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La mar es la vida, es la alegría para los sensibles a la belleza. Quizás otras cosas sean más importantes, como el arte, la poesía, la filosofía... Pero, antes de todo eso, ya existía el mar.
Me ha dicho que no te lo diga, pero la Luna te echa de menos. Y me ha dicho que para no iluminar tu cabello siempre esconde una cara. A mí a veces me parece mala, pero en el fondo la Luna es suave, tan suave que parece de algodón. Y también tan brillante, tan redonda y tan cercana... que al verla parece que me cascabelea el corazón.
Y otro acorde arrojado al mar. Si supieras cuántas de mis cartas anda buscando aquel faro... te las recordaría una y otra vez mientras paseas, pero es que no dejo de pensar que esta mañana no tenía la playa lo que ayer estaba clavadito en su arena, ni lo que ayer se respiraba en su brisa marinera.
Es más oscura la noche que pasa sin ti, mientras tu imagen viene y va con la marea. Con la marea...
Te voy a revelar una cosa: la marea es enemiga del hombre que de ella se enamora. No soporta que su melena de besos y caracolas se enreden en las redes de la aurora... La marea es sólo la marea; un paraíso de sal, espuma y olas.
La marea en la oscuridad te abraza sin piedad y te roba los secretos. La marea de un golpe de mar te cambia el miedo por respeto. La marea es una caricia y un mecer que con sal cura las heridas. La marea es diosa y como mujer... es el principio de la vida.
La marea siempre estará junto a mi vera para que donde quiera que esté nunca te olvide. Ni olvide a la marea. Ni olvide a la marea...
Cuando un rayito de Luna
me dibujaba en la cuna
cinco barquitos veleros...
Sería ella quien me mecía
porque sentía que caía
desde el mismísimo Cielo...
Siendo tan buena amiga
no encontraré en esta vida
a ninguna otra amante
que de hallarse tan bella
al coquetear con estrellas
se envolviera de diamantes.
Ay, marea, eres tan marinera, que si Dios no esconde ningún mal... ¡si Dios no esconde ningún mal será que nunca te ha llegado a tomar como compañera!

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