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Largas, sedosas y enmarañadas


Terror y Supense

15-07-2008 14:29
Por: Doctor Comic

Una joven entra a trabajar a un salón de belleza, donde hay algo más que afeites y perfumes


terror, relato, suspense, peluquería
Frente al aviso de la peluquería hay una mujer joven. En su brazo derecho sujeta con firmeza una pequeña cartera con la tensión propia de quien ha experimentado continuos robos rapaces. En su brazo izquierdo sostiene un periódico enrollado. La mujer duda aún si dar el paso hacia el interior... son las ocho de la noche y desde el cristal se observan algunas mujeres viejas repantigándose en los asientos reclinables en espera de un milagro estético bastante improbable.

Los pequeños y delgados tacones de la mujer joven hacen eco en el piso de mármol y desde el fondo del local una exótica dama vestida como una enfermera se dirige hacia ella con una sonrisa de escualo amistoso (si es que existe tal carácter en dichas criaturas). La dama-enfermera da una rápida repasada a la muchacha y exclama con aire imperativo una larga lista de sólidos halagos a la bella imagen de la mujer joven... la muchacha, sonrojada solo atina a extender el periódico e indica el aviso donde se solicita una estilista.

Pasan de las diez de la noche y la muchacha termina de ser instruida acerca de las generalidades del negocio, la exótica dama-enfermera la acompaña a una parada de autobús y sigue su camino mientras la mujer joven aborda el que parece ser el último bus de la noche. Se sienta con el recato propio de las provincianas en el defectuoso asiento y mientras contempla su propio reflejo en el vidrio vienen a su memoria los halagos y las admirables palabras acerca de su figura.

Será necesario admitir después de todo que sus piernas son delgadas y hermosas, limpias y bien torneadas, habrá que admitir también que sus caderas y cintura armonizan con su redondeado busto y, ¿por qué no?, que su cara de labios gruesos, nariz respingada y ojos grandes sea digna de envidia... pero lo más resaltado y subrayado durante esas dos horas de charla fue su cabellera, una fina y bien cuidada mata de pelo negro como la noche. Eso era de esperarse en un salón de belleza; por encima del rostro está el cabello, eso y no otra cosa seguramente le había garantizado su nuevo empleo.

La mujer joven se pasea de aquí para allá, presa del exquisito aroma expelido por los potes de shampoo, las cremas a medio utilizar y una que otra vaporosa laca que contamina el recinto, intoxicando todo de voluptuosidad femenina. La dama-enfermera es la más gentil de sus nuevas compañeras de trabajo; a decir verdad, es la más antigua en el negocio, pues las demás llevan tan solo meses de trabajo y, en sí, el grupo se muestra bastante tímido por el momento. Para la joven, la dama-enfermera debe ser la dueña del establecimiento. Sin embargo, eso no está claro aún.

El cliente entra con premura, una insólita premura. La mujer joven se apresura a atenderle, pero él insiste en que lo reciba otra de las chicas. La joven no presta mayor atención hasta que ve al hombre desaparecer con la chica cogida de la mano detrás de unas cortinas. Aunque es provinciana, la joven no es tonta y se asusta un poco, siente de repente que ha cometido un error, que este no es el tipo de trabajo que esperaba encontrar.

Un minuto después, el hombre reaparece por la cortina, con la mirada perdida atraviesa la estancia para salir caminando en línea recta hacia la calle y en menos de un parpadeo es embestido por un camión de carga. La joven asiste al espectáculo con un cepillo en la mano que se le queda enredado en un mechón de pelo negro hasta que el estado de shock es roto por la dama-enfermera, quien le da agua, la tranquiliza y le susurra palabras incomprensibles al oído, palabras en un idioma extraño.

Esa misma noche, antes de cerrar, la joven se sienta en una de las sillas reclinables, sus piernas largas alcanzan una mesita llena de afeites y su pie juguetea distraídamente tratando de alcanzar un cepillo. Su mente regresa por momentos a los eventos de la mañana, la intempestiva entrada del hombre, su insólita salida del local y su absurda muerte. El cepillo está cerca del borde de la mesa y la mujer lo empuja para verlo caer.

Una vez en el suelo, el cepillo le revela un secreto que yacía oculto en sus recuerdos más insondables, ve la mata de pelo enrollada entre las cerdas... había algo diferente, algo inusual en lo ocurrido más allá del hecho en sí. Se le presenta la vívida imagen del hombre que había entrado esa tarde. El hombre que desapareció tras las cortinas estaba bastante calvo y, pese a ello, cuando salió un minuto después tenía una cabellera frondosa, un pelo legítimo (y si algo sabe ella ahora es que ese cabello no era falso, era real y le había crecido en ese breve espacio de tiempo).

Luego de despedirse de su jefa, la joven toma su acostumbrado y tardío autobús; sin embargo, en esta ocasión decide bajarse a las pocas cuadras y desandar sus pasos hasta la peluquería cerrada. Se oculta con precaución en las sombras de la calle y ve alejarse a la propietaria. Llega hasta la puerta y luego de un complicado movimiento extrae la llave de emergencia cuya ubicación sólo conocen las empleadas. Ésta no era una situación de emergencia, pero habrá que alegar en defensa de la joven que la búsqueda de la verdad es algo de suma urgencia.

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El ingreso se le hace extremadamente fácil: sabe de sobra dónde están las cosas así que no precisa de la luz para desplazarse. Camina segura y con decisión hacia las cortinas del almacén donde se supone se encuentran los afeites más costosos y exóticos. Hay una lamparilla y la joven decide encenderla. Su sorpresa es relativa pues encuentra lo esperado: estantes abarrotados de cremas y esencias extrañas. Uno de los frascos tiene una leyenda escrita: “piel de bebé” y la mujer lo examina tratando de descifrar el contenido; otro más allá reza: “ cabello fresco”. El siguiente: “uñas delgadas”, y su atención ahora se centra en un gran frasco de vidrio ubicado al fondo del último anaquel. En su interior se distingue una cantidad imprecisa de cabello brillante sumergido en una espesa sustancia transparente.

La mujer joven ni siquiera alcanza a notar que al mover el frasco se produce un ruido y una de las paredes se abre, la joven sólo alcanza a ver por un segundo la profundidad de una sala acolchada muy propia de institutos psiquiátricos y sólo por un instante distingue una forma humana agitándose en el suelo. Durante un breve momento percibe los gemidos que pasan a confundirse con los de ella misma mientras que por su nariz y boca penetra el dulce olor del cloroformo, que invade velozmente su mente y la sumerge en un sueño plácido destinado a durar muy poco tiempo.

El horizonte que los ojos de la mujer perciben está ubicado a ras del suelo, el dolor de cabeza es fuerte pero va cediendo y poco a poco todo su cuerpo reacciona ante la incomodidad de las cuerdas que la sujetan. Su boca es la primera en encontrar la resistencia de un grueso trapo que le paraliza la lengua y mantiene separados los dientes... la joven intenta desplazarse cual gusano buscando un punto de apoyo para ir logrando después de un gran esfuerzo sentarse contra una de las paredes acolchadas.

Un gemido lastimero la hace mirar hacia un lado para encontrar a una de sus compañeras de trabajo: era la joven que había guiado al hombre tras las cortinas y su situación era muy similar. Por un momento se auto recrimina por su ligereza al entrar al recinto y comienza a descubrir que ha sido engañada por la dama-enfermera, quien esa misma tarde le había dicho que su compañera se había tomado la tarde libre debido al trauma sufrido por los sucesos.

Luego de unos veinte minutos la mujer joven termina por aceptar que las cuerdas están demasiado apretadas como para intentar soltarse, pasados veinticinco minutos se rinde ante la fuerza con que le han amarrado la boca, treinta minutos después debe admitir con resignación y frustración que le será imposible soltar a su compañera de desgracia y sólo transcurrido todo este tiempo logra descubrir que en una de las esquinas de la habitación reposa el cuerpo de la mismísima dama-enfermera.

La joven nota algo extraño: pese a que ella también se encuentra amordazada, sus manos y pies están libres, pero su posición fetal es preocupante. La dama parece estar en un trance que le impide moverse, tiembla presa de un frío inexistente en el recinto. La joven hace un desesperado esfuerzo por llamar la atención de su jefa emitiendo algunos gemidos hasta que la dama le presta atención y se la queda mirando fijamente.

Lo siguiente que ve la joven es espeluznante, ella y su compañera no pueden creer lo que está pasando. Frente a sus ojos aterrados la dama-enfermera comienza a generar una cantidad increíble de cabello, de la cabeza el pelo se le escurre como un manantial. La joven descubre entonces con cierta repugnancia que lo que la ha mantenido atada no son cuerdas sino que es parte de ese cabello que sale a borbotones de la dama y que de la misma manera las mordazas que las ahogan son también matas de pelo que se les enroscan en la cabeza.

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En los ojos de la dama-enfermera se puede ver el dolor que este fenómeno le produce y por ello parte de su cabello la auto amordaza para evitar los gritos. Las dos jóvenes atrapadas entran en pánico y es entonces cuando las lombrices de cabello se enredan en torno a sus cuellos y comienzan a sofocarlas... Cuando todo parece perdido ocurre lo increíble: de repente toda atadura y toda mordaza quedan sueltas. Pasan unos minutos eternos hasta que las asustadas jóvenes deciden levantarse, pero en un hecho aún más inexplicable, ninguna de ellas tiene ya deseos de salir de allí.

La joven mujer contempla a la gente que pasa a través del vidrio de la peluquería, sus ojos juguetones buscan entre la multitud mientras su rostro de ángel se apoya sobre su mano derecha. En la mano izquierda sostiene un cepillo que le sirve para peinar su hermosa cabellera negra que ahora le llega hasta la cintura. De pronto lo ve, lo extrae del cúmulo humano y con una sola orden mental hace que abandone su rutina. El hombre sale de su "mundo" y de sus deberes y se dirige sin saber por qué a las puertas del salón de belleza.

Ella se acerca a la puerta, le sonríe y lo toma de la mano. Luego, sin mediar palabra, lo conduce tras las cortinas y allí sus cabellos cobran vida y hacen su trabajo tan bien como pueden. Se insertan en la cabeza calva del hombre, la sangre salpica ligeramente a ambos y luego el cabello invasor trata de controlar a su nuevo anfitrión, pero de nuevo todo se estropea: el espécimen masculino rechaza la unión tomando unas tijeras y auto degollándose frente a los ojos anegados y tristes de la hermosa joven.

Esa noche, las tres mujeres pasan el tiempo en el cuarto acolchado, envueltas en sus cabellos enmarañados, atadas, auto flageladas por su propia frustración, amordazando sus bocas al grito de dolor que más que físico es espiritual pues su ansia de procrear fracasa cada día. Sus cabellos las ahogan y las apresan por su incompetencia, los capullos se forman entorno a sus cuerpos en una indecible masa de pesadilla.

La estirpe perversa llevaría algo más de seis mil años tratando de asimilar a la raza humana. Siempre había sido fácil multiplicarse en el género femenino, desde las tentadoras pociones para embellecer el cabello en la antigüedad, pasando por los afeites hasta llegar a los eficientes avisos clasificados. Pero el otro sexo seguía oponiendo resistencia... ¿cómo dominarlo? ¿Cómo?

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Le falta algo
02-09-2008 00:06
La idea es buena, pero le falta algo, bien una historia más desarrollada, con más calma o quizás un poco m´s de calma en las escenas que en ocasiones parecen un tanto lejanas.

   Buena idea
11-08-2008 17:11
Coíncido con akhul que la idea tiene posibilidades, pero el relato resulta demasiado expositivo.

Es como la sipnosis de una pelicula, pero no un relato literario, que emplea otras tecnicas y recursos. Por eso no cumpla las expectativas y no arrastra al lector.

No deja mal sabor de boca sin embargo por la imaginación que tiene, las imagenes que crea y un par de párrafos más logrados.

Bien.

   Una buena idea, un relato sin tensión
15-07-2008 14:36
La idea del pelo como ente "alienígena" que contamina al ser humano es francamente buena. La imagen del pelo estrangulando a su propio portador o saltando de un individuo a otro es muy inquietante.

Sin embargo, el desarrollo del relato carece totalmente de tensión. No he conseguido sintonizar con la protagonista ni entrar en el ritmo de la historia, con lo que es difícil sentirse tocado por lo que se narra. Deberías haber dado más cuerpo a los personajes para que el lector entre en el escenario que has creado.

Al menos, esa es la impresión que he tenido.




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