El Ruido Maldito: El Ruido Maldito |
|
23-01-2008 12:11
Por: Locky P.
|
|
 |
|
Tres venezolanos y un madrileño ponen en funcionamiento El Ruido Maldito, un grupo cuyo álbum debut muestra su arraigo en el rock de los 90.
El Ruido Maldito, es un grupo que se formó en Madrid a mediados del 2005, aunque el único representante de la capital española es el guitarrista Manuel Garaizábal, ya que el resto de sus componentes, Juan Deive (voz), Betty Pink (bajo) y Carlos Marín (batería), son originarios de Venezuela.
Algo que resalta de inmediato en la propuesta de la banda, que ha optado por presentar sus canciones en castellano, es el particular registro de la vocalización que, por razones inherentes a su procedencia sudamericana, tiene un tono que se desmarca de la mayoría de grupos españoles.
El contenido de su álbum debut para Locomotive Records discurre, con la brújula segura, por los cánones de un hard rock, a veces, etéreo y vaporoso, pero asentado bajo un sólido y brillante trabajo de guitarras que exhiben una amplia gama de matices, ya sea a base de riffs disciplinados y contagiosos o por la vía de la filigrana sorpresiva.
Lo cierto es que las composiciones se escriben con caligrafía de rock mundano impuesta por una ductilidad que hace muy moldeables sus estructuras. De igual forma pueden expresar sentimientos poéticos envueltos en cierto dramatismo, que disparar acordes llenos de vitalidad. Una actitud que se transforma en un control de las formas y transmite el equilibrio necesario para fortalecer las bases de su sonido.
Las aptitudes que muestran los componentes de El Ruido Maldito desprenden destellos de sensibilidad rockera, sin por ello caer en las redes de lo empalagoso. Al contrario, la variedad del contenido y sus detallados vértices nos descubren a un grupo centrado en buscar alternativas dentro de un estilo clásico, con reconocibles influencias procedentes de los grupos que dominaron la escena rock en los 90, aunque mirando más hacia el presente que hacia el pasado.
El grupo, por sobre todas las cosas, deja claras las habilidades de todos los implicados, a parte de del magnetismo de las voces y de la creatividad de las guitarras, cuenta con un batería de pegada versátil que aporta tiempos bien definidos y redobles que atrapan por su dinámica sorpresiva y, por último, una bajista con mucho músculo y cuya consistencia se deja sentir en determinadas partes de la grabación.
Canciones como Niñez, Noviembre, El Ruido y Mentiras, forman la columna vertebral de un álbum que necesita varias escuchas para extraer todo el sabor de su contenido.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|