al uso en estos argumentos. Todo depende de ti, pero de momento muy bien.

   Increíble
15-08-2006 18:38
Si es verdad que es de lo primero que escribes, ¿cuantas veces lo has revisado antes de decidir que era definitivo? Parece hecho muy cuidadosamente.




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