Un segundo, una vida |
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27-06-2007 14:57
Por: Nachob
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Cada pecado lleva su penitencia
No es por algo ético, ni religioso. Es sencillamente algo físico, un mero proceso de acción - reacción. Uno no puede escupir al cielo y esperar que, más tarde o más temprano, la saliva no le vuelva al rostro.
Preámbulo
Resulta sorprendente cómo puede cambiar la vida en un segundo.
Decenas de personas viajaban en aquel avión de vuelta de sus vacaciones. Morenos y sonrientes, bromeaban e intercambiaban divertidas anécdotas ocurridas durante esos días de asueto, comentarios jocosos y socarrones sobre otros pasajeros, o jugosos besos de recién casados. En la zona turista, un grupo de exaltados veraneantes, colorados y sobreexcitados, montaban bulla ante la impotencia de las azafatas y la mirada indulgente del resto del pasaje, a quien el reciente descanso mantenía más relajado y condescendiente de lo habitual. Únicamente una pareja mostraba su enojo de forma evidente, contrariados no sólo por tener que soportar la exultante algarabía de aquellos jóvenes, sino fundamentalmente porque por un error de la agencia se habían visto obligados a viajar en segunda clase en vez de en primera como hacían habitualmente.
Así permanecían con gesto adusto, muy dignos sentados en sus butacas, procurando evadirse y contener su creciente disgusto, forzados a convivir con aquella alborotada y grosera “clase media”. El marido, un sesentón elegante y distinguido, miraba constantemente por la ventanilla, buscando distraerse con un paisaje limpio que sólo le devolvía dos tonalidades uniformes de azul, mientras ella, una atractiva dama ya entrada en la cuarentena, mantenía la compostura observando con pose sofisticada un punto inconcreto del interior del avión. A su lado, completando la fila de tres asientos, se hallaba un joven de aspecto deportivo y vigoroso, más refinado de lo que suele ser habitual en los de su edad, y que no tenía mayor recato en dirigir seductoras y significativas miradas a su compañera de asiento. Ésta se mantenía distante y ajena, acostumbrada a causar ese efecto en los hombres de su alrededor. Sin embargo, íntimamente no podía disimular su satisfacción y sentirse halagada, pues se encontraba en esa fatídica edad en la que inevitablemente se iba encaminando a un creciente estado de invisibilidad para el otro género.
En definitiva, nada anormal. Sólo un día más en el mundo. Sólo cuitas corrientes e insignificantes. Sólo la felicidad o desdicha que arrastramos habitualmente, según nuestra pericia o tendencia. Hasta que en un segundo, todo desaparece.
La nave atravesó una zona de vacío indetectable, e inicio un descenso en picado ante la falta de aire que la sostuviera. Algo que, aunque no muy común, es un riesgo habitual en ese tipo de vuelos. Sin embargo, éste fue especialmente largo e intenso. Los pasajeros que en esos momentos no llevaban puesto el cinturón, salieron despedidos contra el techo y se golpearon con brusquedad. Los que sí lo llevaban, notaron cómo su estomago se encogía y se elevaba presionando su tórax. Y todos, tras el primer momento de sorpresa, sintieron miedo. Todos notaron lo fútil, imprevista y delicada que es la vida, y el escaso control que tenían sobre sus destinos. Todos perdieron esa falsa sensación de seguridad y de dominio sobre su existencia que la mente humana caritativamente se otorga a sí misma, y el niño pequeño que habita en su interior se exteriorizó lleno de pánico.
E, inexorablemente, todos compartieron la imperiosa necesidad de agarrarse a alguien, de notar la presencia de otro ser humano a su lado. En esos momentos de incertidumbre y temor, necesitaron sentirse menos solos, e instintivamente, sin pensarlo, se aferraron a aquello que tenían más cerca. Los novios se abrazaron, las madres sujetaron a sus hijos, los amigos se dieron la mano. No importaba si segundos antes estaban discutiendo, o si la relación estaba deteriorada o casi rota. Ante el misterio de la vida y la muerte, todo desapareció salvo lo más básico. El acaudalado matrimonio, a pesar de su pose aristocrática y desdeñosa, fue uno más y al instante se enlazaron inquietos. Y el joven que cerraba la fila, y que no tenía a nadie a quien asirse, no pudo evitar el gesto inconsciente de sujetar la mano de su compañera de asiento, quien no la rechazó. El terror existencial a la nada une más que cualquier otra cosa. Y así, los tres quedaron fundidos por un lazo de emociones elementales e incontrolables. Todos necesitamos en un momento dado a alguien con quien compartir nuestra angustia.
Cuando medio minuto más tarde el vientre volvió a su sitio y los que tocaban el techo cayeron con igual rudeza al suelo, a sus lastimosos quejidos se unieron enseguida los suspiros de alivio y las primeras bromas, una vez exorcizado el peligro. Todo había sido una falsa alarma, y aunque algunos conservaron cierta sensación de fatalidad e incluso se permitieron pensamientos filosóficos sobre el sinsentido de la vida y la insignificancia del ser humano, al poco el susto acabo en anécdota. Excepto por el dolor de las lesiones producidas, el único efecto que quedo del incidente fue un cierto desasosiego que se mantendría hasta el aterrizaje.
Salvo en el grupo formado por la pareja y el joven. Tras los primeros comentarios joviales con los que se buscaba soltar la tensión, llegaron las presentaciones. Y de un modo sutil y casi inocente, la mano del cordial joven permaneció más tiempo del imprescindible o justificable en la de la mujer. Mucho más.
Ramón
Cómo llegó Ramón a ser lo que era siempre había constituido un misterio para él, como tantas cosas en su vida. En realidad, existen tantas causas conexas y desconocidas de lo que nos pasa, que la mayor parte de las veces somos incapaces de encontrar una explicación única y plausible para justificar nuestras tribulaciones y aconteceres. Así que Ramón no sabía a ciencia cierta cuándo empezó a vivir de las mujeres, ni cómo había adquirido su habilidad para seducir a maduras acaudaladas. Tampoco eso le quitaba el sueño. A Ramón le pasaban las cosas y él no se preguntaba por qué, o cómo. Simplemente, se dejaba llevar.
Tal vez la esmerada educación que le proporcionaron sus padres contribuyera a hacerle atractivo a ese tipo de señoras, unida obviamente a su imponente aspecto físico. Era lo único que tenía que agradecer a sus progenitores, que por otro lado apenas le prestaron otra atención que no fuera la más cruda indiferencia. Nunca se había sentido querido por aquellas personas extrañas que le recluían una y otra vez en caros y exclusivos internados, y a los que únicamente veía de cuando en cuando para comprobar que sólo sabían discutir entre sí. Se aborrecían mutuamente y por extensión a él también. En cambio él no les llegó nunca a odiar, aunque tuvo motivos para ello. Simplemente, se adaptó a las circunstancias y se acostumbró a vivir la vida tal como le llegaba.
Así se dejó arrastrar con indolencia de colegio en colegio, de ciudad en ciudad, siguiendo la carrera profesional de sus padres, sin cuestionarse ni ansiar nada. En el fondo, ellos le consideraban poco más que un lamentable error de juventud que les había condicionado la existencia, condenado a permanecer juntos contra su voluntad, e impedido poder ser felices de verdad. Así que con cada traslado simplemente buscaban otro establecimiento, lo volvían a internar, y se aislaban de nuevo en el trabajo, el alcohol, los amantes o cualquier otra droga a la que podían tener acceso.
Ni siquiera cuando contrajo una dolorosa enfermedad le llevaron a casa, si es que esa palabra podía tener un sentido para él. Simplemente salió de una institución para pasar a otra, un sombrío hospital donde permaneció años sufriendo horribles padecimientos sin que la medicina supiera como aliviarle, y en los que apenas recibió visitas. Eso sí, fue examinado y explorado por innumerables doctores, atraídos tanto por la curiosidad de su espantosa y rara dolencia, como por el dinero con el que sus padres trataban de acallar su mala conciencia.
De esa época sólo le quedó el recuerdo de uniformes blancos revoloteando a su alrededor, la figura de una veterana enfermera que le trató con cariño, y, sobre todo, un pavor compulsivo al dolor. No podía soportarlo. Ni siquiera podía pensar en él.
Cuando por fin se recuperó, sus padres le devolvieron sin más a un instituto, hasta que, al cumplir la mayoría de edad, escuetamente le indicaron que debía irse. Recibió algo de dinero, y la comunicación de que ya era un hombre y debía buscarse la vida por sí mismo. Cogió sus maletas y salió de allí como había entrado. Se acomodó en el primer hotel que encontró, y allí espero, no sabía bien qué. Pronto descubrió que sin dinero ni oficio es difícil sobrevivir, y por un momento sintió una punzada de miedo, ante la que no supo como reaccionar. Durante toda su vida le habían dicho qué tenía que hacer, y ahora que no tenía a nadie que lo hiciera, se sentía desamparado y huérfano. Siguió cumpliendo con las rutinas que había adquirido en las distintas instituciones donde había estado, adoptando el estilo de vida de un joven de familia acomodada y ociosa.
Y entonces sucedió. Sentado en una terraza del principal paseo de la ciudad, con su aspecto de apuesto universitario de clase alta, dejando pasar el tiempo como tantos días atrás simplemente contemplando las palomas y el ajetreo de los demás, se percató sorprendido de que en la mesa de al lado unos ávidos ojos no le quitaban la vista de encima. Una elegante y madura dama con una espectacular pamela y unas enormes gafas de sol plagadas de diamantes le sonreía sugestiva. Tardó unos instantes en comprender lo que ella pretendía. Pero era atractiva, y rica, como las madres de antiguos compañeros que antaño le sedujeron aprovechándose de su indefensión y propensión hacia las figuras paternas. Le devolvió una amplia sonrisa, y, acuciado por la necesidad, tuvo por fin una iniciativa. Se levantó y se acercó a su mesa donde se dejó invitar y puso en práctica todo el encanto juvenil del que era capaz.
Horas más tarde, se dejaba comprar ropa en una renombrada tienda del centro, y descubría su mejor talento. Tal vez, su único talento.
Susana
Susana consideraba que no había muchas oportunidades para una chica de barrio como ella. Probablemente, sólo encontrar un buen hombre con el que compartir estrecheces y calamidades. Tener hijos y dejarse estropear día a día viendo seriales y programas del corazón en la tele. Mantener pequeñas ilusiones que disimulasen la patética realidad, y acabar convertida en una réplica de lo que más aborrecía del mundo: su propia madre.
Si además no se poseía inteligencia, voluntad o suerte, quedaban pocas esperanzas. Susana se miró un día en el espejo, y supo que si no tomaba una decisión, jamás podría escapar de aquellas viviendas minúsculas y sobreocupadas, ni de aquellas miserables y peligrosas calles, ni de aquellos patios sucios donde la basura se acumulaba en las esquinas, los niños jugaban con perros sarnosos y de vez en cuando el hijo de una vecina aparecía muerto con la jeringuilla aún clavada en el brazo. Se contempló desnuda de arriba abajo, y pensó que sólo tenía algo de lo que podría sacar provecho. Era guapa. En realidad, era muy guapa.
Como una extraña flor que surge inesperada en mitad de un basurero, ella había aparecido en aquel vecindario de pintadas y desesperanza. Desde niña ya destacaba entre sus amigas por su altura, su porte y una serena belleza que llamaba la atención por donde quiera que fuera. Pronto supo que ese don estaba envenenado. Su hermosura era un reclamo para los bajos instintos de todos los hombres de su alrededor, incluidos los de su propia familia. Y que tampoco podría buscar refugio o esperar complicidad entre las mujeres. Ellos la veían como una presa y ellas, incluida su madre, como una competidora.
Así que pronto aprendió a aislarse, y a buscarse la vida por su cuenta. Nunca tuvo amigas o compañeros. Sólo se le acercaban con envidia o intenciones lascivas. Ni la perdonaban por ser diferente, ni veían en ella más allá de su cuerpo. Pero, casi por intuición, supo que si se dejaba arrastrar por la desesperación y caía en sus garras, ya nunca se levantaría. La destrozarían por dentro y por fuera, sacando lo que pudieran hasta que deshecha ella misma se convirtiera en solo un desperdicio más.
Aprendió a beneficiarse de su única cualidad, evitando a las otras chicas y administrando sus encantos con los varones. Pronto se percató que no era dando ni otorgando favores como podría obtener lo que deseaba de ellos, sino fomentando su ansia, su pasión. Sugiriendo y prometiendo pero nunca concediendo. Un juego cruel y peligroso. Con la astucia que da la necesidad y la rabia, empezó a tomar parte de una competición maldita en la que no siempre ganaba, pero que, poco a poco, y cuanta más experiencia adquiría, más lejos del suburbio la llevaba.
Sin embargo, en ese viaje siempre estuvo sola. Sola se equivocó y sola se levantó. Sola pasó de un hombre a otro, y sola se quedaba por las noches cuando volvían a sus legítimos hogares. Sola tomó cada resolución en su vida. Y sola se sentía cada mañana al mirarse al espejo. Inmensamente sola.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Darthz |
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08-08-2007 01:31 |
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Me encanta la idea, la reflexión casi continua: lo que mismamente reza el título: un segundo, una vida. Lo que vuela la imaginación con esta frase, y lo que vuela con la reflexión que expones y que incluso argumentas y racionalizas. Lo malo: podrías haberlo hecho mucho mejor.
Yo aquí voy a actuar un poco como la voz más "mala" de la conciencia, puesto que no me ha gustado tanto como a los que aquí abajo suscriben. Me parece, como a Akhul (creo que ha sido con el que más me he identificado en pareceres) un tanto vacua y superficial, al contrario que a Manheor. Me parece que no es de tus mejores, por supuesto, y que el relato es bastante flojo en muchas ocasiones, para su larga extensión. Tiene momentos buenos, pero muy pocos; además de que la prosa parezca pulcra y detallada, como suele ser en ti, incluso esto te lo lastra los consecutivos fallos que siempre te veo en cuanto a acentuación (lo cual, por cierto, no entiendo por qué no corriges, deberías -consejo de amigo- mirar por qué se te dice que fallas ahí y, simplemente con ese gesto, mirando por qué te equivocaste y leyéndolo, se te quedará grabado a fuego para la próxima vez que lo escribas).
Sí, los personajes están muy bien creados, y es otro de los puntos fuertes que le veo al relato. La viveza de sus protagonistas: los claroscuros, ya que todos sabemos que ni existen los malos ni existen los buenos. Eso me ha gustado mucho, e incluso en ciertos momentos del texto, a medida que iba saboreándolo (no creas que todo es malo, he disfrutado, no me ha resultado tan aburrido como pueda parecer mientras te digo todas estas cosas), creí que intentabas jugar a hacer un relato del tipo: narrador omnipotente-dios, el cual, analizando puntos breves de la humanidad, hace reflejar lo insignificantes y miserables que somos al ser humano con sus historias y esos momentos fugaces (segundos, vidas).
Pero no me terminó de enganchar; a pesar de que no se me hizo difícil la lectura (salvo por las continuas faltas y algunas frases que me rechinaron; además de que, como ya te comenté, me parece que últimamente no cuidas tanto la expresión de tus redacciones, en cuanto a nivel estilístico, por ejemplo).
También, al igual que Polgara, me pareció (no fuera de lugar) algo inconexo el preámbulo con lo que luego se cuenta: incluso creí que al final pondrías un epílogo explicando algo más del prólogo.
Y eso es todo por hoy, amigo.
Espero que mis consejos puedan ayudarte, pues es con la única intención con la que van.
Una sonrisa.
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RE: Darthz |
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08-08-2007 17:58 |
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Gracias Darthz por el comentario.
Se trata de un texto difícil de un estilo que no suelo utilizar, y por ello es mucho más experimental que otros. Y también por eso mismo más ambicioso.
Ya comenté un poco el porqué del preámbulo, que por supuesto es prescindible, pues es casi meter un relato en otro. Sin embargo, quise hacerlo así un poco experimentalmente. El resultado tiene sus luces y sus sombras.
En cuanto al problema de los acentos, aparte de un pequeño problema mío, que trato de solventar con el diccionario al lado, ha sido un pago que he tenido que hacer en aras de la prontitud de la publicación, dado que si te fijas en dos meses he publicado 5 relatos, algunos de buen tamaño. De alguna manera he tenido que sacrificar en ellos un poco de las revisiones habituales, pero lo he tratado de hacer lo mejor posible. En todo caso creo que son errores que no dificultan la lectura, y que trataré de solventar más adelante. Ten en cuenta que los relatos están publicados antes que recibiera vuestras críticas sobre las faltas, por lo que no es que no os haya hecho caso.
Me alegra que al menos en parte te gustara. Quería trabajar los personajes, y creo que no han quedado mal.
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muy bueno |
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06-08-2007 01:19 |
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Leo mucho, y pocas veces he sentido la necesidad de terminar un relato que he empezado y no he podido acabar (esta vez porque las vacaciones han estado de por medio).
Por eso, porque después de un mes de haber comenzado a leer la historia "necesitaba" terminarla, ¡y porque aún me acordaba de lo que contaba!, te doy la enhorabuena.
No me importaría que siguieras escribiendo en este estilo...jeje.
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RE: muy bueno |
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06-08-2007 08:29 |
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Pues la verdad es que es todo un halago. Muchas gracias por leerlo y comentarlo. Y espero que hayas disfrutado de las vacaciones. Un saludo.
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una historia bien contada |
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10-07-2007 23:40 |
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Al principio no he podido evitar en la serie "Perdidos", que tanto me ha enganchado: el avión, la isla... Ramón me ha recordado mucho al personaje de Sawyer. No sé si es casualidad o si eres otro "lostadicto".
Pero esa primera impresión ha desaparecido con el desarrollo del relato, a medida que se van incluyendo elementos originales. La presentación de los personajes y, sobre todo, la interacción entre esos personajes son bastante notables. Aunque la historia de un triángulo amoroso es la historia más vieja del mundo, o eso dicen, no por eso deja de ser una historia bien contada y con eso ya has cumplido con tres cuartas partes de lo que necesita una historia. El relato no puede ser más de ese estilo del que hemos hablado en el foro.
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RE: una historia bien contada |
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11-07-2007 08:42 |
Gracias compañero por el comentario.
La verdad es que no soy losadicto, y de hecho es una serie que no me gustó (esto creo que es pecado, ¿no?). Para una persona a la que le gustan las historias con principio y final, esta moda moderna de dejarlo todo abierto, de insinuarlo todo, de abrir nuevas brechas argumentales continuamente sin cerrar otras en base a la captación de audiencia, me parecen un pequeño fraude. Aunque no soy taurino, si tengo muchos amigos que lo son y de ellos he aprendido que lo díficil pero realmente importante es como rematar la faena (creo que incluso hicieron un concurso para determinar como acabarla, lo que indica que, en primer lugar se han apuntado a la moda de sacar dinero de donde se pueda con prácticas colaterales, y en segundo, que cuando empezaron no sabían lo que querían, lo que me parece una falta de respeto... Empezar una historia con intriga es relativamente fácil. Rematarla consiguiendo que el receptor diga '¡caray!', es lo meritorio).
Y después de este panfleto  , comentarte que he intentado hacer algo distinto, mas centrado en la forma, la estructura y el argumento que en la intriga o la emoción. Y es que hay que ensayar para aprender.
No he acabado de comprender bien ¿qué comentarios del foro?, estoy un poco 'pérdido'.
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Correcto, pero poco más |
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27-06-2007 15:00 |
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Me temo que no he encontrado en este relato tu chispa habitual. Creo que para la extensión que tiene es demasiado expositivo, y lo que expone es demasiado clásico. Creo que le ha faltado algo más de gancho.
La cosa es que lo tenías ahí: el leit motiv del segundo marcando una vida era una buena herramienta, pero no lo has usado el suficiente. Dado que la tragedia se mascaba desde el principio, creo que podrías haber atornillado un poco más al lector.
Al menos, ésa es la impresión que he tenido.
No obstante, y a parte de la crítica, que sepas que el texto sigue teniendo puntos fuerte: prosa amena, bien expuesto y buen ritmo. Es un buen relato, pero no tan bueno.
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RE: Correcto, pero poco más |
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27-06-2007 16:48 |
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Sin riesgo no hay avance.
Sé que es arriesgado realizar relatos distintos a los habituales y tratando de entrar en campos nuevos. Ademas no es el tono habitual de la página lo que tambien le lastra.
En todo caso es un relato para ser leido con tranquilidad, sin esperar sorpresas, solo tratando de comprender y degustar.
Pero ya sabes que estos relatos más emotivos y sosegados no me acaban de cuajar. Por eso los lucho más.
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RE: Correcto, pero poco más |
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27-06-2007 21:21 |
No me he podido resistir a la tentación de retocar un poco la parte del final.
Espero que los matices introducidos palíen un poco las críticas, siempre certeras y bienvenidas, de Akhul.
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Rosa Oscuro. |
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28-06-2007 12:29 |
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Bueno, la verdad es que la redacción y el ritmo es increiblemente bueno. Has conseguido darle una profundidad genial a los personajes y les has armado con motivos mas que suficientes para todos y cada uno de sus actos. Por eso ENHORABUENA.
El tema, como he dicho en el título, es de un rosa oscuro que asusta y si no fuera por la profundidad de los personajes me los imaginaría venezolanos, jeje.
Lo único reprochable es que, practicamente desde el principio, intuyes que ahi no se va a salvar ni el apuntador. Eso es de doble filo, por un lado lo lees mas pausadamente, disfrutando de cada genialmente construido parrafo, pero por otro pierdes interés de cara al final.
Mención especial para el incio en el avión. Como has descrito la situación, los momentos... Me ha encantado.
En cualquier caso demuestras cada día una habilidad extraordinaria. ENHORABUENA de nuevo.
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RE: Rosa Oscuro. |
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28-06-2007 14:09 |
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Muchas gracias por tu comentario.
Realmente el hecho de que se produzcan distintas opiniones es bueno porque te ayuda a tener puntos de referencia.
Es un relato un poco distinto de los que suelo hacer, y en ese sentido si que trato que no pese tanto el final como lo que lleva a él. Como bien comentas, se sabe que la cosa no va a acabar bien. Pero es el camino lo que me interesa.
Puede que los personajes resulten un poco tópicos. Pero mi objetivo es que sean tan tópicos como, en el fondo, somos en realidad la gran mayoria de seres humanos.
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El final |
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30-06-2007 17:29 |
La historia me ha atrapado como cuando la leí por primera vez, me encanta la estructura (esto te lo dije ya ¿no?) y el personaje de Susana gana muchísimo con este nuevo final. Es redondo. Los otros dos también ganan mucho. Se pierde el tono "moralista" que le habías dado en la primera versión y profundizas más en los personajes, se ve que lo comprendes y no que los ves desde fuera.
Como fallo, el prólogo me sigue rechinando, lo veo fuera de la historia, que no se integra con el resto, aunque es necesario para presentar a los personajes y no veo bien que lo suprimas.
Voy ahora a leerme el de los mirlos
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RE: El final |
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30-06-2007 18:57 |
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Muchas gracias Rae, la verdad es que vuestros consejos me han servido de mucho. La idea del principio es reforzar la idea del segundo que cambia una vida, que reaparece al final. Un segundo les une y en segundos todo desaparece.
Pero es verdad que el prologo desarrolla una idea que tuve para un relato, y le da demasiada entidad para ser solo la cabecera de otro. Podría obtener el mismo resultado con un pañuelo que cae y el joven lo recoge...
Pero también quería empezar con intensidad.
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Tu mejor trabajo pero... |
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29-06-2007 18:59 |
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Me he emocionado profundamente con este relato, por momentos realmente has llegado lejos en el complicado arte de dar vida a un personaje más allá de los tópicos y los clichés que puedan configurar su papel narrativo. Sí una descripción vaga, torpe y superficial, podría decir que en este relato se cuenta, simplemente, la historia de un joven playboy, una buscona a la caza de fortuna y un viejo adenirado y solitario.
Pero no, no se sienten en ningún momento como máscaras al servicio de una historia (reproche que, a veces, he manifestado tener con tus relatos), se sienten vivos, respiran. Y la elección de la estructura narrativa no puede ser mejor. Parece imposible, una vez leída la historia, escribirla de otra manera.
En cuanto a tu técnica literaria creo que has alcanzado tu nota más alta en tu estilo hasta ahora. Se nota que ya te conoces, sabes como te vuela la pluma, a que terrenos llevar tu prosa y como transmitir el argumento de forma efectiva con tus "armas" literarias. Estas son, contención en la forma, ritmo vivo en la narración y un enfoque limpio sobre la historia y sus personajes que se rompe en el pero que le encuentro a tu relato.
Por respeto a quienes no lo han disfrutado prefiero comentártelo por mail. Un saludote muy fuerte. Me ha encantado.
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RE: Tu mejor trabajo pero... |
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30-06-2007 19:02 |
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Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado.
Imagino que cuanto más se escribe y se trabaja más se aprende. Y a pesar de que me llameis clásico normalmente intento hacer cosas distintas, aunque con distinta fortuna.
Qué curioso como el mismo relato puede gustar a uno y a otros menos. Pero es lo maravilloso de los seres humanos, que somos distintos. Incluso creo que puedo conoceros un poco por vuestros comentarios, y como a traves de ellos se reflejan vuestras preferencias y gustos.
Como diria el amigo D. Sonrisas agradecidas
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Muy buen trabajo |
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28-06-2007 22:46 |
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Escribir textos costumbristas creo que es una tarea dificil, porque hay que lograr la ambientación adecuada, desarrollarla y porque a diferencia de otrso géneros recae más peso sobre el ambiente y el tema que sobre la velocidad de la trama, lo trepidante de la historia o la originalidad. Situas costumbres y no escenarios fantásticos. Por eso no hay duda que este relato es muy distinto de otros tuyos que he leido, pero ni mucho menos es inferior. Has conseguido recrear un ambiente decadente e intimisma, de alta sociedad aburguesada y retirada del mundo llano. Me parece un trabajo excelente. Desde luego hay fragmentos que son de simple, digamos, conduccion en los que nos paseas de un punto a otro y hay momentos autenticamente fuertes, entre los que destaco el parrafo final, la descripción de la afinidad entre Ramón y Vicente y la frase "Mientras tuvo fuerzas, no dejó de llamar a sus padres." que encaja perfectamente con el personaje y con el momento.
Además me gusta el estilo de separación por personajes (Que ya usaste en Cerezos en Flor) , me gusta el efecto.
Por señalar un punto oscuro, más de gusto personal que otra cosa, las frases :<i>Qué vería Susana veinte años más tarde en los ojos limpios y azules de Ramón. Por qué se dejaría coger la mano más allá del tiempo imprescindible para recuperar el ánimo y la tranquilidad.</i> Yo las hubiera puesto en interrogativo más que en enunciativo.
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RE: Muy buen trabajo |
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29-06-2007 10:57 |
Muchas gracias Pedro, me anima mucho ver que te ha gustado, sobre todo porque eres el que me va a hacer la introducción al mismo.
Es verdad que emplee la misma estructura que en cerezos. Creo que se presta muy bien cuando quieres contar relaciones entre personas.
La verdad es que la critica de Akhul y Rae me hizo darme cuenta de algunos defectillos y darle más consistencia al final.
Es lo bueno de contar con gente como vosotros.
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RE: Muy buen trabajo |
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29-06-2007 12:18 |
Nachob dijo: Muchas gracias Pedro, me anima mucho ver que te ha gustado, sobre todo porque eres el que me va a hacer la introducción al mismo.
Es verdad que emplee la misma estructura que en cerezos. Creo que se presta muy bien cuando quieres contar relaciones entre personas.
La verdad es que la critica de Akhul y Rae me hizo darme cuenta de algunos defectillos y darle más consistencia al final.
Es lo bueno de contar con gente como vosotros.
Pues si  , Yo he tenido la suerte de leer ya la versión retocada, con las aportaciones de Akhul y Rae incluidas, seguro que ha ganado mucho. Es lo bueno de publicar de esta forma, las críticas y aportaciones te ayudan a mejorar el relato.
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