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El mundo de Soledad lo formaban las cuatro paredes de su habitación, con sus dos ventanas y todo lo que había entre ellas.
Las paredes estaban decoradas con un papel pintado de un color gris, uniforme y de un tono indefinido, quizás por el tiempo, quizás por el gusto inconcreto del decorador.
En dos paredes opuestas había dos ventanas, perfectamente enfrentadas. Entre ellas todo el mobiliario que ocupaba el dormitorio: una enorme cama con dosel, una estantería con libros de lomos maltratados y páginas amarillentas, una mesa con una lamparita verde esmeralda y junto a ella una silla tapizada del mismo tono gris de las paredes.
Las ventanas estaban vestidas con una tela de gasa blanca tan fina que no había que apartarlas para poder mirar a través de los cristales.
Una daba a un bosque; en realidad, debido a la altura, la ventana se asomaba sobre el bosque. Todo lo que Soledad podía ver era una inmensa alfombra verde en la que nunca pasaba nada. Sólo cambiaba su color de un verde intenso a un verde pardo dependiendo de que estuviera iluminada por el sol o por los rayos de la luna.
La otra, en cambio, siempre estaba iluminada por una transparencia azul y se asomaba a una habitación.
Soledad la llamaba la ventana azul.
Soledad pasaba allí todo su tiempo. Entre sus cuatro paredes no había sueños, ni aspiraciones, ni deseos... bueno, un deseo sí que había: Soledad soñaba con crecer y convertirse en una dama igual a la que veía a través de la ventana azul.
Pasaba horas viendo los gestos elegantes de aquella mujer, siempre enfundada en un vestido blanco y vaporoso que envolvía todo su cuerpo.
Todos sus ademanes le parecían gráciles y ella se embelesaba observando cómo se cepillaba su larga melena, con qué naturalidad tomaba un libro entre sus manos para abandonarse a su lectura, o cómo, cuando comía, se llevaba los cubiertos a la boca. Todos sus gestos estaban impregnados de una elegancia que Soledad envidiaba. A su lado ella no era más que una jovencita de movimientos apresurados.
Un día la dama de la ventana azul se asomó cuando ella estaba mirándola. Con su figura detrás de los cristales, justo en frente de ella, parecía que miraba fijamente a Soledad. Hasta que se fijó en sus ojos. Aquella dama miraba sin ver. Sus ojos aparecían perdidos detrás de esa transparencia azul y su mirada atravesaba el cuerpo de Soledad intentando buscar un punto imposible tras la otra ventana que había tras ella.
Reparó en que aquellos ojos no transmitían nada y en que su pelo, antes completamente negro, había comenzado a reflejar hilos plateados que no restaban elegancia a su conjunto.
Ambas se separaron de la ventana. Ninguna encontró lo que esperaba ver a través del cristal.
Los días se sucedían exactamente igual que siempre, entre observaciones embelesadas y movimientos parsimoniosos que huían de la prisa. Allí el tiempo carecía de importancia y tras la ventana azul, también.
Soledad nunca pudo retirar de sus pensamientos el vacío de aquellos ojos y la dama fue cambiando de aspecto ante la mirada indiferente de aquella luz azul que llenaba su mundo.
Sus cabellos fueron perdiendo su color original y ahora eran un manto blanco que cubría sus hombros, unos hombros que siempre aparecían un poco inclinados hacia delante.
Su vestido blanco atravesaba la transparencia de los cristales igual que siempre, su tela etérea no había perdido la sutilidad con el paso del tiempo, pero ahora, sus pliegues dejaban ver una piel aflojada por los años que ya no recordaba la tersura que había tenido antes de llenarse de arrugas.
Sus gestos habían pasado de ser distinguidos a mostrarse, simplemente, torpes.
Soledad ya no quería ser como ella. No quería tener la mirada perdida dentro de unos ojos vacíos. Ya no quería crecer y parecerse a la dama de la ventana azul.
Pero necesitaba decírselo. Sintió la urgencia de gritarle a aquella anciana que se había rendido y que la odiaba por dejarse morir de aquella manera. Necesitaba decirle que su admiración había desaparecido y que había malgastado todo su tiempo mirando a través de la ventana equivocada.
Golpeó con ambos puños el cristal de aquella ventana azul. Con todas sus fuerzas. Recreándose en el sonido que producía el cristal haciéndose añicos y perdiendo aquella transparencia azul que de pronto se había vuelto perturbadora.
Ya no quería parecerse a ella.
La ventana se había transformado en un simple panel de madera. Los trozos de aquella piel arrugada, los blancos cabellos y aquellos ojos vacíos, yacían en el suelo de su habitación multiplicados de una forma cruel y dolorosa. Y entonces, Soledad lo comprendió todo.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Muy bueno |
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04-11-2008 16:28 |
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Me ha encantado la idea y tu forma de llevarla al papel. Estos son los relatos más estremecedores, aquellos en los que la evidencia ha estado ahí desde un principio y, aun así, no hemos querido verla hasta llegado el final. Aquello que hace temblar los límites entre la locura y lo racional. Que en este caso es la diferencia entre lo que ve la protagonista y lo que ve el lector.
Lo dicho, muy bueno.
Un abrazos.
Tokrand
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Muy bonito |
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27-10-2008 12:50 |
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Un buen relato, de los que se leen con agrado y te dejan buen sabor de boca.
Enhorabuena
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Agradable sorpresa |
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10-10-2008 18:57 |
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El final me cogió completamente por sorpresa. Como dice Akhul, sí fui más o menos viendo venir la reflexión, el trasfondo, el mensaje del cuento. Pero no el desenlace, desde luego. Punto fuerte.
Lo demás muy correcto. ¿Demasiado? Pues igual, no sé, en realidad no se puede ser demasiado correcto. Sigues una estructura muy bien definida y todo está hecho tal y como debe. Se intuye un estilo personal (por cierto, a mí no me parece recargado), pero sólo se intuye. Quizá, por ponerle un pero, le falte ese punto que lo haga tuyo y de nadie más.
Muy bien, carajo.
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RE: Agradable sorpresa |
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11-10-2008 13:25 |
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Me encantaria que me explicaras lo de demasiado correcto, más que nada por corregir lo que no encaje con estos temas, porque como ya he dicho, me estoy estrenando en este tipo de relatos. Gracias por leerme.
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Clásico, pero estremecedor |
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18-09-2008 15:50 |
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Es uno de esos cuentos que disfrutas leyendo, aproximándote como la protagonista a ese desenlace que ya estás anticipando. Me ha dejado una sensación muy agradable. Gracias, compañera
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RE: Clásico, pero estremecedor |
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18-09-2008 21:53 |
Mil gracias por pasarte a comentar y lo de clásico es todo un piropo (yo suelo autodefinirme más como recargada jajaja)
Este es uno de mis "cuentos extraños" y que conste que he empezado a escribir sobre estos temas desde que frecuento esta página, me estais contagiando entre todos
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comentario |
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18-09-2008 20:30 |
¡Fantástico! El tema deltránsito hacia la muerte es clásico y sencillo pero siempre funciona igual de bien.
Gracias
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comentario |
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18-09-2008 20:30 |
¡Fantástico! El tema deltránsito hacia la muerte es clásico y sencillo pero siempre funciona igual de bien.
Gracias y espero más
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RE: comentario |
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18-09-2008 21:48 |
Esto... ¿tránsito hacia la muerte?.Me parece que me he explicado fatal  porque el texto no habla de muerte, pero en fin, me alegro igualmente de que te haya gustado.
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