Pete Wisdom deja de fumar |
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16-07-2008 15:17
Por: Gerard Puig
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Panini publica Wisdom: los rudimentos de la sabiduría, la aventura post-Excalibur y post-tabaco del agente secreto mutante en la línea MAX
Desde que papá Claremont hizo que Wisdom dejara el tabaco en las páginas de New Excalibur el bueno de Pete no ha vuelto a ser el mismo.
No os confundáis, no quiero hacer apología del tabaquismo. Aunque estoy fumando mientras escribo este artículo, noto que mi cuello sufre y sé que voy a tener que dejarlo en un futuro no muy lejano. El caso de Pete, no obstante, es distinto. En parte porque es un personaje de papel, y no tiene más que temer del cáncer que una mala decisión editorial, pero lo importante es que Wisdom formaba parte de esa larga saga de personajes adictos, cínicos y extremadamente carismáticos que se inauguró con John Constantine (Hellblazer) y que el británico Warren Ellis coronó con varias creaciones propias, como el propio Pete, Elija Snow (Planetary) y la extraordinaria y añorada Jenny Sparks (The Authority). Todos ellos son personajes carismáticos, cínicos y bastardos que saben “pasear sin despeinarse por el agudísimo filo” –como rezaba la canción de Sabina- en que confluyen la legalidad, la ilegalidad y las operaciones encubiertas. Constantine con su magia y sus demonios, Jenny y su StormWatch Black, Elija y esa organización hipersecreta dedicada a preservar cosas todavía más secretas, y por último Pete Wisdom, agente secreto al servicio de Su Majestad. Y mutante.
Creado por Warren Ellis en 1995, pete Wisdom hizo su primera aparición en el número 85 (USA) de Excalibur, y no tardó nada en revolucionar toda la serie. Británico, sexista, arrogante, bebedor y, por supuesto, fumador, este exagente del MI6 y de Aire Negro no tardó en enemistarse con la mitad de la formación del grupo de mutantes, y tampoco en ganarse el corazón de Kitty Pryde.
Su relación con Kitty armó uno de los mayores revuelos que ha habido en Marvel por temas de faldas, y no sólo porque la mayoría de lectores de los ochenta estuviéramos enamorados de la señorita Pryde, sino porque se trataba de una adolescente de unos quince años (ya sabemos que las edades en Marvel dependen más de la conveniencia que de la continuidad, pero aún así) enrollada con un tipo de unos treinta y pico o cuarenta.
La estancia de Pete con Excalibur terminó al tiempo que su relación con Kitty y no lo volveríamos a ver como personaje fijo hasta que Warren Ellis, otra vez, lo rescatara para X-Force durante ese frustrado intento de relanzar la serie (junto con generación-X y X-Man) que se llamó Counter-X. En los pocos números que tuvo la serie antes de cerrar, a Pete le dio tiempo a liderar X-Force, convertirlos en un grupo mutante de Operaciones Encubiertas y, de pasada, ser asesinado.
Pero, como todos sabemos, las noticias de muerte en el Universo Marvel siempre son un tanto exageradas, así que tras el Día M volvemos a encontrarnos con un Pete Wisdom al servicio secreto de Su Majestad, con la misión de reunir un nuevo grupo británico de superhéroes mutantes. Así comienza New Excalibur, de la mano del padre de la factoría mutante, Chris Claremont.
En New Excalibur pudimos leer a un Pete Wisdom algo distinto al que todos conocíamos y queríamos. Seguía –y sigue- siendo un buen personaje, por supuesto, divertido e irónico como siempre, pero mucho más descafeinado. Fue precisamente en esta serie donde Pete dejó de fumar. Seguía bebiendo -¿nunca os habéis preguntado por qué para los americanos el tabaco es un tema mucho más tabú que el alcohol?- y sus patosos intentos de ligar con Sabia, su compañera de grupo, eran divertidos, pero divertidos al estilo de Hugh Grant intentando parecer un macarrilla de Liverpool, no como Constantine ligando con la exnovia de su mejor amigo en un pub irlandés, o como el viejo Pete seduciendo a la Lolita mutante por excelencia de los ochenta. Justo ahí me di cuenta, horrorizado, de que Marvel estaba tratando de convertir a Pete Wisdom en un personaje para todos los públicos.
Los rudimentos de la sabiduría.
Tras la partida de Wisdom de su nuevo Excalibur, Marvel publica una miniserie, recopilada ahora en un tomo por Panini, sobre el personaje en su línea Max para lectores adultos. Viendo esto, y sobre todo echándole un ojo a las impresionantes portadas de Trevor Hairsine, una de las cuales muestra a Pete con una espada tomándose una pinta junto al cadáver de un dragón, no pude evitar albergar la esperanza de que me hubieran devuelto a mi Wisdom, al que creó Warren Ellis y que sólo él ha sabido llevar como es debido. Pero, lamentablemente, esto sólo ocurrió a medias.
Sí, el Wisdom de este tomo recupera gran parte del carisma que había ido perdiendo con el tiempo. Vuelve a ser cínico, arrogante y encantador, pero sigue cayendo en ocasiones en el chiste fácil y en una relación amorosa que parece sacada de la manga. Además, no fuma.
De hecho, en toda la miniserie no hay más que una referencia –bastante divertida, debo admitir- al pasado fumador de Wisdom. Por favor, el tío no solía pasar más de tres viñetas sin fumar, ¿no debería por lo menos notársele un poco el mono? ¿O masticar algún chicle de nicotina, por lo menos? Pero no, parece que tenemos delante a un nuevo Pete Wisdom, divertido, sin duda, carismático también. Pero no puedo evitar echar de menos al viejo.
Respecto al cómic en sí, el guionista Paul Cornell nos presenta una historia con un planteamiento similar al del Planetary de Ellis (salvando todas las distancias). Wisdom encabeza un equipo del MI13, la sección del servicio de inteligencia británico dedicada a los “asuntos extraños”, un concepto que abarca desde los mutantes a las invasiones alienígenas, los fantasmas e incluso las hadas y los dragones.
En Los rudimentos de la sabiduría el equipo de Wisdom, formado por el Capitán Highlands, una versión británica y casposa del Capitán América, con escudo y todo; una telépata pelirroja de bajo nivel; la hija punki del rey de las hadas y Skrull John, miembro de una antigua avanzadilla Skrull que tomó el lugar de John Lenon como parte de un plan de conquista y que, seducido por los placeres de la Tierra, decidió desertar y quedarse en Inglaterra; se enfrenta a una invasión por parte ni más ni menos que del imaginario colectivo británico. Hadas asesinas, mujeres gigantes con pueblos en la espalda, dragones, versiones alternativas de Jack el Destripador y los marcianos de H.G. Wells, todos ellos tendrán la oportunidad de probar los “cuchillos calientes” de Pete Wisdom en su trasero.
Un tomo, en definitiva, original y divertido, que sin duda merece un rato de lectura en el pub más cercano, acompañado de buena una pinta de cerveza negra o tostada. Sin embargo, uno no puede evitar echar de menos algo más. Algo del viejo Pete Wisdom, ese que sedujo a Kitty Pryde, y a todos nosotros, con su encanto británico y su eterno cigarrillo colgando de la comisura del labio, justo al lado de algún comentario afilado guardado en su lengua y preparado para ser lanzado.
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