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Dios bendiga América


Relatos de Ciencia Ficción

04-12-2007 14:26
Por: Solharis

En un futuro cercano, EE.UU. no es más que un país en decadencia habitado por yonquis y productores de porno y teleseries. Pero el poderío norteamericano está a punto de despertar...

El pueblo que renuncia a su libertad para conseguir más seguridad no merece ni la una ni la otra y acabará perdiendo ambas - Benjamin Franklin, ilustrado y político norteamericano.


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-Pero, Luis Alfonso, vos no podés abandonarme ahora. Nunca me amaste de veras.

-Y ahora veamos el ranking de los vídeos caseros más divertidos de América.

-Estoy caliente porque soy una viciosa. Dame más, por favor… Así, metémela más adentro, me gusta....

-¿Es que vos no entendés que ya no te amo? Porque sos una víbora cruel, Ana Lucía.

-Finalmente “Perro mordiendo a niño” ha sido elegido vídeo más divertido del año. ¡Tronchantes los chillidos del crío!

-¡Más! ¡Ahh, quiero más! ¡Ahhh! ¡Metémela más adentro…!

-América ya no es lo que era –murmuró el viejo en voz alta, entre la cacofonía de los distintos televisores, con inmensa y contenida melancolía en la voz y en el rostro arrugado, en la mirada perdida y en las manos huesudas y temblorosas que caían sobre el reposabrazos de un sofá del que se habían desprendido algunos trozos de la tapicería. Hasta su sombrero tejano olía a viejo y a rancio, como él, como la otrora gloriosa bandera de los Estados Unidos de América que cubría con sus trece barras y cincuenta estrellas un desconchado en la pared.

-Éste fue un gran país… -susurró-. ¡Vaya que sí lo fue! Todo el mundo tenía en cuenta a los Estados Unidos de América. Nosotros éramos los guardianes el mundo libre. Qué tiempos aquellos… Sí, señor, qué gran país…

“Ahora esto es un país de vagos y de indecentes, de yonquis y de maricas. Un país de fracasados. Todo se cae a pedazos y se desmorona como este apartamento de mierda…

Calló y siguió tragándose su odio, amargo jarabe que le permitía sobrevivir a la rabia y a la desesperación. Hacía dos semanas que no había tomado las pastillas después de decidir que no volvería a tomarlas nunca y que soportaría con estoicismo el insomnio y los temblores. A veces a los ancianos les faltaban otros medicamentos pero no las pastillas antidepresivas que el gobierno proporcionaba a raíz del programa Medicinas Para Nuestros Mayores. Bien sabía él que no tenía más que tragar una pastillita y un rato después estaría durmiendo feliz, soñando quizás con águilas de cabezas blancas que sobrevolaban con la envergadura de sus alas los desfiladeros del Gran Cañón del Colorado…

Resultaba difícil dormir sin las pastillas, más con el volumen constante de los televisores de los vecinos. No había apartamento en el que faltaran dos o tres buenos televisores de plasma con altavoces, aunque sus propietarios vivieran endeudados hasta las cejas. Podía oír al mismo tiempo los gemidos de la película porno que echaban en la televisión pública, los estridentes chillidos de unos dibujos manga subtitulados o los brillantes diálogos de una serie protagonizada por universitarios que compartían apartamento. Ah, ésas eran las dos grandes industrias de los Estados Unidos: el porno y las teleseries. Hacía veinte años que Microsoft había sido adquirida por la mastodóntica Shangai Chips Corporation y del resto de las industrias era mejor ni hablar. Hasta Hollywood hacía tiempo que no era más que una atracción turística: la meca del cine actual se encontraba en Bollywood, entre los mil trescientos millones de indios…

Bien, podía ser que no quedaban más industrias para su país que el porno y las teleseries para cuadrar el déficit comercial, que no hubiera otra fórmula con la que sanear la macroeconomía del país, pero él estaba más que harto de los putos vecinos y sus televisores funcionando a pleno rendimiento todo el día. Los dejaban encendidos al irse a sus trabajos y así se los encontraban al volver, ahorrándose la molestia de tener que encenderlos. Además era una forma como cualquier otra de combatir la soledad de los apartamentos.

-¡Por Dios! ¡Bajen el volumen! –gritó, furioso, saliendo del estado de melancolía. A veces golpeaba las paredes y las pateaba. En vano, porque jamás hacían caso. Sabían que no era más que un anciano al que podían ignorar. Si acaso, subían el volumen para no sentirle.

Es lo que ocurrió también esta vez. Subió el volumen del televisor que había al otro lado de la pared hasta que no podía oírse más que el relato del protagonista de la serie, un guaperas que contaba a su colega cómo se había tirado a la profesora de historia medieval y a la novia de otro amigo en la misma noche y en el mismo hotel sin que ellas se dieran cuenta de que cambiaba de habitación una y otra vez para satisfacer a ambas…

Le temblaba todo el cuerpo envejecido y chupado. Estaba harto de tanta decadencia, de la gente estúpida, de la televisión, de vivir, de todo… Se llevó la mano a la cintura y desenfundó una pistola. Disparó a la pared al azar unas cuantas veces.

El volumen de los televisores disminuyó de golpe. Satisfecho, casi llorando de alegría, se derrumbó en el sofá. Acarició la culata de la pistola con ternura. No le quedaba más poder ni voz que la de su pistola. América ya no es lo que era pero aún le quedaba su derecho a resistir, su derecho a alzar la voz y su derecho a la libertad y la esperanza comprimidas en una bala de plomo…

-Tú eres mi única esperanza –le dijo a la pistola, contemplándola-. La única esperanza para esta gran nación…

***

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Alerta púrpura. Nunca se había llegado a este extremo. Entre el nivel fucsia de atentado inminente y el negro de Apocalipsis, un nivel puramente teórico para impresionar al americano medio, el nivel púrpura de amenaza nacional era una situación extremadamente grave. Claro que los norteamericanos estaban sobradamente acostumbrados a vivir en tensión y aceptaban, resignados, el espectáculo de un batallón de soldados patrullando por un túnel de Metro, un aeropuerto o la cafetería de un instituto. De alguna forma había que justificar el colosal gasto militar ahora que países como China o India tenían un Producto Interior Bruto varias veces mayor que el norteamericano y no quedaba más remedio que multiplicar el dispendio militar para mantener cierta posición en el escenario internacional. Ni siquiera bastaba ya con eliminar la educación pública para no presionar más en el bolsillo del contribuyente.

Con todo, no podía considerarse una situación normal. Los congresistas observaban con fastidio los helicópteros que tomaban tierra en los alrededores de Washington para dejar a centenares de soldados. Los mismos hombres que aprobaban cualquier plan contra el terrorismo se disgustaban ahora por sufrir las incomodidades a las que sometían a sus ciudadanos. ¡Más valía que fuera algo serio para que el ejército se atreviese a molestarles como si fueran gente corriente!

El senador de Arkansas, Joe Mac Donald, estaba indignado con toda razón. Patrocinado en su carrera política por la quebrada línea de hamburgueserías (evidentemente había aprovechado la feliz coincidencia del apellido), Joe siempre estaba despotricando contra algo con su voz de pito y el carácter franco y rudo que le había hecho ganarse “a casi todos los patanes entre el Missisipi y las Rocosas”, como él mismo decía en privado a sus amistades. “A la mierda la llamo mierda” era su frase favorita, el eslogan para el partido en las últimas y victoriosas elecciones presidenciales. Por supuesto, la mierda era el Partido Demócrata…

-¡Cómo se atreven a interrumpirnos así, sin motivo! ¡Es indignante! No puedo aguantar este absurdo simulacro de mierda–. Nunca desaprovechaba ocasión para hablar de la mierda, su tema favorito.

-Cálmate –le pidió el también republicano Woody Ham-, es bueno que los americanos vean que sus políticos estamos tan en peligro como ellos, como la gente normal…

-Si tú lo dices… Joder, esto es una jodida mierda. Claro que la política también tenía que exigir algún sacrificio. Al menos espero que no se alarguen mucho con esta mierda.

Y mientras los dos buenos camaradas hablaban, sus colegas abandonaban el capitolio en orden y escoltados por los militares. Al menos hasta que los periodistas llegaron en cuadrillas para asaltarles con preguntas. En los telediarios apenas se hablaba de otra cosa que de alertas terroristas. No es que tuvieran mucha audiencia (la competencia del porno y del canal 24 horas de Los Simpsons resultaba muy dura) pero el gobierno se gastaba millones de dólares en evitar que desapareciesen totalmente de la televisión norteamericana aunque ya no fuesen rentables. Los periodistas buscaban desesperados a algún político que entrevistar y en cuanto uno abría la boca una veintena de micrófonos le rodeaban como moscas.

Se quedaron con las ganas de entrevistar al jefe del Estado Mayor James Hategate. Desde que bajó del helicóptero sus oficiales le rodearon como una auténtica guardia pretoriana, manteniendo a raya a los periodistas con fiereza. Los periodistas se acercaban, directamente o intentando una maniobra envolvente por los flancos, pero eran rechazados sin contemplaciones… Hategate se consideraba un hombre serio, al que no le gustaba hacer concursos de popularidad y mucho menos charlar con “los payasos de la tele”.

Mucho más amable era el presidente Bobby Wallace y es que sería difícil encontrar dos hombres más diferentes que Bobby y Hategate. El presidente seducía a todos con su sonrisa. Inteligente y carismático, siempre simpático y al mismo tiempo enérgico y decidido para transmitir al pueblo norteamericano una sensación de control de la que él mismo carecía.

-Ciudadanos y ciudadanas de Norteamérica, nos enfrentamos a una situación crítica para la historia de nuestra gran nación. En cualquier momento la capital de Washington puede ser el objetivo de un atentado sin precedentes mediante armas de destrucción masiva. Pero no esperaremos para tomar decisiones. La población civil está siendo evacuada sin pausa y todos nosotros seremos escoltados y transportados a un lugar seguro donde formar un gabinete de crisis.

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Una tromba de aplausos siguió al discurso. Algunos políticos parecían sinceramente preocupados pero la mayoría sólo sentía fastidio y pensaban en las cabezas que rodarían después de la función. Esta vez se habían pasado con el circo.

Sea como fuere, el show debía continuar y la élite política de los Estados Unidos de América hizo cola para subir a los helicópteros.

***

-Echad otro más.

-A mí me parece que no queda espacio para más…

-Joder, ¿qué más da otro?

Dicho y hecho: dos soldados agarraron al senador de Wisconsin por los tobillos y las muñecas y lo echaron al agujero. Ahora sí que parecía llena la fosa.

-Oye –insistió el teniente-, está lleno. Hay que hacer otro agujero.

-No lo creo. Estoy harto de cavar hoyos.

-Yo sí lo creo y antes hay que tapar éste.

-¡Si es que estos tíos no hacen más que comer hamburguesas y descansar en un sillón! –exclamó un más que irritado soldado-. Claro, así se llenan los hoyos enseguida-. Pisoteo la barriga de uno de los cuerpos, intentando apretarlo para que quedara más espacio, pero fue inútil.

-Pues a joderse tocan… A cavar todos.

Hubo unas cuantas maldiciones y blasfemias, pero la cuadrilla continuó con su trabajo. Hartos de trabajar bajo el Sol de Arizona, los soldados, desnudos de cintura para arriba, estaban completamente sudorosos de utilizar la pala.

-¿Sabéis? –dijo uno de los soldados, haciendo un descanso para continuar hablando-. Siempre me había preguntado si nuestros políticos servirían para algo. Ahora sé que son un buen abono…
Rieron todos y se permitieron un respiro. Luego el teniente ordenó continuar. El agujero parecía bastante profundo una media hora después.

Lo estrenó el mismísimo vicepresidente y al cadáver no pareció importarle que encima le echaran al senador de Utah, a quien, ironías de la vida, apenas había soportado tratar en vida…

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buena critica social
03-09-2008 05:54
Me agrado, salvo que tambien hubiese preferido que USA hubiera desaparecido...relamente no creo que la conclusion sifnificara independencia....quizas si el relato continuara el escenario mas probable seria una continuacion de la guerra y de acuerdo con la introduccion del cuento USA no tenia ya anda de tecnologia ni industrias para volver a ser la otrora poderosa nacion.

   excelente
16-02-2008 06:19
Paz a traves de un superior poder de fuego... concuerda demasiado con la realidad

   Critica social
05-02-2008 21:41
Me ha gustado el estilo de critica social que empleas (desde Coca-cola o Pepsi me tienes enganchado) EL realato me parece bueno, quizás un tanto vago durante ciertos momentos pero se compens con eso toques de humor (lo de los simpon, genial) y la ecena del enterramiento de los políticos. El final quizás un poco falto de garra, pero no desmerece.

   Genial
13-01-2008 20:08
me encanto el texto, la forma de escribir y sobre todo el mensaje (auque personalmente me hubiera gustado que usa desapareciera, pero bueno) genial

   Ácido, ácido, muy ácido
04-12-2007 14:34
Curiosamente, no deja de tener un toque a capítulo de los Simpson...

Me ha gustado el relato, su ritmo y su presentación. El único momento en el que pierde fuelle es en la intervención de la madre del striptease. ¿Realmente hablaría así? Queda muy expositivo, muy para la galería, y es algo que me ha sacado del ambiente.

Sé que en estos relatos no se busca tanto que el espectador entre en la ambientación como que vea los paralelismos con la actual, pero creo que el conjunto hubiera ganado considerablemente en fuerza.

ps.- mil gracias. Ya estaba pensando qué escribir para cubrir el hueco...

   RE: Ácido, ácido, muy ácido
06-12-2007 11:38
Confieso que estuve a punto de recortar el fragmento en el que aparecen la madre y sus hijos adolescentes. No sé, quizás debería haber echado mano de la tijera... Ciertamente tiene un toque a los Simpson como dices... Pero me alegro de que te haya gustado el conjunto, compañero.
Por cierto, ¿a qué hueco te refieres? ¿Es que la gente no escribe relatos de CF? :-O

   un gran relato que te hace pensar
04-12-2007 16:30
Es un buen ejemplo de como se hace la historia. Lo más terrible es que no refleja ninguna novedad, sino una práctica habitual por parte de cualquiera que tiene poder.

Me recuerda lo que me conto un guia en un viaje a USA. Me dijo que Estados Unidos solo permanecía unido por las guerras, y que por eso necesitan estar siempre en conflicto. Sólo la bandera contra un enemigo común les une, así que la tienen que sacar a pasear de vez en cuando.

Por lo demás un buen relato, con tu toque ácido habitual y un buen desarrollo y oficio.

Enhorabuena

   RE: un gran relato que te hace pensar
06-12-2007 11:41
Sí, ésa era mi idea: que el imperialismo no es sino mantener la paz interna mediante la guerra en el exterior... También me pareció interesante plantear un golpe de Estado en el país de la libertad...
Me alegro de que te guste el sabor ácido, compañero.




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