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Las arañas y el brujo


Relatos de Fantasía

24-12-2007 12:21
Por: Akhul

Un viejo relato de fantasía que tenía por ahí guardado, en un cajón polvoriento.


las arañas y el brujo
Tejiendo sus vidas con hebras de lino y plata, una vieja estirpe de arañas habitaba en el corazón del bosque, justas monarcas de lo más intrincado de la maleza. Sus coriaceos cuerpos de ópalo se calentaban lánguidamente al sol de la mañana, aguardando las tinieblas del crepúsculo para recolectar en sus telarañas. Volaban y bailaban bajo las estrellas, fugaces sombras nocturnas que se aventuraban a velar los sueños de sus vecinos, contemplando curiosas los rostros palpitantes de aquellos que habían optado por la vigilia diurna. Y así discurría la vida en su reino, al son de la música que el rocío arrancaba en sus tapices de hilos de plata.

Hasta que un día llegó el brujo.

Irrumpió cual tornado de veleidosos nubarrones, envuelto en turbias nieblas y coronado por chispas de oro, en el Reino de las Arañas. Se apoyaba en un cayado de hierro negro labrado cual cuerpo de víbora, y ocultaba su rostro y su cuerpo en un amplio manto con capucha, negro como la noche y ajado cual mortaja. Únicamente sus ojos denotaban vida al vibrar al son de sus palabras.

-He visto cómo languidece vuestra raza y me he apiadado de vuestra desgracia. Habitáis en unas tinieblas aún mayores que las que impregnan los dominios en los que dais caza.

Ante aquellas aseveraciones, las arañas levantaron sus cuerpos y agacharon sus cabezas, mostrando su disconformidad y advirtiendo de la rabia que estremecía sus corazones. El brujo, sin inmutarse ante aquella reacción, continuó su discurso.

-¿Por qué os relegáis a vivir en el corazón del bosque, dónde la maleza es tan tupida que apenas podéis saltar? Recuerdo cuando vuestras antepasadas aún corrían, valientes y orgullosas, desafiando a la adversidad y expandiéndose por todo el mundo.

Las arañas murmuraron entre sí, pues estaban desacostumbradas a que hubiera seres que hablaran de su pasado remoto, de las grandes madres. Finalmente, una de las ancianas, la cual había crecido tanto como un ratón de campo, tomó la palabra.

-¿Cómo haríamos para abandonar el corazón del bosque? Aquí somos reinas, es nuestra corte. En los campos, en la aldea, los campesinos nos darían muerte.

-¿Insinúas que han dado muerte a algunas de vuestras hermanas y no os habéis tomado venganza sobre ellos? -inquirió el brujo fingiendo sorpresa.

-¿Cómo podríamos hacerlo? -preguntaron soliviantadas las arañas-. Apenas damos muerte a nada mayor que una lagartija.

-Yo os daré el secreto -replicó el brujo con una sonrisa maliciosa- y a cambio me respetaréis y me dejaréis campar a mis anchas por vuestros dominios.

-¿Y cuál es el secreto? -reclamaron enloquecidas y enardecidas.

-Cuando hinquéis vuestros colmillos sobre la carne de los campesinos no debéis conformaros con la sangre que os sacie. Tenéis que seguir succionando hasta caer exhaustas y llenar sus heridas con ponzoña.

Las arañas olvidaron el orden natural de las cosas y sucumbieron a los viciados sueños conjurados por el brujo. Se convirtieron en sombras fugaces que asolaban los campos al anochecer. Al cabo de un tiempo estaban tan embriagadas por el exceso de sangre que empezaron a dar muerte a algunos campesinos viejos y débiles. El brujo paseaba tranquilo por estos reinos de terror, y todas las arañas, especialmente las más sanguinarias, escuchaban sus consejos y sus insinuaciones, por lo que pronto devino el auténtico monarca de aquel recién conquistado reino.

las arañas y el brujo
Finalmente la osadía de las arañas llegó a tal extremo, poseídas por aquella impía ansia, que comenzaron a asaltar las chozas y cabañas de los campesinos. Éstos, presos de la desesperación, buscaron protección en la servidumbre al brujo, y las arañas hubieron de respetarles por la promesa hecha al que ya era, en muchos sentidos, su monarca. Así que cada una se recluyó en su territorio, porque, ahora que la caza escaseaba, todas se habían tornado desconfiadas y hostiles. Solamente el mago permanecía seguro, ya que era el único que conocía a fondo aquella impía sed que les abrazaba, y sus consejos eran anhelados y respetados.

Justo en aquel tiempo llegó al corazón del bosque Awir, la comadreja, consumada viajera y exiliada del reino de sus hermanas. Se deslizó osada, cual agua de manantial, hasta lo más sagrado del antiguo hogar de las arañas. Allí se recostó sobre un grupo de setas y comenzó a tocar su flauta. Una vieja araña, que había perdido tres de sus ocho patas y se resistía a abandonar el corazón del bosque, se sobresaltó con la canción y se acercó a indagar acerca de su artífice. Al encontrar al intruso llamó a sus hermanas con su invisible y sutil chillido.

-Oh, calla, vieja escandalosa -le increpó Awir.

La araña se puso en guardia frente a él.

-Te advierto, extranjero, que he llamado a mis hermanas.

-Lamentables modales restan en la corte de la vieja estirpe -opinó la comadreja-. ¿Y puedo saber qué haréis, gruñona? ¿Liarme en vuestras redes cual incauta mosca?

Entretanto, la mayor parte de las arañas había acudido a la ancestral llamada de alarma, pues entre las nubes creadas por el ansia aún podían sentir el valor de lo sagrado. Sin embargo, una vez llegadas no sabían qué hacer, pues habían olvidado las tradiciones.

-Has de saber, comadreja -replicó la vieja araña- que ahora sabemos secar de sangre.

-¿Y tú serás quien me ataque? -desafió empuñando su lanza-. No os veo muy unidas. ¿Cómo presumís de ejército? Suerte tenéis de no encontrar en mí un enemigo.

Tras decir esto arrojó su lanza con desprecio, y continuó su recriminatorio discurso.

-No entiendo, por ende, vuestra premura en despacharme de este rincón olvidado donde ondean las telarañas del pasado invierno. ¿Acaso es éste vuestro triste reino?

Una joven y temeraria araña se adelantó y le contestó con suficiencia:

-Éste era nuestro antiguo reino. Ahora reinamos en toda la comarca.

La comadreja se rió burlona y replicó:

-Si alguien reina en este sórdido lugar es el brujo; y no sé cuan amplio es vuestro reino que andáis extraviadas y temerosas de campesinos y vecinas a pocos cuerpos de vuestras telas.

las arañas y el brujo
Otra de las arañas contestó:

-Es justo que sea monarca él que nos reveló el uso de nuestro colmillos.

-Los seres más necios de la creación debéis ser si no sabíais para qué servían vuestros propios colmillos -sentenció Awir.

Otra araña distinta intentó justificarse.

-Nos enseñó el secreto de drenar sangre hasta la muerte.

-¿Y tan grato es ese don? -preguntó la comadreja-. Veo en vuestros ojos enrojecidos un ansia que os devora y os arrebata el descanso. Os habéis convertido en siervas de un ser que nada os renta: sólo os exige y os regala vuestros propios méritos. ¿Qué habéis de agradecerle? ¿Ha crecido vuestra estirpe o mengua bajo este influjo maligno? ¿Cuánto hace que no se reúne el consejo, que salís a bailar con vuestras hermanas? La última vez que crucé vuestro reino la belleza palpitaba en el equilibrio de vuestra telas. Me repugna la locura que os domina.

Numerosas arañas bajaron sus cuerpos en señal de vergüenza ante sus palabras. Una de las ancianas arañas del consejo tomó la palabra y sentenció:

-Ha la razón la comadreja, que creíamos conjurar el peligro de la muerte que traía la ignorancia y el miedo de los campesinos y ahora nuestras hijas mueren en abierta guerra o empachadas de corrupta sangre. Yo no viviré más construyendo este orden hostil. Andaré ahora a cobrarme mi venganza.

Cortina de negro corazón, avanzó el ejército de arañas por las ramas del bosque. Confundiéndose el crepitar de sus patas y sus armaduras con el gemido de las hojas secas en las ramas desnudas, la tropa alcanzó en aparente silencio las inmediaciones de la morada del brujo. Rodearon la caverna y, una vez reunidas, se descolgaron cual malignos frutos maduros hasta el tapiz dorado de las hojas yertas. Cual sutil veneno, pesadilla vaporosa y tóxica, se introdujeron en la siniestra cueva, desbordando por todo resquicio y grieta. Y consumaron su venganza hasta ahogar los agónicos gritos del brujo.

Aquellas que bebieron hasta saciar su alma regresaron al corazón del bosque y a las antiguas tradiciones.

Aquellas que midieron con su cuerpo, quedaron con el lomo rojo para siempre, deudas del ansia, pues ya tenían éste hecho al patrón corrupto. Crearon así una nueva y perversa estirpe que aún medra hoy por aquellos bosques.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Interesante
11-02-2008 22:21
Interesante ver la evolución de alguien. A mi me ha resultado entretenido, es cierto que s algo más enrevesado que otros textos tuyos, pero tmabién tiene un tono (no sabría definirlo mejor) que me ha resultado diferente e interesante.

   Interesante
11-01-2008 11:15
A mí me ha gustado, y no veo fuera de lugar el estilo barroco. La historia es sencilla y predecible, y sin tantas vueltas en el luenguaje quizá quedara un poco sosa.

   Cuanto te gusta...
26-12-2007 11:06
... El lenguaje preciosista y casi enrevesado.

A ratos resulta incluso deslumbrante, pero otros le quita agilidad a la historia (la manera de hablar de los personajes queda un poco rebuscado).

La historia es bonita y curiosa, y el relato resulta en general entretenido.

¿Lo habrías escrito hoy igual?

   RE: Cuanto te gusta...
26-12-2007 12:30
Pues no, la verdad es que no lo hubiera escrito ni medianamente similar. Principalmente lo hubiera despejado de "adornos" que, efectivamente, creo que lastran la historia y le dan un toque innecesariamente arcaico y exibicionista.

Gracias por el comentario, compañero. De los textos viejos también se aprende.




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